30 documentales para ver en Mar del PlataEl Festival Internacional de Cine de Mar del Plata presenta alrededor de 300 películas. ¿Qué películas elegir para ir a ver?

Leer el catálogo de un festival de cine con más de 300 películas no es tarea sencilla. Ante la imposibilidad de verlo todo, hay que reducir la cantidad. En este listado, presentamos una selección de documentales pero también de films que presentan ese género al límite con la ficción.

Cabe aclarar que, a excepción de las retrospectivas o rescates, casi la totalidad de las películas del festival se estrenan en nuestro país y no fueron vistas por el equipo de Registro Documental. El recorte que hacemos está basado especialmente en el interés que generan algunos directores y en el recorrido por otros festivales internacionales.

1) Baronesa de Juliana Antunes.
Baronesa es un documental que nació a partir de una inquietud por descifrar los destinos de los colectivos que salían del centro de Belo Horizonte y se perdían por su periferia. En particular, uno que llevaba el mismo nombre de la directora: Juliana. Ese capricho fue el puente para chocarse con la poderosa semilla que gestó Baronesa, y conocer que dentro de esas construcciones a medio terminar vivían mujeres que no salían de sus hogares. La cámara se enamora de los improvisados salones de belleza donde las dos protagonistas, Leidiane y Andreia, matan el tiempo entre esmaltes de color. La película es el registro de seis meses de filmación, durante los cuales la directora y su equipo convivieron con un grupo de personajes que aspiran cocaína desde un celular y juegan con un chancho en el medio de la selva.

2) Ex Libris: New York Public Library de Frederick Wiseman.Wiseman - Ex Libris – New York Public Library 
Infatigable retratista de la realidad norteamericana, el octogenario Frederick Wiseman ahonda en su interés por diseccionar el funcionamiento de las instituciones. Ahora, el director de Titicut Follies descubre en los entresijos de la Biblioteca de Nueva York no solo un ejemplo de ética aplicada al servicio público sino, sobre todo, un punto de encuentro para las diferentes sensibilidades y realidades que forman el multiétnico tejido social de esa gran ciudad, en la que, por ejemplo, podemos encontrar a Elvis Costello y Patti Smith presentando sus proyectos literarios. Como ocurría en Boxing Gym, el retrato incisivo pero inevitablemente parcial que construye Wiseman deviene, hoy más que nunca, una suerte de utopía estadounidense, un discreto manifiesto sobre el valor del conocimiento como herramienta de progreso, y sobre la nobleza del compromiso individual con el bien común.

3) 12 jours de Raymond Depardon.
Bajo la ley francesa, en un plazo de doce días todas las personas que fueron ingresadas contra su voluntad en un hospital psiquiátrico deben tener una entrevista con un juez, que de acuerdo con la conversación que mantenga con el paciente y su historia clínica definirá si esa persona puede reinsertarse en la sociedad o deberá permanecer bajo observación. La instancia puede volverse tan fría e injusta como lo indica su premisa, y 12 jours pone el foco en las sensaciones e historias de vida que estos pacientes exponen en las entrevistas que atraviesan en un hospital de Lyon.

4) Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini.Ata tu arado a una estrella - Guarini
En 1997, a treinta años de la muerte del Che Guevara, Fernando Birri recorría América Latina con la simple y potente premisa de revisitar su figura, además de redescubrir en distintos testimonios el significado y la vigencia de las utopías. Carmen Guarini registró aquel rodaje (un material extraordinario con las apariciones de Ernesto Sábato, Osvaldo Bayer, Eduardo Galeano, León Ferrari y los habitantes de La Higuera) para seguir los pasos del director en Cuba (donde fundó la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños) e Italia (su país de residencia actual, donde realizó sus propios estudios de cine), y finalmente entrevistarlo en su hogar, donde demuestra que a los 92 años su lucidez y falta de solemnidad están intactas. En la confianza mutua que sostienen, Guarini y Birri se permiten un intercambio franco y agudo, que evita los lugares comunes y la autocomplacencia, y el documental señala con claridad un mérito clave en la carrera del realizador santafesino: no solo les brindó voz y espacio a las comunidades en los márgenes, sino que también procuró que esas comunidades produjeran sus propias expresiones.

