Al otro lado del marDel 10 al 17 de noviembre se desarrollará la 33° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Aquí, un repaso por su programación.

Bajo la dirección artística de Cecilia Barrionuevo, la anunciada programación de la 33° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata promete. Para la comunidad cinéfila en general, la atención quizás se desvíe hacia los principales invitados (Jean-Pierre Léaud, Léos Carax y Pierre Richard) pero no es lo único que se ofrece. Aquí, les proponemos un recorrido por el catálogo repasando cineastas reconocidos y películas que llegan con la legitimación de otros festivales (signifique eso lo que signifique), haciendo foco sobre el cine de lo real.

El regreso de Carlos Echeverría, luego de casi una década de Querida Mara, cartas de un viaje por la Patagonia, figura dentro de lo más destacado para el documentalismo local. Su nueva película, Chubut, libertad y tierra, formará parte de la Competencia Latinoamericana donde también participará la nueva obra de Gastón Solnicki, seleccionada en Venecia y el Festival de Nueva York. También competirán en esta sección Bixa Travesty, que tuvo su estreno en la Berlinale, y Las Cruces, film que formó parte de la Competencia Internacional del FID Marseille.

Por su parte, Martín Farina vuelve al Festival, esta vez dentro de una sección competitiva, con El lugar de la desaparición, una especie de continuación de Cuentos de chacales. Luego de coordinar la dirección en Córdoba, sinfonía urbana, Germán Scelso -esta vez junto a Federico Robles- presenta su nuevo trabajo, El hijo del cazador, que participará de la Competencia Argentina junto a la nueva obra de Georgina Barreiro, La huella de Tara.

En esta edición, la sección Estados Alterados se convirtió en competitiva y, entre otras, fueron seleccionadas películas que pasaron por el Visions du reél como Casanovagen de Luise Donschen y Cittá Giardino de Marco Piccarreda. Además, en esta competencia, figuran dos que tuvieron su paso por el Cinema du reél, Lembro mais dos corvos de Gustavo Vinagre y Terra franca de Leonor Teles. De ese reconocido festival, también participó John McEnroe: L’Empire de la Perfection que tendrá su lugar en la sección Nuevos Autores junto a la recientemente ganadora del FIC Valdivia, Still Recording, ópera prima de Ghiath Ayoub y Saeed Al Batal. En la misma sección, participarán El silencio de otros que tuvo su paso por la Berlinale y Flesh Memory de previa aparición en el FID Marseille.

Por último, cabe destacar que dentro de la sección Autores podrán verse los nuevos trabajos de Wang Bing, Frederick Wiseman, Corneliu Porumboiu y Sergei Loznitsa. Además, el festival le dedicará una retrospectiva a la directora colombiana Laura Huertas Millán entre las que figuran La libertad y Sol negro. Aunque con tres días menos de los anunciados, debido principalmente a la devaluación, el Festival parece sortear la tormenta y confirmar la importancia de su realización.

A continuación, una lista con películas del cine de lo real y algunas palabras extraídas del catálogo del Festival:

Competencia Internacional

Cassandro el Exótico!, de Marie Losier [Francia]
Cassandro irrumpió en la lucha libre en los años 80 y causó una revolución en el ring, para demostrar que lo diverso también es intenso. Nacido en la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, este futuro deportista/artista de 1,60 metros de altura encontró en la lucha libre no solo una disciplina para reparar su difícil infancia, sino también una manera de mostrarle al mundo que ser gay no es sinónimo de fragilidad. Envuelto en seda y glitter, Cassandro el Exótico (con ese adjetivo llaman en México a los luchadores queer) lleva 27 años de carrera con varios títulos obtenidos y una colección de huesos rotos.

Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta [España]
Diez años pasaron desde La leyenda del tiempo, la película en la que Isaki Lacuesta ponía en escena a dos hermanos gitanos de 13 y 14 años en un momento traumático de sus vidas, a poco de morir su padre, en el que fue un acercamiento a una realidad que el cine suele esquivar –las vidas marginadas del sur de la península, en San Fernando, Cádiz–, y un homenaje a la figura de Camarón de la Isla (referido en el título del film). Como Richard Linklater en Boyhood o François Truffaut con el personaje de Antoine Doinel, Lacuesta retoma tiempo después el contacto con Isra y Cheíto, aquellos protagonistas que crecieron de acuerdo con las marcas de los que no tienen elección: mientras uno ingresó a la Armada en busca de estabilidad, el otro intenta evitar, sin suerte, volver a traficar droga en la isla. Entre dos aguas es, además de otro homenaje a la música flamenca (un disco mítico de Paco de Lucía), una exploración en la que el documental y la ficción se resignifican en una experiencia física y conmovedora.

