Cine, aquelarre y feminismoEntrevista a las realizadoras del mediometraje documental "Brujas", dirigido por Carmen Rojas Gamarra, presentado en el 20° BAFICI.

Con una puesta estética descontracturada, a tono con el contenido, Carmen Rojas Gamarra realizó un recorte donde filmó parte del movimiento punk actual de la noche madrileña dando origen al documental Brujas. Punk hecho por mujeres. A medida que presenta con intertítulos el nombre de cada banda elige hacernos escuchar la potencia de las mismas en vivo. Entre recitales y ensayos,  realiza un recorrido donde esboza preguntas detrás de cámara, para que las protagonistas del discurso y la imagen sean las integrantes de Genderlexx, Troika, Violeta Vil, Heksa, Las Odio, Meconio, entre otras. 

La directora estudió el Master en Documental Creativo, Cine Experimental y Videocreación en la Escuela TAI de Madrid. Allí, empezó a concebir la idea que luego se materializaría en Brujas: “Para terminar los estudios, tenía que hacer un proyecto final pero estaba súper bloqueada con el tema. Un día, me crucé con un artículo de un sitio musical que contaba cuáles eran las principales bandas Riot de Madrid. Me di cuenta que había un montón y decidí que por ahí tenía que ir mi tema”, comenta Carmen Rojas Gamarra. Su hermana Natalia, montajista de la película, editó posteriormente el material que le trajo su hermana de España. El feminismo, los alcances políticos y sociales del medio cinematográfico y sus futuros proyectos son algunos de los temas que tocan las realizadoras de Brujas en esta entrevista.

— En Brujas hay un recorte claro de cierta temática. ¿Por qué elegiste el punk en particular y la inclusión de mujeres en ese género?
Carmen Rojas Gamarra:— Me gusta mucho el punk y desde muy chica he ido a conciertos. Así, me di cuenta que el 99% de bandas eran de hombres y también el ambiente: sonidistas, quien hacía luces, quien cobraba en la entrada. De hecho el pogo es un espacio para hombres: golpean a todxs por igual, pero a una mujer se le agrega el plus de que te toquen alguna parte del cuerpo. A eso de los 26 descubro el movimiento Riot Grrrl, a través de un documental que se llama The Punk Singer, sobre Kathleen Hanna de Bikini Kill y para mí fue súper importante y también fue mi primer encuentro con el feminismo. Me di cuenta de lo normalizado que estaban en mi cabeza esos espacios y me cuestioné muchas cosas. De la mano del descubrimiento del Riot, y luego también de estar en Madrid y descubrir todas esas bandas, me dije que tenía que hacer algo relacionado a eso. También empiezo a formarme más en el tema y darme cuenta de cómo había crecido, cómo me habían educado, dentro de lo convencional, sin cuestionarte y seguir haciendo lo que hace la corriente. Por eso decidí hacer Brujas. Porque también me hubiera encantado ver The Punk Singer a los 14 años, cuando recién estaba entrando a los conciertos. Además es importante, porque más allá de que se vea en festivales y que esté en el circuito independiente, me dan muchas ganas de que lo vean niñas y chicas jóvenes de otras clases sociales. Porque el BAFICI es de clase media alta, igual son los espacios donde se ha movido en Lima, en el nicho de la gentita clase media y me interesaría que lo vean chicas que no tienen el mismo nivel económico, sociocultural y educativo, por ahí algo les sirve.

— Un poco de eso hacés notar en el documental; específicamente cuando una de las integrantes de Troika dice que “el problema real está afuera”, haciendo referencia a que el circuito donde se mueven es para cierto círculo de gente. De todas formas, los discursos no son lineales, se contradicen, no todas piensan lo mismo. ¿Lo pensaste intencionalmente a esto?
CRG:— Cuando yo recién entro al feminismo, me pasó de decir ‘bueno el feminismo es esto, lo tengo claro y ya’. Pero una vez que fui escuchando el discurso de otras mujeres, leyendo libros, mirando películas, me voy dando cuenta que me he metido en un mundo donde es todo tan complejo y con un discurso político que es también muy personal donde cada mujer, y hombres también, se pueden identificar con la lucha. Es personal y también va cambiando de acuerdo a tus experiencias del día a día. Entonces me gustaba eso: el feminismo no es solo una cosa, ni una sola línea de pensamiento, sino que son millones. Yo creo que ahí también es donde está el problema de que el movimiento está yendo hacia puntos distintos, pero también lo entiendo como un movimiento social que va cambiando, que va mutando. No fue pensado intencionalmente, me fui dando cuenta a medida que fui entrevistando que todas tenían diferentes ideas; algunas sí se apropiaban de la palabra feminismo y otras que se autoconsideraban feministas pero no a sus bandas. Y lo entiendo también. Me fui dando cuenta en el camino de todas estas cosas. De hecho tengo un proyecto paralelo personal que no habla específicamente de feminismo.