5) Soldado de Manuel Abramovich.
El joven correntino Juan José González ingresa como voluntario al Regimiento de Infantería 1 Patricios, sin mayores objetivos que obtener un empleo seguro y poder satisfacer el deseo que su madre depositó en él. La rutina diaria del Ejército impone sus reglas y provoca la despersonalización de cada miembro, evocando constantemente epopeyas en duras lecciones y ejercicios de cara a conflictos que la fuerza no atraviesa hace décadas. Soldado retrata con prolijidad y precisión el trunco mutualismo entre un individuo que intenta cubrir sus necesidades y los ritos anacrónicos que adopta para poder atenderlas, mientras devela paulatinamente las capas de su personalidad y las sensaciones que asoman en silencio pero con fuerza.

6) Piazza Vittorio de Abel Ferrara.
Abel Ferrara nació en el Bronx neoyorquino, pero estuvo ligado desde siempre a Italia y a los italianos. Tras Napoli, Napoli, Napoli y Pasolini, filmó Piazza Vittorio, pintoresco registro sobre la historia y el presente de la plaza más grande, populosa y cosmopolita de Roma. Un barrio caótico, un poco roñoso, que fue elegido por el propio director y su amigo Willem Dafoe (ambos aparecen en pantalla) para vivir. La zona es un modelo de convivencia multiétnica y religiosa, ya que está llena de africanos, de indios y paquistaníes, de latinoamericanos, de chinos e inmigrantes de muchas otras regiones. Por supuesto, no faltan los italianos que se quejan de la “invasión extranjera”, pero a su vez disfrutan de la comida, la música, las costumbres y los trabajos (que ellos mismos no quieren hacer) que aportan los extranjeros.

7) El teatro de la desaparición de Adrián Villar Rojas.
Desde que apareció en 2003 como la nueva gran promesa del circuito del arte argentino, el rosarino Adrián Villar Rojas trazó una carrera espectacular que tuvo como último techo El teatro de la desaparición, la instalación que llevó a cabo en el Roof Garden del MET, en Nueva York. Suerte de extensión de aquella, la película del mismo nombre es una trilogía de segmentos independientes entre sí en los que, a partir de diferentes elementos narrativos, se disparan estímulos que reflexionan sobre la naturaleza destructiva del ser humano y su relación con el planeta.

8) Mrs. Fang de Wang Bing.Mrs. Fang
La lenta y segura muerte de la mujer que da título a la película –una sexagenaria con Alzheimer terminal– es el eje que mueve a este nuevo documental de Wang Bing, ganador del Leopardo de Oro en Locarno. Pero su larga y casi escalofriante estancia en una cama es apenas el centro del mundo que Wang explora. A través de su rostro, que parece extrañamente acusatorio o asombrado por lo que lo rodea, vemos a la que parece ser su extendida familia hablar sobre su estado y observarla, sin que la figura de un médico aparezca, esperando la llegada de la muerte. Ese coro de observadores sigue también con sus cosas, y para Wang esa relación entre la vida y la muerte en un mismo espacio es lo que importa: observar cómo las miserables condiciones económicas de los protagonistas no les permite hacer otra cosa que mirar a la Señora Fang y continuar trabajando para sobrevivir, mientras ella, de a poco, se extingue de manera inevitable y brutal.

9) Visages, villages de Agnés Varda y JR.Visages, villages
Recorriendo la campiña francesa en una camioneta transformada en un laboratorio fotográfico improvisado, Agnès Varda y el artista callejero conocido como JR se dedican a tomar fotos de personas cuyos rostros no se ven habitualmente en cine. Obreros, ex mineros, mucamas, todos se ofrecen a que sus facciones sean impresas en gigantescas fotografías que forman collages en paredes y fachadas. En su primera película codirigida, Varda se dedica a explorar Francia y su propia vida, en un periplo que incluye visitas a ex amigos de la Nouvelle Vague, una cita tensa con Godard, tumbas célebres, y hasta la centogenaria abuela de JR.

10) Estoy acá (Mangui Fi) de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik.
Para Ababacar y Mbaye –dos inmigrantes senegaleses que se conocieron y entablaron una gran amistad en Buenos Aires–, el desafío va más allá de adaptarse a las costumbres y condiciones de vida en Argentina, o de lidiar con la indiferencia y el racismo que sufren cotidianamente: ambos llegaron a una instancia de sus vidas en la que deben definir un rumbo, y a su vez aceptar que sus identidades y necesidades se volvieron más complejas. La decisión de dejar su país estuvo impulsada por el objetivo urgente de sostener económicamente a sus familias, pero la estadía en Buenos Aires los cruzó con nuevas personas, nuevas maneras de ver las cosas, y hasta una situación económica distinta de aquella que encontraron a su llegada.