What You Gonna Do When The World´s on Fire, de Roberto Minervini [Italia, Estados Unidos, Francia]
Judy intenta mantener a su familia a flote mientras debe lidiar con el inminente cierre de su bar y el desalojo de su madre de 87 años, resultado de la brutal gentrification de los barrios tradicionalmente negros. Ronaldo y Titus intentan encontrarles sentido a las enseñanzas de su madre mientras esperan la liberación del padre de Ronaldo, que está en la cárcel. El grupo revolucionario de las Panteras Negras lucha por descubrir la verdad detrás de los asesinatos raciales en el sur, y montan una manifestación para protestar contra la violencia policial. Es verano de 2017, y una serie de asesinatos brutales de jóvenes afroamericanos por parte de la policía ha alterado a todo el país. El director de The Other Side entrega una meditación feroz acerca del racismo en Estados Unidos a través de una comunidad negra que intenta lidiar con los efectos persistentes del pasado y encontrar su lugar en un país que no está del lado de ellos.

Competencia Latinoamericana

Bixa Travesty, de C. Priscilla, K. Goifman [Brasil]
Al concebir el propio cuerpo como un arma nuclear, Linn da Quebrada, cantante, performer y activista trans brasileña que pisa prejuicios con sus botas de cuero, despertó la atención de su país cuando, a través de un crowdfunding, sacó su primer disco, Pajubá, un discurso político hecho música que critica a una sociedad machista regida por las normas del heteropatriarcado. Intentando revolucionar el mundo a través de sus canciones furiosas, Linn comparte entre estribillos el encuentro con su identidad de género, mientras grita con voz fluorescente que el sexo es enemigo de los tabúes. Bixa travesty

Introduzione all´oscuro, de Gastón Solnicki [Argentina, Austria]
Lo que comienza como una situación emocional introvertida (la amistad entre dos personas y la tristeza de una pérdida) se transforma en una historia universal a partir de imágenes que despiertan los sentimientos dormidos del espectador. Solnicki convierte a su cámara en un pincel que pinta grandes paisajes urbanos. Postales en movimiento de una ciudad viva que para el cineasta tiene una ausencia demasiado grande: Hans Hurch, el director artístico de la Viennale durante dos décadas, que falleció en julio de 2017 a sus 64 años y con quien Solnicki entabló un cercano vínculo desde su primera película, süden (2008). Hans ocupaba el rol de testigo y cómplice de la carrera cinematográfica del director, que recorre Viena entre recuerdos buscando a su amigo en cada objeto, reviviéndolo a través de lo que más le gustaba: el cine.

Las cruces, de T. Arredondo Lugon, C. Vásquez Méndez [Chile]
Una de las principales características del cine es el poder de documentar y dejar testimonio. Los directores Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez viajan al pasado, específicamente a septiembre de 1973, a pocos días del golpe de Estado en Chile. Allí, 19 trabajadores de una papelera que habían participado en una protesta sindical fueron desaparecidos. En forma de documental atípico, la historia se narra a través de legajos recitados –tan potentes que toman toda la pantalla–, en los que cada palabra genera tantos sentidos posibles como misterios que deja sin revelar. Luego de 40 años sin saber el paradero de estas personas, un policía decidió hablar por primera vez, y confesó qué sucedió y quiénes fueron los responsables de la llamada Masacre de Laja y San Rosendo. Las cruces recorre, a través de imágenes de distinto carácter y con diferentes timbres de voz, el hilo de la investigación a partir de fotografías y verdades encajonadas.

Para la guerra, de Francisco Marise [Argentina, España, Portugal, Panamá]
Películas sobre la guerra hay muchas, pero la ópera prima de Francisco Marise se aparta de los mandatos del cine bélico para construir un relato poético que expone un combate mental, donde las bombas estallan dentro del personaje y no a su alrededor. Andrés es un veterano cubano de las fuerzas especiales que participó en la expedición a Nicaragua de 1983, y pasa sus días practicando ejercicios de combate cuerpo a cuerpo y de técnicas de camuflaje. Un entrenamiento sin fin que lo mantiene en estado de alerta entre la naturaleza salvaje del bosque y su refugio solitario. No hay disparos ni manchas de sangre a la vista, pero el dolor del protagonista se evidencia cada vez que llama por teléfono a casas desconocidas, tratando de hallar a sus compañeros de misión que sobrevivieron junto a él hace 30 años. Mientras lidia con la frustración y el exceso de sabiduría, mira videos caseros que lo trasladan al pasado, preguntándose en silencio en qué año vive realmente su cuerpo marcado por la historia.

