Crónica de una producción independiente"¡Yallah! ¡Yallah!" es la primera co-producción entre Argentina y Palestina, según dice su afiche. El camino recorrido desde la idea original hasta su estreno no fue sencillo, teniendo que sortear varios obstáculos.

Es martes a la tarde y faltan dos días para el estreno de ¡Yallah! ¡Yallah!, el primer film argentino con co-producción palestina. En la oficina de la productora local, Fernando Romanazzo sostiene un viejo mapa de la Ciudad de Buenos Aires y señala algunas marcas. “Pegaron afiches por Avellaneda y anoche hice la zona del Gaumont y de Puan”, le dice a su amigo, Cristian Pirovano, con quien co-dirige el film. Quizás a causa de esa noche de ‘marketing casero’ se deba el cuadro gripal que presenta su cuerpo.

Pero no hay momento para descansar. El mismo que el lunes a la noche pegó afiches en las calles, ahora debe afrontar una serie de entrevistas: a la mañana dio una y, mientras está brindando esta nota, arregla otra para el día siguiente. A su vez, coordina con Pirovano el retiro de posters de la película que serán colgados en el cine Gaumont. El conjunto se completa con un tercer integrante, el director de fotografía de la película, Martín Turnes, que ahora maneja las redes sociales.

El trío, podría decirse, ya está curtido en afrontar diversas tareas en poco tiempo. Y quizás en panoramas más desalentadores como cuando en 2014, en los inicios del proyecto, se les cayó el protagonista al tercer día de estar en Palestina, con el guión armado y teniendo todo listo para empezar el rodaje.

Pero empecemos por el principio: Cristian Pirovano, fotoperiodista de profesión, estaba registrando la Primavera Árabe cuando comenzó a gestar la idea de hacer un documental. Aunque su amigo cineasta, le advertía: “Palestina no es una película, tiene que haber una historia, personajes, un conflicto”. De aquellas primeras ideas en 2013 a la concreción de ¡Yallah Yallah! pasaron al menos tres proyectos y varias turbulencias.

El primer guión involucraba a un palestino fanático de la selección Argentina que tenía la fórmula para que esta salga campeón del mundo en 2014. ¿Cuál era el conflicto? Hacer que este fanático se contacte con Alejandro Sabella, el entonces entrenador argentino, para que le dé la fórmula. “Listo, dijimos, ahí teníamos la película y nos servía para contar qué pasaba en Palestina a partir de este personaje y su particular historia”, comenta Romanazzo. Así, armaron un guión y prepararon la pre-producción. Hicieron una campaña de crowdfunding para costear el viaje que debía hacer Pirovano, quien conocía el territorio y tenía algunos contactos, para hacer el scouting. “En ese viaje, Cristian consigue un primer contrato de co-producción con el canal de televisión de Palestina: se comprometían a darnos equipamiento y ocho personas para asistirnos, y la Asociación de Fútbol nos daba alojamiento y movilidad”, repasa el director.

Yallah yallah 6

Sin embargo, llegaría el primer problema: días antes de emprender el viaje para comenzar con el rodaje, les contestan un mail de la televisión de Palestina en el que les negaban los equipos y les reducían el personal a tres asistentes. “Como ya habíamos sacado los pasajes, no podíamos dar marcha atrás y tuvimos que alquilar equipos para llevar desde acá a falta de tres días para el viaje. Fue una locura transportar todo eso, ¡el bolso donde llevábamos el trípode y la caña parecía una bazooka!”, recuerda entre risas.

Luego de arribar a Palestina, surgiría otro escollo cuando el fanático de la selección Argentina se bajaba del proyecto: “En ese momento, se nos caía el mundo abajo y lo queríamos matar pero después nos enteramos que tenía un hijo preso, que estaba por salir, y tenía miedo que haciendo una película internacional se le complique la salida. Era completamente justificable”.

Al caerse el protagonista, debían buscar otra historia teniendo, quizás, como único aliado al tiempo pues el pasaje de vuelta estaba emitido para dentro de tres meses. Como vivían en el predio de la Asociación de Fútbol de Palestina, centraron su atención en las historias de jugadores, dirigentes y entrenadores que pasaban por allí. Así conocieron a Susan, la segunda en mando de la Asociación, y querían seguirla en el armado de un informe que debía presentar en el congreso de la FIFA: “A través del informe, podíamos acceder a las problemáticas del conflicto y evitábamos tener que usar una voz en off o entrevistas directas”.

