Cuando el pasado edifica el presenteDarío Arcella indaga el pasado y presente del barrio Ramón Carrillo con "Los relocalizados", película que se presentó en el 31° Festival Internacional de Mar del Plata.

Hay un punto de encuentro entre los años 1990 y 2016: la selección Argentina perdió una final del mundo con Alemania, ambas por 1-0 y a poco del final. Esa trivial semejanza es usada por Darío Arcella en Los relocalizados para hacernos viajar en el tiempo entre esos años. En esta ocasión, el director retoma una película previa que realizó con Luis Campos, Warnes aparte, donde retrataban la vida de 3000 personas que vivían en el “más grande complejo hospitalario-pediátrico de Latinoamérica” que no fue, el Albergue Warnes.

Los relocalizados 4Ahora, con Los relocalizados, Arcella retrata el complejo entramado del barrio Carrillo construido en 1990. Caminar por esas calles presenta una particularidad: si uno observa detenidamente sus casas, se podrá ver que en su planta baja son todas iguales pero que arriba difieren. Es que el barrio fue construido en 90 días en el marco de un proyecto político con casas estrictamente equivalentes, una al lado de la otra, y luego, con el paso del tiempo, los vecinos fueron construyendo hacia arriba.

Antes de avanzar, conviene hacer un breve repaso histórico. Durante el gobierno de Perón, se expropiaron 19 hectáreas para edificar el hospital pediátrico más importante de Latinoamérica. Sin embargo, una vez dado el golpe en 1955, ese proyecto se canceló y la construcción quedó a medio camino: había paredes pero no caños de agua, el hueco del ascensor era un peligro para quien pasara por allí y tampoco había energía eléctrica. No era un lugar para vivir con dignidad pero algunas personas que no tenían techo encontraron uno allí dando origen al Albergue Warnes.

En diciembre de 1990, un fallo de la Corte instó a desalojar y derrumbar la mole de cemento ubicada en el barrio de La Paternal, en Warnes y Chorroarín. Para ello, debían reubicar a las familias y se construyó un nuevo barrio, el Ramón Carrillo, que resultó todo un show montado para las cámaras de televisión: armonioso e impoluto por fuera, parecía construido sin pensar en las personas trasladadas. Calles que tenían sólo una capa de pavimento –se rompió en menos de un año-, casas con ambientes pequeños y una red cloacal que no funcionaba bien. Esas fueron las bases materiales en las que se erigió el barrio ahora representado por Arcella en Los relocalizados.

Por medio de entrevistas, observaciones en asambleas vecinales y una cámara que logra Los relocalizados 5registrar escenas inverosímiles pero reales, el director reconstruye la enmarañada trama del micro mundo del barrio Carrillo. De esta manera, Arcella pone en pantalla las diferencias sociales dentro del barrio, la contaminación de las napas, las deficiencias de infraestructura, la superpoblación, casos de abuso sexual, violencia institucional y tráfico de drogas y armas. Todo en un mismo territorio donde el Estado, si aparece, lo hace con insuficiencia.

¿Cómo se lograron retratar tantos temas? Podría decirse que Arcella no trabajó solo en el film. Celeste Lucero, Gladys Blanco Mamani y Oscar Ibarra son personas del barrio que asistieron a un taller de narrativas cinematográficas brindado por el director y participaron del equipo de fotografía y cámara de la película. De alguna manera, Los relocalizados presenta el micro mundo del barrio Carrillo a partir de su propia mirada.

Quizás por la incorporación de esa mirada propia se entienda que el documental no es sólo de denuncia. Así, explorando la materialidad del film, hay otra cuestión a destacar: los clips musicales. En determinados momentos, el montaje le cede lugar a la música con bailes, cumbias y rapeos para producir un momento de relajación.

Como si se tratara de un tiempo presente que repite reminiscencias del pasado, Darío Arcella observa una historia de marginalidad que ya había explorado en Warnes aparte. Pasaron 26 años y, mientras vemos mundiales, la situación se agrava.

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