Chubut, libertad y tierra, de Carlos Echeverría [Argentina]
¿Hasta qué punto llegó la influencia de los capitales extranjeros en detrimento de las vidas de las comunidades originarias y campesinas de la Patagonia? ¿Desde qué época se producen los atropellos, las injusticias, las persecuciones y los asesinatos? ¿Cómo fue que los sucesivos gobiernos lo permitieron? Nahue y Fernanda recorren el oeste de la provincia de Chubut, desentrañando las problemáticas que relatan los mismos afectados, exponiendo las narrativas oficiales y siguiendo la historia de Juan Carlos Espina –médico en la región y diputado nacional por la Unión Cívica Radical Intransigente–, que durante el gobierno de Frondizi forjó un movimiento político y social para obtener una reforma agraria, contra los intereses privados y su connivencia por parte del Estado. El cine siempre contundente de Carlos Echeverría corre el velo sobre una estructura demasiado compleja y asentada en el tiempo, y describe el esfuerzo de quienes se enfrentan a ella para poder vivir dignamente.

Competencia Argentina

Construcciones, de Fernando Martín Restelli [Argentina, Qatar]
Retrato íntimo como pocos, este documental –que podría pasar perfectamente como ficción– sobre trabajadores de la construcción en la ciudad cordobesa de La Calera utiliza un recurso fugaz pero magistral para establecer desde el comienzo una cercanía con sus personajes: a pocos minutos de empezar, vemos por primera vez a Juampi, el pequeño hijo de Pedro, el protagonista. Juampi está solo jugando a la pelota, tan entretenido que prácticamente ignora a su padre, quien acaba de llegar. En un momento, la pelota se va hacia donde está la cámara, Juampi le pide al camarógrafo que le pase la pelota y el camarógrafo se la pasa. Es el único momento de interacción entre la cámara y los protagonistas, pero el vínculo que se forma entre ambos es tal que se vuelve crucial para lo que vamos a ver después: una serie de momentos en la vida de estos personajes que Fernando Restelli registra alternando planos fijos y bien compuestos con otros más sucios y austeros, filmados con cámara en mano. Así es como nos deja con Juampi, un manojo de energía y vitalidad, y uno de los grandes personajes de esta edición del Festival.

El hijo del cazador, de Germán Scelso, Federico Robles [Argentina]
En julio de 2015, Luis Alberto Quijano declaró como testigo en la megacausa La Perla por los delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia de Córdoba durante la última dictadura militar. Así, denunció a su ya fallecido padre, el represor Luis Alberto Cayetano Quijano, que desde fines de 2012 estaba siendo juzgado por 158 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, 154 imposiciones de tormentos agravados, 98 homicidios calificados, 5 imposiciones de tormentos seguidas de muerte y la sustracción de un menor de 10 años. Quijano narró los maltratos que recibió por parte de su familia, los delitos que presenció en el centro clandestino de detención y las tareas que fue obligado a realizar cuando era adolescente. Además de recoger su testimonio, El hijo del cazador sigue la historia de vida de Quijano, trazando la manera en que su conciencia sobre las acciones de su padre fue transformándose en el tiempo, y dando su visión sobre los años de la dictadura desde esa perspectiva que recién hoy comienza a visibilizarse: la de los hijos de los genocidas.

El llanto, de Hernán Fernández [Argentina]
La primera imagen que vemos en El llanto es la de un hombre joven caminando con un bolso al hombro. Luego nos enteramos de que se trata de Elías, el marido de Sonia, quien dejó el pueblo donde ambos vivían para ir a trabajar a Buenos Aires. Sonia está embarazada, y queda sola en una rutina que incluye visitas al médico, viajes en camioneta y clases de religión. Mediante encuadres impecablemente simétricos y bellos, y haciendo uso de la repetición de situaciones y planos –la mayoría de ellos, de larga duración–, el director Hernán Fernández nos sumerge en este mundo mayormente femenino (los únicos tres hombres que aparecen, esporádicamente, son Elías, el médico de Sonia y el dueño de la despensa donde ella recibe los llamados de su marido) y logra transmitir esa angustia que, aunque de forma contenida, atraviesa a todos los personajes, pero especialmente a la pobre Sonia, durante toda la película.

