Birri, la escuela paradigma de LatinoaméricaLa obra artística y el legado de Fernando Birri, padre del Nuevo Cine Latinoamericano, en el documental de la directora Lorena Yenni.

Hoy no resulta llamativo que alguien diga que estudia cine y nombre el instituto, escuela o facultad donde aprende este arte. Pero para que esto sea así tuvo que haber un principio, una piedra fundamental. El artista Fernando Birri fundó en 1956 el Instituto de Cinematografía de Santa Fe, espacio dependiente de la Universidad Nacional del Litoral y primero en su tipo en Latinoamérica. De esa gesta y de la obra de Birri se ocupa la directora Lorena Yenni en su ópera prima.

El documental Birrilata, una vuelta en tren se presenta como un árbol de una raíz, donde cada tema florece de la trayectoria de Fernando Birri. Poeta, titiritero, cineasta, educador, actor y pintor, o como lo presentó el IX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana el “transmisor de experiencias que, en el campo de la cultura escrita y audiovisual, lo hacen único¨.

Si como homenaje tiene un buen comienzo -sobresalen las imágenes de las películas insignia de Birri  como Tire dié y Los inundados-, como repaso de su obra cinematográfica el documental de Yenni se diluye al darle espacio al Nuevo Cine Latinoamericano. Comprensible que así sea si se tiene en cuenta que Birri es considerado padre del movimiento representado por directores que marcaron época: Santiago Álvarez (Cuba); Pino Solanas y Raymundo Gleyzer (Argentina): Aldo Francia, Miguel Littín y Patricio Guzmán (Chile); Glauber Rocha (Brasil); Marta Rodriguez (Colombia), entre muchos más.

Para volver a Birri es necesario recordar que fundó algo más que una escuela por aquello de “aprender haciendo” y de comprometer su arte con la realidad social. Lo recuerda con sus palabras Dolly Pussy, ex directora de la ENERC, alumna y colaboradora suya en Santa Fe, y lo refleja el documental al dividir la pantalla: de un lado “Los inundados” y del otro la inundación de 2003, aquella donde el agua llegó hasta el travesaño del arco de la cancha de Colón.

La experiencia escuela-taller terminó de la peor manera: intervenciones, clausura de actividades y el cierre definitivo en 1975. Las dictaduras latinas lo alejaron definitivamente, primero a Brasil y más tarde a Cuba donde fue el primer director de la Escuela Internacional de cine y video de San Antonio de los Baños, más conocida como “Escuela de Cine de los Tres Mundos”. Luego pasarían 25 años más hasta su retorno a nuestro país.

Volvió a su Santa Fe natal para extender su obra. La argentina menemista lo convenció de alejarse, pero con setenta años sus ideas y palabras de sabio llegaron a los más jóvenes del barrio San Lorenzo. Entre actividades culturales y reclamos a la municipalidad vive su mejor homenaje en vida, el “Centro Social y Cultural El Birri”, emplazado en la ex Estación del Ferrocarril Mitre, el mismo lugar que lo vio filmar. “Pensar el cine y la producción artística no como asistencia social sino como alternativa, como forma de vida”, dicen sus herederos.

En el documental, el retrato de Birri se perfila a retazos de películas. Se lo ve poco y su voz se escucha débil, pero sus ideas resuenan con fuerza como aquella que ahora repiten sus alumnos y postuló en su Manifiesto de Santa Fe en 1962: “El cine que se haga cómplice del subdesarrollo, es subcine”. Contundente como otra que hace algunos años dio en una entrevista:  “La función social del cine nace como una forma de conocimiento en la medida en que conocimiento es conciencia. Y, en la medida que esto es así, es conciencia del cambio.”

El 27 de mayo -Día del Documentalista- se realizó en el cine Gaumont un acto en homenaje a Birri, el padre del Nuevo Cine Latinoamericano. La convocatoria incluyó la proyección de la copia remasterizada de Los Inundados, pero antes de la película la pantalla lo mostró a él hablando algunos años atrás del paso de su film por el festival de Venecia 1962.

En el video, Fernando contó cómo los medios argentinos descalificaron la participación de su película al publicar que en Italia la habían silbado. Recordó también que a los pocos días empezaron a llegarle cartas con felicitaciones y que los diarios debieron escribir que Los inundados había ganado el premio a Mejor Opera Prima. Esa anécdota hubiera sido una perla para el documental, para el retrato de un cineasta y poeta que aún hoy sigue enseñando y guiando en el arte comprometido de filmar.

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