11) El venerable W. de Barbet Schroeder.
Wirathu es un maestro budista birmano que asegura defender “la protección de la raza y de la religión” en nombre de la cultura y la identidad. Barbet Schroeder lo elige como personaje central para cerrar su “trilogía del mal”, iniciada con General Idi Amin Dada (1974) y continuada por El abogado del terror (2007), demostrando que su antihéroe es un personaje mucho más complejo y peligroso de lo que aparenta. Le Vénérable W. va detrás de la pregunta sobre cómo una comunidad históricamente pacífica puede contener a un individuo de ribetes tan diabólicos. Mediante el uso de archivos, Schroeder investiga su historia y rastrea numerosas muestras de racismo cotidiano y de una maldad insólita y calculada (reuniones secretas, boicots políticos, planes perversos) que dan cuenta de una política de represión, violencia y destrucción.

12) Chaco de Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini.Chaco - Incalcaterra
Danièle Incalcaterra, codirector de Chaco junto con la suiza Fausta Quattrini, ha estado involucrado desde hace años en una tarea aparentemente imposible: devolver a los nativos guaraníes ñandevas 5000 hectáreas de bosque paraguayo que heredó de su padre, quien a su vez recibió esas tierras como una cesión del General Stroessner durante la dictadura en Paraguay. Nunca estuvo en los planes del director explotar en su beneficio esas tierras pero, tras recibirlas, una idea germinó en él: el sueño de convertir esta tierra en una reserva natural, con un observatorio científico junto a los nativos. La llamó Arcadia, y la convirtió en el lugar de su utopía personal.

13) Primas de Laura Bari.
Primas es, primero, un retrato de dos chicas unidas por el vínculo familiar del título, Rocío y Aldana. Pero estas dos adolescentes argentinas, además, comparten la carga de haber sufrido actos horribles de violencia que interrumpieron sus infancias. Entre conversaciones y paseos, se liberarán de las sombras de un pasado repleto de abusos. Un relato sucede al otro, y en esas palabras el presente se abre por completo a las heridas de otro tiempo, a un espanto que chocó de frente con sus vidas cambiándolas para siempre. Pero sus vidas no les pertenecen a sus agresores, ni a los comentaristas ni a los que suponen. El relato es propio de cada una de ellas, que reconocen la maldad y el horror en sus cuerpos, lo miran de frente y lo desafían. Con el objetivo de visitar a su tía, viajan de Argentina a Montreal, vislumbran su llegada a la adultez y movilizan sus vidas cotidianas. Danza, teatro y expresiones corporales son herramientas para el relato, uno que pasa a través de sus cuerpos para construir una perspectiva única, dolorosa, donde la resiliencia le hace frente a la crueldad.

14) Lumiére! L’aventure commence de Thierry Frémaux.
Los hermanos Lumière han sido universalmente considerados los padres del cine: su primera serie de películas de un solo plano y de menos de un minuto marcaron el primer paso de una revolución artística. Pero pocos espectadores hoy tienen idea de lo increíbles que son estas películas. Ahora, en un programa que sirve de ejemplo del enorme esfuerzo de Thierry, copias recientemente restauradas de decenas de estas obras maestras pueden apreciarse de la manera en que fueron concebidas. Estas joyas breves contienen todas las características del cine: risas, lágrimas, espectáculo, sorpresas e imágenes imponentes. ¿Son documentales? Sí pero, como Godard señaló hace años, es restrictivo pensar en ellas como solamente eso, ya que mucho del mundo que registraron de forma tan fiel es hoy tan remoto para nosotros que parece de ciencia ficción. O, como dice André Bazin, estas películas nos dan acceso a una emoción que nunca antes había existido: una nostalgia que no es la nuestra.

15) Il monte delle formiche de Riccardo Palladino
Estamos en un área pequeña de los Apeninos donde cada año llegan enjambres de hormigas voladoras desde Italia y el centro de Europa para aparearse y morir. Se unen al igual que las voces que recitan textos de Goethe, Emery, Braibanti y Maeterlinck aparecen en la película: no por casualidad, sino porque todos ellos fueron mirmecólogos que, en el estudio de los insectos, encontraron una manera de pensar el ciclo universal de la vida y la muerte.