El lugar de la desaparición, de Martín Farina [Argentina]
Martín Farina continúa con esta segunda parte su trilogía iniciada el año pasado por Cuentos de chacales. La primera mitad de El lugar de la desaparición retoma en más de un sentido la propuesta estética de la película anterior, alternando imágenes actuales con películas familiares en video analógico, y disponiéndolas como quien desparrama las piezas de un rompecabezas. Una propuesta híbrida entre el documental y la ficción experimental, con una banda de sonido que hasta la acerca al cine de terror, con sus voces en off superpuestas, susurros, música estridente y distorsiones varias. Más adelante, Farina decidirá en un momento armar ese rompecabezas y dejar de lado la abstracción para concentrarse en el drama familiar que está en el centro de la película, sin clausurar caminos y permitiendo que algunos enigmas persistan. Que la familia en cuestión sea una rama de la de Farina es un detalle: el director decide mantenerse al margen, como un observador, y narrar la película en tercera persona.

La huella de Tara, de Georgina Barreiro [Argentina]
La realizadora Georgina Barreiro viaja al Himalaya para mostrarnos el día a día de una comunidad budista al oeste de Sikkim, India. Hablada en nepalí, la película sigue a varios personajes, especialmente a cuatro hermanos, y explora la relación que estos tienen con su filosofía ancestral, con la vida y la muerte, con la tecnología. Con el mismo cuidado, la cámara de Leonardo Val registra los imponentes alrededores de esta comunidad –con imágenes asombrosas de las montañas que aprovechan muy bien el formato 2:1, hoy bastante de moda–, y también a los personajes en cuestión y a varios elementos cotidianos, como un equipo de música de extraña belleza que se nos muestra en plano detalle. La huella de Tara tiene una gran cantidad de momentos difícilmente olvidables, pero el mejor de todos es el plano final, que dialoga de forma íntima con una de las grandes imágenes finales de la historia del cine: la de A través de los olivos, de Abbas Kiarostami.

El árbol negro, de M. Ciambella, D. Coluccio [Argentina]
Las primeras imágenes de la película de Ciambella y Coluccio bien podrían continuar el final de Zama, de Lucrecia Martel, tanto desde lo visual como desde lo geográfico. Con su voz en off sobre una sucesión de imágenes bellísimas, Martín, un pastor de cabras perteneciente a la comunidad Qom, narra una leyenda ancestral apasionante acerca de cómo hace muchos años cielo y tierra estaban invertidos y conectados por un árbol, y describe también el gran incendio que llegó después. La primera media hora se limita a mostrarnos a Martín y a otros miembros de la comunidad en paisajes naturales y austeros en los que la modernidad y la tecnología aparecen a cuentagotas en planos de algún celular, de la moto de Martín o de una topadora. Pero un viaje de Martín a un pueblo nos introduce de lleno en lo nuevo, en aquello de lo que el pueblo Qom quiere formar parte pero no se lo permiten.

La boya, de Fernando Spiner [Argentina]
Desde hace muchos años, el director Fernando Spiner y su amigo, el poeta Aníbal Zaldívar, comparten el ritual de nadar juntos hasta una boya que se encuentra mar adentro frente a las playas de Villa Gesell. Y, para esta ocasión que registra la película, la consigna se resignifica: Spiner indaga en el profundo vínculo que sostiene con Zaldívar y en los elementos y las personas en común que lo forjaron durante décadas. Así, ambos amigos recuerdan a Lito Spiner (el padre de Fernando, que junto a Zaldívar dio sus primeros pasos en la poesía), reflexionan sobre el aporte crucial que el mar hace a los artistas, conversan con los habitantes de la ciudad y concretan un viejo deseo. La cámara sigue a los protagonistas por tierra y agua, conformando su propia poética, y La boya es una celebración de cómo la memoria, el mar y la amistad logran sortear cualquier distancia que exista con los seres queridos.

Competencia Estados alterados

Casanovagen, de Luise Donschen [Alemania]
En un camarín, John Malkovich se quita el disfraz de Casanova. Pero aquí la figura no es uno de los actores más emblemáticos del siglo XX, sino aquel que la historia del arte ha asociado para siempre con el deseo. Ese instinto primario atraviesa este film compuesto de siete episodios, que abordan desde ángulos distintos algunas de sus facetas. Luise Donschen crea con inteligencia un tapiz hecho de retazos de naturaleza, cultura, géneros y roles, deseo y sexualidad, cuerpos y encarnaciones. Escenas documentales y ficciones filmadas en 16mm, unidas menos por ideas que por sensaciones de la imagen: la pollera de una joven, tan naranja como el pico de un pinzón cebra que canta dentro de su jaula. Lilas blancas que crecen al pie de una estatua de la Virgen, y rosas rojas frente a la ventana de un estudio sadomasoquista, donde sucede un silencioso juego de sumisión por dinero. Un abrazo en un museo, un poema susurrado al oído.

