Actores, ilusionistas y directoresEl primer largometraje de Manuel Abramovich, "Solar", indaga respecto a los límites difusos de la figura del autor, los procesos de producción discursiva y los conflictos de la familia Cabobianco respecto a la publicación de un libro.

Eran los inicios de los años ‘90. La televisión a color ya era un artefacto que acompañaba masivamente a las familias argentinas. Juan Alberto Badía, Susana Giménez, Graciela Alfano y Andrés Perciavalle, entre otros, tenían su espacio en la pantalla chica y por allí desfilaban personajes de todo tipo. En esos estudios, Flavio Cabobianco –un niño de apenas 10 años- presentó un libro de su autoría, Vengo del sol, en el que relataba una experiencia previa a su vida terrenal exhibiendo las sensaciones de aquel paso.

Luego de veinte años de aquellas efímeras apariciones televisivas, podría emerger una pregunta: ¿Quién es, en la actualidad, aquel niño? El director, Manuel Abramovich, intenta indagar al respecto mediante la realización de Solar, su primer largometraje. Podría hacerle una entrevista a él o, incluso, podría dialogar con personas cercanas a su entorno familiar y profesional para dar una idea certera de su estado actual. Sin embargo, Abramovich descarta estas ideas que rozan las formas televisivas y permite explorar nuevos interrogantes.

En “Jargons of Authenticity (Three American Moments)”, Paul Arthur inscribió al film de Ross McElwee, Sherman’s March, dentro de una estética del fracaso en donde el director afirma no haber logrado lo que quería inicialmente. Del mismo modo, Abramovich al final de Solar dirá, en diálogo con su protagonista, que su idea era totalmente diferente a lo que terminó siendo la película. “El libro era un tema que parecía delicado al interior de la familia. Mi idea era hacer una película sobre ese conflicto familiar, como para que hagan una especie de catarsis sobre cómo les afectó a cada uno aquel libro y ver qué pasaba en esa familia 20 años después de su publicación”, aclara el director respecto a su proyecto inicial.

¿Qué quedó de esa idea? En principio, los protagonistas y el conflicto familiar: Abramovich logró acceder con su pequeño equipo de producción al interior del trío compuesto por Flavio Cabobianco, su hermano mayor –Marcos- y su madre. A lo largo del film, el director podrá ponerlos en el mismo escenario por la ocasión de la reedición del libro y allí se podrán observar los conflictos latentes: Marcos muestra cierta reticencia respecto a la veracidad del libro, mientras la madre defiende la historia con tenacidad y Flavio da cuenta de la imposibilidad de cualquier discurso que se concibe como verdadero. De esta manera, Solar no sólo permite acceder a este conflicto sino que, además, reflexiona en torno a la mirada de un observador –Abramovich- que, sin conocer la dinámica familiar que arrastran de toda su vida decide registrarla como si su sola presencia no cambiara nada de lo que sucede, echando por tierra la teoría de la mosca en la pared.

Dado que aquel libro ocultaba sus procesos de edición, presentando como verdades irrefutables diálogos que posiblemente habían pasado por las manos de distintos correctores, la película no podía cometer la misma deshonestidad intelectual. “Mediante charlas con Flavio que podían durar como cuatro horas entendí que la película debía cambiar. Empezamos a mostrar el artificio para dar cuenta de las costuras de la película”, recuerda el director. Así, el film exhibe de diferentes formas sus procesos de construcción discursiva: se muestran las cámaras, los equipos de sonido y quienes los manejan; se deja el sonido ‘sucio’ de las filmaciones realizadas con una Go Pro; el director da órdenes a sus personajes sobre lo que busca en cada escena; se exhibe un posible montaje de algunas grabaciones.

Con la muestra del artificio, Solar presenta un doble juego: por un lado, nos recuerda constantemente que lo que vemos no es la realidad en sí sino una construcción audiovisual; por otra parte, presenta una relación aparentemente conflictiva entre realizador y personaje hasta el límite de intercambiar los roles y dar cuenta del carácter difuso del autor de una obra. Si varios planos fueron registrados por Flavio y aceptamos que él introdujo la idea de mostrar las ‘costuras’ de la película, ¿quién es su autor? Si bien es Abramovich quien le da una cámara para que se filme, este no decide el encuadre ni lo que sucede frente a cámara. No obstante, será él quien seleccione en el montaje qué grabaciones incluirá y en qué orden para darle sentido al film. “Me interesa un cine que permita múltiples miradas, que no puedas decir fácilmente de qué trata la película sino que salgas de la sala pensando o, al menos, con algunas dudas”, destaca Abramovich.

En la primera secuencia de Solar, que incluye distintos fragmentos filmados por Flavio con una Go Pro, exhibe un particular interés por los procesos de construcción que tendrá la película. “Esto seguramente lo pondrá en el documental porque le interesa todo lo relacionado con la reedición del libro”, le dice a su editora checa en un intento por adivinar qué seleccionará Abramovich de todo aquello que filma. Con el correr de la película, Flavio irá ampliando su campo de interés: ya no querrá ser un mero objeto de selección sino que intentará aprender el oficio del cine –con una preocupación especial por hacer bien foco- hasta convertirse en el director del documental que lo tenía como protagonista. De esta manera, será Abramovich quien se someta ahora a las órdenes del nuevo director.

A diferencia de Soldado y La reina, Abramovich pareciera no usar tanto el fuera de campo en Solar. Sin embargo, es un concepto en el que piensa constantemente: “En mi cine todo está fuera de campo. Me interesa eso porque pienso que la realidad no puede ser capturada tal cual es. Siempre hay algo que no está. Entonces es como que le doy pistas al espectador sobre algo que él tiene que terminar de construir. Ahí, en el encuentro con el espectador, es cuando la película se cierra”.

 

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