16) Napalm de Claude Lanzman.Napalm
Claude Lanzmann visita Corea del Norte por tercera vez, y recuerda un episodio de su primer viaje, cuando en 1958 integró una delegación de intelectuales cercana al Partido Comunista Francés (Chris Marker era parte de ella). Durante esa estadía, Lanzmann se enamoró de una enfermera, pero la relación transcurrió bajo estricta vigilancia del régimen. A los noventa años, el realizador lo cuenta casi con las palabras exactas de La liebre de la Patagonia, su autobiografía publicada en 2009. Sin embargo, no es lo mismo leer la historia que ver a Lanzmann repetirla con el anhelo de un viejo que revive la urgencia y los matices del erotismo. Pero hay una vuelta más (y Lanzmann se encarga de repetirlo): está haciendo cine. Es decir, está interpretando a un anciano parecido a sí mismo que recupera un momento dorado de su juventud.

17) El mar la mar de J. P. Sniadecki.
El Desierto de Sonora abarca la frontera entre Estados Unidos y México. Son mesetas hermosas pero severas, vastas y áridas, interrumpidas por montañas escarpadas. La tierra es seca, llena de rocas, y solo soporta césped, matorrales y cactus. El terreno es hostil, pero igualmente pasan por él todo tipo de cosas: cables de electricidad, sistemas climáticos, trenes, murciélagos, ondas electromagnéticas, helicópteros, cercas, gente. Algunas de estas cosas se ven y otras solo se oyen, emergiendo del acople que lleva el viento o en las voces en off que hablan de cruces de frontera, resistencia, sufrimiento; todo deja rastros. El hecho de mirar cómo cada vez más facetas del paisaje son escarbadas y acumuladas es un proceso similar a la inmersión.

18) Entre Perón y mi padre de Blas Eloy Martínez
“Yo competí con Perón por la atención de mi padre”. Además de Blas Martínez, no hay mucha gente que pueda decir esta frase y que sea cierta: el hijo del periodista y escritor Tomás Eloy Martínez narra la relación con su padre a partir de su vínculo con el peronismo y las consecuencias que eso le trajo al autor de La novela de Perón y Santa Evita, que incluyeron el exilio y una paternidad a distancia. Según el escritor, la historia siempre envidió a la novela, porque esta última puede cubrir con su ficción todos los agujeros que la historia no puede evitar. Y Blas decide, también, rellenar los huecos de la historia con su padre recurriendo a materiales de otro orden. Así, mientras oímos a Perón desde las cintas originales de su histórica entrevista con Martínez en Puerta de Hierro, el relato familiar del director se nutre de escenas de películas viejas y home movies, en un patch work en el que Buster Keaton y Humphrey Bogart se mezclan con José López Rega, cuya voz emerge detrás de la de Perón, como un tenebroso villano del cine clásico.

19) Pabellón 4 de Diego Gachassín.Pabellon 4
Alberto Sarlo, abogado y escritor de La Plata, intenta un proyecto utópico: enseñarles filosofía, literatura y boxeo a 52 presos del Pabellón 4 de una cárcel de máxima seguridad ubicada en Florencio Varela, en el conurbano bonaerense. Los internos hablan de Hegel, de Sartre, de Dostoievski, del superhombre, y escriben cuentos en los que desnudan su alma y cuentan partes de sus experiencias tumberas. La filosofía los ayuda a repensar sus vidas, sus destinos y las decisiones tomadas. Carlos “Kongo” Mena, un preso que acaba de salir en libertad, vuelve a la cárcel como ayudante de Sarlo, dando su visión desde un lugar más cercano a la realidad de los otros internos. Alberto logra que Carlos sea el primer ex presidiario contratado para enseñar en las cárceles bonaerenses. Para muchos de ellos es la viva imagen de que la redención es posible.