Cittá Giardino, de Marco Piccarreda [Italia]
La Città Giardino del título es un centro para inmigrantes menores de edad en Sicilia. Es verano y el lugar está a punto de cerrar. Solo quedan seis adolescentes provenientes de África, quienes no tienen demasiado que hacer salvo esperar a ver con qué los sorprenderá el destino. Para matar el tiempo, pasan todo el día jugando entre ellos o con sus celulares, pero nada pareciera acabar con la monotonía imperante en el lugar. La cámara de Marco Piccarreda logra una cercanía con estos personajes que hace que podamos sentir esa incertidumbre como parte de su día a día. Incluso se permite algunos momentos luminosos de humor, como aquel plano general de un árbol en el que escuchamos a dos de los adolescentes (que están trepados a él pero no los vemos) dispararse una serie de insultos deliciosos.

Lembro mais dos corvos, de Gustavo Vinagre [Brasil]
En una noche de insomnio, una de las voces nuevas más interesantes del cine brasileño, Gustavo Vinagre, visita a su amiga Julia Katharine, una actriz trans japonés-brasileña –quizás el personaje más magnético de toda esta edición del Festival–, que en la comodidad y confianza de su hogar en San Pablo nos cuenta sus historias de amor y de pena. Un monólogo en primerísima persona que va desde su madre hasta su primera relación, combinación de abuso y pedofilia contada desde la perspectiva de alguien que se descubre como víctima y al mismo tiempo elude la victimización. Pero en el cine de Vinagre documental y ficción son categorías absolutamente perimidas, y los relatos de Julia –y ella misma– versan sobre y para el cine: desde Ozu y Hitchcock hasta La fuerza del cariño se develan como fuentes de su educación sentimental y el objeto mismo de una película nocturna pero increíblemente luminosa.

Lembro mais dos corvos, de Gustavo Vinagre

Terra Franca, de Leonor Teles [Portugal]
Conozcan a Albertino Lobo –pescador de Vila Franca de Xira– y a su entrañable familia: su esposa Dália (ama de casa y empleada en una cafetería), sus hijas Lúcia (que está organizando su casamiento con Tiago) y Laura (que mencionará varias veces las razones por las que nunca se casaría), y su nieta Alice, hija de Lúcia y Tiago. En el transcurso de un año, Leonor Teles registró con calidez y cercanía un ciclo en el que la familia atravesó los profundos cambios enfrentados que son ni más ni menos que el simple curso de la vida: todo lo que Albertino y Dália comienzan a ver en retrospectiva es un desafío desconocido y angustioso para sus hijas. De los preparativos para la ceremonia de Lúcia y Tiago a las gestiones de Albertino para recuperar su licencia pesquera, y de la compra de una aspiradora a un festejo de cumpleaños, todo transcurrirá como en un suspiro.

La ciudad y los patos, de Flavia de la Fuente [Argentina]
Flavia de la Fuente abandona por esta vez los retratos de su ciudad favorita, San Clemente, para viajar hasta otro lugar y dedicarle una de sus obras a Buenos Aires, en la que promete ser la primera parte de una serie. La ciudad y los patos retrata un lugar típico del turismo porteño pero, como suele ocurrir con el cine de su autora, son los tiempos los que terminan de dotar de belleza a unos espacios que todos nos cansamos de ver, pero que la rutina siempre nos mostró de la misma manera, apurada y descuidada. Utilizando las herramientas básicas del cine, como quien aprende a medida que hace, la directora logra una mirada alejada de cualquier idea de registro documental o sociológico: en su cine solo parece haber espacio para las imágenes, los sonidos y el tiempo que transcurre. El Rosedal y sus patos se merecían que alguien se tomara el tiempo de dedicarles una película.

Autores

Communion Los Angeles, de Peter Bo Rappmund, Adam R. Levine [Estados Unidos]
La observación topográfica y la marca del hombre en el paisaje definen la obra de Peter Bo Rappmund, discípulo de observadores pacientes como Thom Andersen o James Benning. Como en Tectonics (2012, 29º Festival) o Topophilia (2017), la premisa es seguir una línea de principio a fin. Junto al codirector Adam Levine, recorren las 36 millas de la Interestatal 110, autopista que atraviesa Los Ángeles desde las montañas hacia el mar. Del día a la noche, Communion Los Angeles utiliza el timelapse y devela el artificio de la construcción de la imagen en movimiento. Como un diario errante, la línea argumental es el trayecto, la acumulación en serie, el relevamiento exhaustivo y curioso de las hordas de autos, la periferia y sus restos. Una columna vertebral que contiene multitudes y fractura todo lo que encuentra a su paso.