Natalia Rojas Gamarra:— Yo no sé qué tan alejado está del feminismo, porque de alguna manera las letras son muy fuertes y hablan sobre las inseguridades de una persona mujer; entonces no sé si está muy alejado.

CRG:— Sí, alguien lo dijo en el documental: tu proyecto no tiene que hablar explícitamente sobre el aborto para ser considerado feminista. Pero de todas formas va a estar la problemática atravesada.

Brujas

— Lográs una estética acorde al contenido del film, y también espontaneidad. ¿Cómo llegaron a ese resultado final?
CRG:— Nosotras dos somos hermanas y tenemos un colectivo que se llama Yuraqyana, y además Natalia es la editora del film. Ahora estamos sacando películas con la productora, pero nuestros inicios fueron de grabar mucha música y conciertos en vivo. La música y el cine siempre fueron una conexión grande para nosotras, por eso también la idea de una documental sobre rock. En nuestros conciertos nunca grabamos con trípode, siempre con cámara en mano. Grabar un concierto es como un baile de cierta manera; es como que estás siguiendo movimientos espontáneos de quien grabas y te ayuda a fluir mucho más. Jamás pensé en usar un trípode o cámara fija. En algunos momentos tengo planos fijos pero era porque estaba haciendo todo: yo hacía cámara y tenía la Tascam en una pierna, y el micro en otra cámara y era lo que tenía para filmar. Pero también creo que ayuda a la estética de lo que es el punk. Además, Brujas fue parte de una inflexión personal, de cuestionarme a mí como cineasta, porque da terror mostrar algo hecho por ti, que significa tanto y que está en una proyección donde la ven otrxs. Por eso me gusta lo que dice en una parte Heksa en el documental haciendo referencia a unas chicas que les dijeron que ellas también querían tocar, pero no sabían. Y ella les dice que eso no importa, se trata de la actitud y de hacerlo. 

— En la película, dejás en claro el lugar que las mujeres ocupan en el punk. ¿Qué pensás de la participación de las mujeres en lo audiovisual y qué pasa con esta escena en tu país?
CRG:— Creo que en la música hay más conciencia y más despertar político. Lo que pasa en el cine es muy distinto, la situación en Perú es muy distinta. Aquí están muy adelantados; allí no hay mucho respeto por el cine nacional en sí, menos va a haber un respeto por cineastas mujeres. El cine peruano está muy por debajo. No sé si acá tienen una cuota de pantalla, que obliga a los cines comerciales a que incluya cierto porcentaje de películas argentinas.

— Sí, existe pero no se cumple. Si bien es cierto que hay producción nacional, no se cumple la ley de forma total.
CRG:— En Perú eso ni siquiera existe. Por ejemplo una película peruana que se llama Solos de Joanna Lombardi estuvo en cartelera un día y en un solo horario, irrisorio, 3 de la tarde. Y tienes que competir con Thor IV…

Acá lo que sucede es que hay una ley que te obliga a exhibir ciertas películas por bimestre, pero las exhiben todas en un periodo corto y nadie certifica eso. El cine independiente tampoco tiene un público amplio, y aunque exista la ley, el mercado absorbe lo no comercial.
CRG:— Es que es súper complejo. Es como el cine regional, en Perú la tiene más difícil. Si a la elite en Perú les cuesta, al cine regional aún más y es como una escala de quién la tiene más difícil, y al final es como que todo en un conjunto la tenemos difícil. Por ejemplo, en esta edición del BAFICI hay dos cineastas peruanas, María Jose Moreno – directora de Lima en la Piel– y yo, y alguien me lo hizo notar en una proyección: estamos las dos presentando películas aquí, pero de alguna manera completamos nuestra formación afuera. Ella estudió en París, yo estudié en Madrid. Hay un lugar de privilegio ahí, el cine sigue siendo un lugar muy privilegiado. Entonces qué esperamos de una niña que viven en el departamento de Apurímac que es uno de los departamentos más pobres de Perú, que no tiene acceso a la salud siquiera. Es algo muy complejo y de difícil resolución.