20) Good Luck de Ben Russell.
El último trabajo de Ben Russell registra de manera inmersiva el sacrificio y la alienación cotidiana de los trabajadores de dos minas: una ubicada en Serbia, 400 metros por debajo del suelo y administrada por el Estado, y otra que opera a cielo abierto en Surinam, de manera ilegal. Las extensas tomas y planos consiguen quebrar la pasividad del espectador sin recurrir a subrayar lo evidente de cada realidad, optando por respaldarse en su contundencia formal para transmitir el esfuerzo físico junto a aquellos momentos en los que la fraternidad y la esperanza logran imponerse, entre la hostilidad habitual de ambos entornos. Aludiendo constantemente a los contrastes (naturales, sociales y narrativos), el documental imita la tarea monumental y paciente de los sujetos que observa, incluyendo los planos fijos que ellos mismos pueden decidir cuándo cortar.

21) La nostalgia del centauro de Nicolas Torchinsky.La nostalgia del centauro
En algún lugar recóndito de los cerros tucumanos viven Alba y Juan, una pareja de ancianos que responden a valores y costumbres de una tradición gauchesca que los trasciende. A esta altura de la vida, ya se han dicho todo, y el eco de sus voces resuena solo para dar órdenes a sus cabras o para repetir de memoria un sinfín de rimas antiguas del imaginario rural. La nostalgia del centauro espía los días y las noches de esa vida taciturna, examina algunas particularidades (la relación entre el gaucho y los caballos), mientras captura la esencia de esa calma en cuadros bucólicos de una espectacularidad única.

22) Also known as Jihadi de Éric Baudelaire
En 1969, el director japonés de vanguardia Masao Adachi dirigió A.K.A. Serial Killer, el retrato del asesino serial de 19 años Noro Nagayama que ilustra la “teoría del paisaje” de Adachi, el cual reza que, cuando un paisaje está bien descripto y filmado con oficio, puede revelar las estructuras de opresión que le dieron forma y que sigue transmitiendo. La famosa ópera prima de Éric Baudelaire fue sobre Adachi, pero el tema del paisaje atrapado en medio de su doble status –como un enigma silencioso y un texto a descifrar– también impulsa sus otras películas y su trabajo fotográfico. Aquí, Baudelaire se apropia del método “paisaje” y lo aplica a un joven jihadista francés. Haciendo uso de documentos legales, la película retrata la vida de un joven nacido en Vitry. La cámara filma el hospital donde nació, luego el colegio secundario al que asistió, su universidad, su lugar de trabajo, luego su viaje a Egipto, Turquía y, finalmente, el camino hacia Alepo, donde se unió al frente de AlNusra en 2012.

23) The dead nation de Radu Jude.
The Dead Nation es un ensayo documental que muestra la impresionante colección de imágenes tomadas por el fotógrafo Costica Axinte en una pequeña ciudad rumana durante los años 1930 y 1940. La banda sonora, compuesta sobre todo por extractos del diario de un médico judío de la misma época, nos dice de qué tratan realmente las fotografías: el surgimiento del antisemitismo y, finalmente, una desgarradora descripción del Holocausto rumano, un tema que rara vez se habla en la sociedad rumana contemporánea.

24) Años Luz de Manuel Abramovich.Años luz - Abramovich.fw
Si esperamos casi una década por la vuelta de Lucrecia Martel, lo mínimo que podíamos obtener era más que “apenas” una película (las comillas son, claro, porque esa película es Zama, una obra maestra y probablemente una de las mejores películas en la historia del cine argentino). Zama trajo con ella un diario de rodaje escrito por Selva Almada –El mono en el remolino– y este documental de Manuel Abramovich, que como un intruso sonoro capturó el meticuloso trabajo de la directora salteña y la cálida, humana y divertida precisión con la que ajusta cada detalle que sucede en los planos de su película. “Yo estoy a años luz de poder ser la protagonista de una película”, le dice Martel a Abramovich cuando este le plantea por mail su idea de un documental que la tenga a ella como personaje principal. Lo que dice la directora es, en parte, cierto: Martel está a años luz. Del resto.

25) Córdoba sinfonía urbana de Polo Obligado, Daniela Goldes, Antonio Moro, Natalia Comello, Manuel Torrado, Martín Álvarez, Micaela Conti y Germán Scelso.
Córdoba sinfonía urbana se inscribe en el género del relato poético y político. Construye un retrato de la ciudad de Córdoba, tejido alrededor del cauce del río que la atraviesa de punta a punta. El río Suquía, ese que luchó por recuperar su nombre original en el poema de Arturo Capdevilla, al cruzar el corazón de la urbe experimenta un proceso de contaminación al ritmo que suceden diversos acontecimientos. Algunos mínimos y cotidianos, otros de agitada revuelta social, cargan las aguas con todo tipo de impurezas y tensiones. La película fue realizada de manera colectiva, con ocho directores sumando miradas en el marco del taller Retratos 01, dictado en el Cineclub Municipal Hugo del Carril y coordinado por Germán Scelso.