Dead Souls, de Wang Bing [Francia, Suiza]
El mejor documentalista de la Sexta Generación prosigue en su afán por filmar y entender la historia del siglo XX de su país. El período elegido es el que empieza en 1957 y culmina en cierta forma en 1978; el tema en cuestión, la rectificación ideológica; el método elegido, el disciplinamiento en campos de reeducación. En Dead Souls, más de 20 sobrevivientes recapitulan la traumática experiencia de haber sido acusados de “derechistas”. Puede ser un médico, un filósofo, un profesor de literatura, un dirigente, un religioso, pero, más allá de lo singular que expresan los entrevistados, siempre se revela una racionalidad de Estado, cuyas consecuencias fácticas se verifican en la condición anímica de los protagonistas y en la osamenta que Wang registra desesperadamente cuando visita, en dos oportunidades, los vestigios del campamento de Jiabiangou, en el desierto de Gobi.

Infinite Football, de Corneliu Porumboiu [Rumania]
Porumboiu viaja a su pueblo natal luego de que un amigo de la infancia le cuenta acerca del invento de su hermano: un nuevo deporte diseñado mediante la modificación de las reglas del fútbol. Laurentiu Ginghina es un empleado público desmoralizado por su intento fallido de escapar a Estados Unidos. Pero cuando lo filman frente al campo de fútbol de su colegio secundario, en su casa o en su trabajo burocrático, Laurentiu habla de su complejo de Superman. ¿De dónde sacó esta idea? Desde el vamos, la historia de una vida lastimada, solitaria y trunca suplanta un intercambio impersonal de preguntas y respuestas con un inventor. La cercanía entre el que filma y el filmado crea una forma cuyo secreto es guardado por el realizador de El tesoro: este tema aparentemente desapasionado se abre hasta convertirse en un retrato de conmovedora humanidad.

Monrovia, Indiana, de Frederick Wiseman [Estados Unidos]
En su primera exploración de una pequeña comunidad rural del Medio Oeste, Wiseman continúa su serie dedicada a comunidades aisladas. La película explora, en las propias palabras del director, “la importancia de la América rural como centro formativo de la política y los valores estadounidenses, como quedó demostrado en las elecciones presidenciales de 2016”. Wiseman filma a los habitantes de un estado republicano alejándose tanto de la caricatura como de la solidaridad excesiva. Algunas escenas pueden provocar risas, otras son desagradables, pero Wiseman filma a esta gente revelando su dignidad y humanidad, expresando que todos vivimos como podemos, aunque no sea de la manera más cerebral o racional. Como cualquier obra sobre Americana, esta es una película sobre la muerte: de una persona, de una forma de vida y, quizás, de la política tal y como la conocíamos hasta hace unos años.

Monrovia, Indiana, de Frederick Wiseman

The Trial, de Sergei Loznitsa [Holanda]
El Proceso al Partido Industrial (1930) fue una operación de la propaganda estalinista para acusar a un grupo de calificados ingenieros de sabotear la economía con el fin de provocar una invasión extranjera. Y, de paso, atribuirle a ese sabotaje los problemas en la producción causados por la burocracia. En un juicio sin otro testimonio que el de los propios acusados, estos se reconocen culpables de todo frente a una audiencia enorme mientras miles de manifestantes reclaman en la calle la pena de muerte para los traidores. Construida con material estrictamente documental pero narrada como una clásica película de juicio, The Trial puede mirarse como la prueba fílmica de un acto orwelliano pero también como la sincera confesión de unos burgueses que se arrepienten de sus errores y reconocen la razón de las masas conducidas por el líder. Esa secreta ambigüedad la vuelve una película escalofriante.

Your Face, de Tsai Ming-liang [Taiwán]
Luego de anunciar su retiro del cine, como si se tratara de un comentario irónico, Tsai Ming-liang realizó un trabajo en realidad virtual llamado The Dessert (2017). Un tiempo después declaró que lo más frustrante de esta nueva técnica era la dificultad de registrar primeros planos. Your Face, como su nombre lo indica, es la forma que el director encontró para sanar esa frustración. En la película hay rostros registrados en un espacio indefinido, como si se tratara de una venganza a las formas de la realidad virtual donde ese espacio se impone sobre los actores. Pero también están las historias que cuentan esos rostros. Historias que expresan un pasado y un futuro al que cada vez parece quedarle menos. Your Face es, además, y quizás esto sea lo más importante, un nuevo capítulo de la historia de amor (una de las más grandes –e interminables– que nos haya dado el cine actual) entre el director Tsai Ming-liang y el actor Lee Kang-sheng.

