Desandar la periferiaLuego de varios años de investigación y acercamiento a la población con la que quería construir su historia, Juliana Antunes y su equipo de rodaje siguen de cerca la vida de un grupo de mujeres que viven en las afueras de Belo Horizonte.

Andreia es manicura y tiene un salón de belleza en la favela. Baronesa, título del film, funciona como la metáfora del lugar utópico y proyeccional al que ella, en un intento de huir de la incipiente guerra narco en Vila Marquinha, sueña con mudarse. La ópera prima de Juliana Antunes nos adentra en la realidad de Andreia, su vecina Leidiane y su círculo íntimo compuesto principalmente por mujeres. Una realidad no exenta de violencia que hastía a las protagonistas. 

Mediante planos generales y primeros planos fijos, que suceden siempre dentro de la favela, la directora genera una relación de proximidad e intimidad con las protagonistas. Estas, a su vez, a través de escenas que las filman en su cotidianidad, son portadoras de un discurso en el cual se entremezclan su relación con los hombres, el goce de su sexualidad, algunas anécdotas de su pasado y sus historias actuales. Diálogos potentes en los que la violencia vivida se hace presente. La contracara de esta discursiva, que acentúa una realidad dura, sobreviene en la elección de filmar los espacios del barrio donde los personajes ríen, disfrutan, dialogan, toman cerveza, buscando los lugares de distensión que les permite su entorno. La historia que se elige contar no evade la crudeza, la presenta sin más, pero sin una pose frívola. En esa lógica, logra justamente la no victimización de las propias protagonistas. Y no es que como espectadores recibimos con liviandad lo que se nos ofrece, accedemos a esa realidad desde otro punto de vista.

Hay un recorte de las voces a las que se quiere dar lugar en la pantalla. El salón de manicura de Andreia, y sus charlas con su amiga Leidiane, se vuelven espacios de contención de estas historias que ponen en primer plano la realidad de la favela, desde los ojos y el cuerpo de estas mujeres. Otro de los puntos a destacar, que circula en el mismo sentido, es el lugar del maternar: mujeres que crían a varios niños y niñas, y las preocupaciones que comparten sobre su crianza en un lugar atestado por los peligros. La ausencia, en este caso, implica la figura paterna, mencionada a través del guión pero no expuesta como presencia física en la película. A excepción de Negao, amigo de las protagonistas, que trágicamente prefigura una presencia de la ausencia, las voces son femeninas. A través de sus relatos y diálogos se construye la realidad que atraviesan en un contexto de desigualdad social, relacionado no solo con la clase, sino también con la raza y el género.

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Alejándose de producciones que exploran en el miserabilismo y la re victimización de protagonistas en relatos que de por sí constituyen una realidad violenta, cruda y austera, Baronesa elige dejar registros de “violencia explícita” en el fuera de campo. Todas las armas de fuego o alusiones a las mismas evaden su uso literal. Así, el arma rebalsa en su significado originario y explora otros espacios de sentido que pueden ponerse en línea con esta intención de no “espectacularizar” la realidad que está mostrando. Un plano particular da cuenta de esto: a través del sonido directo, Andreia y Leidiane cantan y recuerdan una canción de un conocido mc brasileño; de repente disparos que suceden cercanos, interrumpen la canción y el relato. La cámara, interpelada por esta situación, las deja de filmar y corre junto a las protagonistas, a las que oímos llamar a gritos a los suyos. La violencia es real y está latente. Circula todo el tiempo en las historias. Sin embargo, se elige poner el foco en espacios que permiten otro acercamiento a esa realidad.

Podemos decir que uno de los lugares más certeros del documental Baronesa es la posibilidad de retratar la marginalidad y la periferia evitando caer en un trasfondo de condicionalidad sin retorno para con las protagonistas y el contexto que las atraviesa. De esta forma, Antunes brinda un film que no estigmatiza ni “espectaculariza” la marginalidad, sino que a través de una construcción documental con tintes ficcionales acerca la cotidianidad de estas mujeres que proyectan, viven y se relacionan en Vila Mariquinha, favela ubicada en la periferia de la capital de Mina Gerais. 

 

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