26) El volcán adorado de Fernando Krapp.
El 26 de febrero de 1999 un grupo de estadounidenses, peruanos y argentinos emprendieron una expedición en Salta para cristalizar uno de los descubrimientos más significativos de la historia argentina: en la cumbre del volcán Llullaillaco, a 6700 metros de altura sobre el nivel del mar, hallaron los cuerpos de tres niños perfectamente conservados por el frío. Ese tesoro arqueológico hoy se exhibe en el Museo de Arqueología de Alta Montaña. Christian Vitry, el protagonista de El volcán adorado, fue uno de los líderes de aquella misión. El especialista en geografía y ciencias biológicas se propone un nuevo desafío: subir hasta la cumbre para develar la temperatura de los cuerpos incas. El segundo documental dirigido por Fernando Krapp (codirector de Beatriz Portinari. Un documental sobre Aurora Venturini) enmarca de cerca el proceso de preparación de Vitry, entre charlas informativas y humanas con la comunidad kolla, quienes deben darle el permiso para emprender su ascenso en la zona, y relatos personales que hacen de esta historia un verdadero diario de viaje.

27) Did you wonder who fired the gun? de Travis Wilkerson.
Conocido por ser uno de los cineastas que han asumido de forma más clara que la vanguardia formal no puede serlo si no es también una vanguardia política (y que lo contrario es puro gesto vacío), Travis Wilkerson abandona la voz ficticia de sus películas anteriores para abordar una historia profundamente personal: la investigación en primera persona del legado de su abuelo, un supremacista blanco que vivió toda su vida bajo la sombra de haber asesinado, a sangre fría y sin haber pagado por ello, a un hombre negro. Rodada en pleno apogeo de las políticas extremistas y racistas de Donald Trump y quienes le siguen el juego, y realizada adaptando una performance del propio Wilkerson, Did You Wonder Who Fired the Gun? es una road movie con tintes de terror que avanza por el lado más oscuro del presente norteamericano y el legado latente de racismo, desigualdad y violencia.

28) Pirika on Film de Želimir Žilnik.
Zelimir Zilnik conoció a Pirika Capko, una chica de la calle, mientras filmaba Little Pioneers. Luego, la incluyó en el elenco de Early Works como la hermana del personaje principal. Cuarenta y cinco años después, se la encontró en la calle e hizo una película entera sobre ella. Pirika on Film es una prueba concluyente del nivel de prudencia y tacto con el que Zilnik trata a sus personajes. Alimentadas por la duda, sus películas permiten que los antagonistas hablen las cosas o se peleen por ellas, y evitan postular Verdades con V mayúscula u ofrecer soluciones fáciles.

29) 78/52 de Alexandre O. Philippe.78 52 de Alexandre Philippe
Enredados en interminables discusiones sobre el daño que causa la revelación prematura del final de un argumento, a veces olvidamos imaginar qué habrán sentido los espectadores en 1960, cuando Psicosis de Alfred Hitchcock emprendía la dedicada y paciente descripción de una secretaria que sería asesinada a los 40 minutos de la película, reinventando para siempre las posibilidades de aterrar al espectador. 78/52 indaga de manera obsesiva en las motivaciones, virtudes técnicas, influencias y antecedentes de la icónica escena de la ducha –aquella que necesitó de 78 planos, 52 cortes y una semana de rodaje para hacerse realidad–, y para eso recurre a una batería inmejorable de testimonios y opiniones (desde Peter Bogdanovich y Jamie Lee Curtis hasta Marli Renfro, doble de cuerpo de Janet Leigh) que recorren todas las aristas del momento más punzante de la historia del cine.

30) La suave noche de Luz Rapoport y Sofía Bordenave.
El largometraje de Rapoport-Bordenave tatúa sobre el plano la relación que tiene Juan Carmona, un alercero que vive en la cordillera, con la generosidad de la naturaleza. A través de su quebrada voz, y de las melodías que tararean las hojas sacudidas por el viento, la película nos envuelve en un espacio sin piso ni techo, invitándonos a flotar en los recuerdos fuera de foco de un marisquero.

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