Nuevos Autores

Still Recording, de Ghiath Ayoub, Saeed Al Batal [Siria, Líbano, Francia, Alemania, Qatar]
Saeed y Milad son dos amigos que comparten el amor por el arte y la angustia ante los ataques cotidianos en su país natal, Siria, donde un conflicto bélico mantiene a la población sumergida en un mar de sangre y fuego. En medio de ese clima de guerra, la dupla de jóvenes se aferra a dar clases de cine, pero el paisaje desolador que los rodea arrastra a la dupla a registrar con su cámara todo aquello que no se ve debido a la falta de medios de comunicación que no estén bajo el control del régimen. Still Recording es un documental de aliento agitado que resume 450 horas de filmación grabadas de 2011 a 2015 entre Damasco y el este de Ghouta. Saeed y Milad recorren los escenarios destruidos intentando captar el horror; es así como la película traspasa su título para convertirse en un documento periodístico que revela la situación política de un país donde el dolor es ley.

John McEnroe: L’Empire de la Perfection, de Julien Faraut [Francia]
“El cine miente, el deporte no”. Con esta frase de Godard, comienza la película, cuyos 95 minutos se encargan de mostrar que quizás el deporte no miente pero, aun así, la justicia tampoco es su fuerte. Utilizando filmaciones en 16mm realizadas por Gil de Kermadec (un Eadweard Muybridge del tenis), el director Julien Faraut –y la voz de Mathieu Amalric– disecciona la figura y el juego del siempre díscolo tenista John McEnroe. Serge Daney llegó a decir de él: “La hostilidad es su droga”. Quizá por tratarse del más cinematográfico de los deportes, quizá por la belleza de sus imágenes, esta película supera el típico documental sobre un deportista y nos ofrece un tratado sobre las posibilidades que surgen al enfrentar un arte que miente con alguien que se empeña en decir la verdad, aunque a veces lo haga en la forma de una derrota dolorosa.

El silencio de otros, de Almudena Carracedo, Robert Bahar [España, Estados Unidos]
Hace casi veinte años, una luz de esperanza brilló por unos días en una época oscura de resignación: Augusto Pinochet era arrestado en Londres por orden del juez español Baltasar Garzón, quien luego juzgaría a los genocidas argentinos que seguían impunes. A la historia, decía un filósofo alemán, le gustan los retornos: hoy, siguiendo la misma jurisdicción internacional para crímenes de lesa humanidad, la justicia argentina lleva seis años investigando los crímenes del franquismo en España entre 1936 y 1975. En la línea de cineastas como Patricio Guzmán o Joshua Oppenheimer, los directores filmaron con un acceso exclusivo esa heroica tarea judicial a través de las voces de cinco sobrevivientes, hoy querellantes en una causa que busca romper el pacto de silencio que allanó el camino de la transición democrática española.
El silencio de otros

Flesh Memory, de Jacky Goldberg [Francia]
A los 33 años, Finley trabaja como cam girl desde su casa en Austin, exhibiendo su cuerpo tatuado en soledad, en situaciones de sexualidad explícita en Internet. Así solventa su economía –que se complementa con la elaboración de perfumes caseros–, mientras intenta reclamar la custodia de su hijo. Jacky Goldberg captura la intimidad de la joven, ubicando la cámara en distintos ambientes, combinando su propio registro –mayormente discreto, distante, nunca imprudente– con la inmediatez de la web cam y los pixeles de una transmisión en Skype (una conversación que llega a una enorme intensidad emocional). Sin caer en el voyeurismo, la película constituye un retrato honesto y de una naturalidad urgente, y alcanza momentos de una cálida intimidad (esos breves intercambios con su hijo) y otros de un curioso misterio que juegan con la posibilidad de lo insondable.

Living the Light – Robby Müller, de Claire Pijman [Holanda]
El holandés Robby Müller fue uno de los directores de fotografía más relevantes de la historia del cine. Dicho así puede parecer un poco vago. Por eso, nada mejor que comprobarlo en imágenes. O con nombres: suyos son esos planos lacónicos en París, Texas, de Wim Wenders (con quien también trabajó en El amigo americano), o su marca definitiva en los films que hizo junto a Jim Jarmusch (Bajo el peso de la leyMystery TrainGhost Dog) o sus colaboraciones con Lars von Trier (Contra viento y mareaBailarina en la oscuridad). Claire Pijman, camarógrafa ocasional de Wenders, compone, a partir de una combinación de imágenes de archivo y entrevistas a los nombrados, un retrato sazonado con varios momentos indelebles que exponen la obsesión de Müller por la luz y sus reflejos.