— ¿Notás diferencias o similitudes entre las perspectivas feministas en Europa y en Latinoamérica?
CRG:— Yo noté muchas similitudes entre el activismo español madrileño y el de Buenos Aires; aquí es increíble lo que hacen. Todo el movimiento por el aborto seguro, legal y gratuito es increíble. Y hay muchas actividades culturales por todos lados sobre este tema y es por una causa justa. Y es algo que también vi en España, hay activismo constantemente. No solo sobre el feminismo, sino también por otros temas políticos, veo que en esta ciudad y este país están bien despiertos y es algo que envidio demasiado. En Lima esto no sucede, parece que la gente se deja llevar por lo que dicen los gobiernos. 

NRG:— Es por la falta de educación que esto es así, es como si estuviéramos dormidos, todos…

CRG:— Y la economía no ayuda. Estos días que hemos estado aquí, yendo de un lado a otro, nos hemos cruzado con diferentes manifestaciones y por diferentes causas, y esto no se ve en Lima.

— ¿Cómo fue el proceso de pasar de un lenguaje experimental -como es tu corto anterior Vacío/a – a un lenguaje más directo, como es Brujas?
CRG:— El corto Vacío/a fue a partir de un ejercicio de video creación; a partir de un catálogo de Ikea se me ocurrió la idea de una pareja que rompe, pero todo está contado con las imágenes de un catálogo y los objetos que se van moviendo de casas, pero que te van llevando a recuerdos subjetivos. El corto lo acompaña una voz de google translate, bien despersonalizado, como los objetos que encuentras en un catálogo. Luego llegan a ti se llenan de valores sentimentales y recuerdos; si bien el contenido es doloroso, la voz robotizada te lleva a un equilibrio que hace que no se vaya a un melodrama de telenovela, porque el tema es sentimental en sí. Y el resultado final es algo gracioso, es como que te ríes pero te duele, es un poco raro. Lo hice en Madrid, mis amigxs me incentivaron a que lo envíe a festivales; así fue como ganó en Lima a mejor obra experimental, luego se fue al festival de Valdivia y estuvo haciendo un recorrido bonito por festivales. Y fue grato, pues fue un proyecto que resultó siendo mi primera película, de alguna manera. Siempre me imaginé que mi primera película iba a ser una ficción, y de pronto el master me cambió todo. Recién ahora estoy empezando a editar un corto de ficción.

— ¿Cuáles son tus futuros proyectos?
CRG:— Además del cine, estamos empezando una nueva plataforma que hemos creado con unas amigas que se llama María Landó que busca visbilizar a las músicas mujeres en el ambiente musical peruano, y tenemos ganas de hacer festivales y conciertos, pero que no se quede en nuestro circulito, y poder tener algo de responsabilidad social y dar apoyo a organizaciones sociales, y la idea es que sea para todxs, que cuesta, pero lo lograremos.
En cuanto al cine, yo me metí al master porque lo que más me llamaba la atención era lo experimental, pero he salido con ganas de hacer mucho documental. Y seguir tratando temas de género y feministas, porque creo que hace mucha falta en Perú hablar de eso; por ejemplo hay mucha trata de personas, hay mujeres secuestradas en Lima que luego las llevan a la selva para prostituirlas, es un tema súper feo y fuerte, pero me dan ganas de hablar de eso. La manera en cómo está tratando a las niñas y las mujeres es muy fuerte. Son cosas que a mí me llenan de mucha rabia, y no puedo creer que estamos haciendo nada y es algo que también me desespera pero tampoco sé qué hacer.

NGR:— Y…¡películas!

CRG:— Y sí haciendo películas de alguna manera estamos haciendo algo. Dan ganas de hablar de esto y que cambien algunas cosas. Estoy segura de querer seguir haciendo películas y me gusta la idea del cine como una herramienta política. Incluso con la ficción, que si bien la conecté anteriormente con temas más sentimentales, también puede ser un género poderoso. El cine en general es un medio muy valioso. Y me gustaría que sea algo para todxs y no se quede en un grupito para algunxs. Poco a poco me estoy dando cuenta del poder que tiene el cine y que también es una manera de hacer activismo, hacia la lucha que tú quieras.

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