No obstante, la distancia entre el lenguaje castellano y el árabe jugaron una mala pasada. El trío de argentinos podía comunicarse con Susan en inglés pero la reunión que debían filmar iba a ser, obviamente, hablada en árabe. “Cuando notamos que la reunión está terminando le preguntamos a Susan si ya le había dado la orden para que haga el informe porque ese sería el primer plot de la película. Ella nos dice que sí, y nosotros nos pusimos a hacer inserts y contraplanos. Un año después, ya de nuevo en Buenos Aires, conseguimos un traductor para que nos transcriba toda esa reunión y ahí nos damos cuenta que sólo en los inserts se hablaba del informe”, se lamenta Romanazzo, que agrega: “No teníamos forma de armarlo. Los audios estaban todos cortados. Otra vez se nos caía el mundo”.

Llegados a esta situación, podría preguntarse: ¿Cómo salvaron la película? “Ahí apareció la magia de Ale Rath en el montaje. Empezamos a jugar con el material y armamos un relato coral donde los personajes o las acciones se tocaran en algún momento”. Y esa es, finalmente, ¡Yallah! ¡Yallah! que tuvo su estreno a sala llena en el cine Gaumont.  

 


La política, el fútbol y el muro

En una cancha de fútbol, Abed-Fatah Ara dirige un entrenamiento. A lo lejos, pero no tanto, se puede divisar el muro impuesto por el gobierno israelí en el territorio palestino. El zigzagueante material de concreto que burla la línea verde establecida por la Organización de las Naciones Unidas, encierra a un pueblo al delimitar físicamente su adentro y afuera. Con esta referencia al muro, abre su relato ¡Yallah! ¡Yallah!, un documental que observa la cotidianidad dentro de la Asociación de Fútbol de Palestina (PFA) para, a través de ella, conocer algunas cuestiones del conflicto con el Estado de Israel.

Los directores, Cristian Pirovano y Fernando Romanazzo, estructuran un relato coral para conocer distintos integrantes del mundillo futbolístico de Palestina. Lo que debería ser una simple organización de partidos de fútbol no resulta tan fácil cuando se está inserto en este contexto particular: lugares a los que no se puede acceder o jugadores arrestados son algunos de los problemas para nada menores que deben enfrentar. Ir a jugar partidos a zonas por las que deben cruzar controles israelíes implica presentar una serie de permisos que, incluso, pueden ser rechazados.

Yallah Yallah 5.fw

Luego de 16 años del levantamiento de este muro, los palestinos parecen haberse habituado a vivir en esa anomalía. El fútbol aparenta ser una vía de escape a esta realidad atravesada por el encierro y el plomo: hay tribunas con canciones de aliento, algarabía en los goles, momentos de fiestas y agasajos. Todo cuando la organización y el contexto lo permiten.

— El fútbol les posibilitaba, además de abordar el conflicto palestino-israelí desde otro costado, retratar ciertos espacios de festividad a pesar del contexto que viven. ¿Cómo pensaron esta cuestión?  
— Cuando Cristian me contaba anécdotas de allá era una más terrible que la otra. Y de repente una me hizo cagar de risa. No sé cuál es la mejor pero la que más me hizo empatizar era la del fútbol. Igual, cuando empezamos a ahondar en su historia también era terrible: vivía en un campo de refugiados y presenció la primera y segunda Intifada. Pero con el fútbol me acerqué por otro lado y pensamos con Cristian que la meta era utilizar el deporte para poder empatizar con Latinoamérica, especialmente. Y logramos tener una mirada extranjera a partir del futbolista chileno, Roberto Kettlun, que es el que nos permite hacer preguntas como dónde está el muro de los lamentos y la mezquita de Al-Aqsa.

— Hay una escena del DT y la hija que permite abordar algunas cuestiones del contexto histórico. ¿Cómo la construyeron?
— Abed nos invitó a la casa a comer. Nosotros aceptamos pero con la condición de que llevábamos las cámaras para filmar. Él nos había contado en otra ocasión que ya no podían acceder al mar. Ellos lo ven, está a no más de 20 km, pero ya no les permiten ir. Ahí, nos dice que él tenía una foto con su mujer y su hijo mayor de cuando podían ir pero que sus hijos menores no pudieron conocerlo. Entonces, cuando nos invita a comer, le dijimos que teníamos que filmarlo contando algo respecto a esa foto. Lo fantástico de la escena es que, además de brindar información, presenta un choque de generaciones: el padre le explica algunas cuestiones históricas a su hija quien le rebate y, además, da cuenta de una mirada que desnaturaliza ciertas cosas que la generación de Abed ya no se discutía.

— Por medio de la fotografía, pareciera que incluyeron un protagonista inanimado: el muro. ¿Era como una referencia que querían marcar?
— Sí, porque es algo completamente ilógico. No es que divide en línea recta sino que va y viene ocupando barrios palestinos hasta el punto de encerrar una casa. Es una sensación de encierro sin lógica alguna. El único en la película que nos permite pasar del otro lado es el jugador chileno que nos lleva a Jerusalén y ahí podemos ver que conviven las tres religiones (cristianos, judíos y musulmanes) y no hay ningún problema.

Comentarios

comentarios