The Grand Bizarre, de Jodie Mack [Estados Unidos]
Los últimos atardeceres antes del fin del mundo. The Grand Bizarre –el gran bizarro, el Gran Bazaar– es un recorrido indirecto por la historia del comercio, sus fuentes y resultados a través de materiales: telas, tejidos y patrones cobran vida y se apoderan del plano, del paisaje y del planeta entero. Tienen mapas, valijas y toda una serie de documentos de viaje para un recorrido que circula por el espacio original de esa historia. La mayor parte de la película está filmada cuadro a cuadro, con una atención a cada fragmento que se vuelve a la vez ritmo (movimiento) y música (ruiditos que hacen canciones), como si fuera una herramienta de lo artesanal para enfrentar esa economía global seriada que respira su último aire antes de explotar (desde la fábrica hasta la vidriera).

Panorama de Cine Argentino

Acá y acullá, de Hernán Khourián [Argentina]
En el marco del Taller de Documental que dicta en el Colegio Armenio Jrimian de Valentín Alsina, Hernán Khourián propone a los estudiantes distintos ejercicios para indagar en la memoria del genocidio del que sus antepasados fueron víctimas durante la conmemoración de su centenario, y en la diáspora armenia presente en la Argentina. De este modo, los jóvenes emprenden la tarea de perpetuar las historias que cada generación transmitió a su manera, reconstruyéndolas a partir de diversos registros y fuentes, para resignificar las sucesivas luchas que los preceden, y las potentes ideas que deben sostener hacia el futuro. A la realización de estos ejercicios se suman las lúcidas reflexiones de la escritora Ana Arzoumanian para armar un mosaico que representa las distintas concepciones de una comunidad en su continua búsqueda de verdad y justicia.

El cuadrado perfecto, de Pablo Bagedelli [Argentina]
Porte, (com)postura, perfección en los rasgos, estoicismo, excelencia atlética: ¿a qué estándares son sometidos los perros en nombre de la cinología? ¿Cómo se determina la pureza de una raza canina? ¿Qué empuja a las personas que dedican su tiempo a adiestrar y mantener perros destinados a vivir en una pose? El documental de Pablo Bagedelli echa luz sobre un universo lleno de reglas estrictas y personas realmente dispuestas a hacerlas cumplir, sin importar que se trate del mejor amigo del hombre. La tensión de las competiciones, las historias personales, los legados de varias generaciones y el inevitable conflicto frente a los cambios culturales conforman un mosaico narrativo contundente, frente al cual el espectador ajeno a estos temas podría tener que preguntarse si lo que observa estará sucediendo en serio. Caniches y dogos saben por igual que no es ninguna broma.

Me quedo contigo, de Julián González Díaz [Argentina]
Joaco camina (y pinta) por la ciudad, decidido a recuperar el amor de una chica, los trazos de sus grafitis robados de las calles y el honor en una disputa que lo persigue. Sus merodeos irán delineando su propia historia, pero además conformarán una sinfonía inquieta y ecléctica de Buenos Aires a través de las búsquedas de sus criaturas y las canciones que ilustran sus noches. Esta ópera prima expone con desparpajo el complejo universo que atraviesa su protagonista (en el que conviven el tarot y el Gauchito Gil, el trap y el flamenco, los versos de Alfredo Zitarrosa y la lírica en las paredes), al tiempo que demuestra una empatía absoluta por sus personajes y una destreza formal sorprendente para retratar la sensualidad y la belleza de los paisajes y las situaciones. Siguiendo el camino de su protagonista por encima de cualquier meta, la película redescubre con frescura los rincones porteños y el espíritu que late en las calles.

Segundo subsuelo, de Oriana Castro, Nicolás Martínez Zemborain [Argentina]
Luego de codirigir S.C. Recortes de prensa (2014), estrenada en el Festival, Oriana Castro y Nicolás Martínez Zemborain vuelven a colaborar detrás de cámara en este documental, cuyo eje central es la obstinación de la memoria. “Allí donde la toques, la memoria duele”, reza la cita de Yorgos Seferis, poeta y diplomático griego. Arthur descubre por azar, a fines de los ochenta, el lugar donde cree haber estado secuestrado. Incapaz de reconstruir su historia, intenta olvidar sin suerte todo lo sucedido. Más de treinta años después, regresa a la Argentina a reconstruir la verdad, pero es una tarea difícil: los espacios que busca han mutado, ya no existen. En su peregrinación conoce a Pablo, arquitecto, quien parece ser el único que conoce –y mucho– los lugares que Arthur menciona.

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