Dhaulagiri, un sueño de ocho mil metros de alturaLa historia de una expedición argentina al Himalaya realizada en estilo alpino en el documental de los directores Guillermo Glass y Cristian Harbaruk.

La nieve, el frío y la montaña blanca, una de las catorce más altas del mundo que superan los ocho mil metros. La expedición con cuatro argentinos que en 2008 ascendieron al pico Dhaulagiri en la Cordillera del Himalaya tenía como objetivo filmar un documental sobre esa experiencia. La vida de los montañistas y la película cambiaron cuando uno de los integrantes del grupo desapareció en el intento de lograr la cumbre.

Desde la ciudad de Katmandú, capital de Nepal, hasta la cima del Dhaulagiri a 8167 metros sobre el nivel del mar partieron Darío Bracali, Guillermo Glass, Sebastián Cura y Christian Vitry. El equipo de argentinos eligió el estilo alpino para escalar en el Himalaya, es decir, llegar a la cima sin ayuda de porteadores de altura, cuerdas fijas, tanques de oxígeno ni sherpas. Solo equipo liviano y dos cámaras de filmación, una que casi no se usó y otra utilizada por Glass, el director del documental que varios años después seria Dhaulagiri, ascenso a la montaña blanca.

La idea de la película surgió entre Guillermo Glass y Darío Bracali después de crear una productora audiovisual. Guillermo, diseñador de imagen y sonido, nació en Esquel y llegó a la cima del Aconcagua a los 16 años. Darío había logrado hacer dos ascensos de 8 mil metros, o como se dice en la jerga montañista, “dos ocho mil”. Ninguno de los dos logró la cima del “Dhaula”: Darío se quedó allí y Guillermo debió dejar correr tiempo antes de reencontrarse en Salta junto a Sebastián y Christian para reiniciar el documental.DHAULAGIRI_foto peli 01

“El hombre es ambicioso y eso en el alpinismo significa más altura”, dice Darío Bracali mirando a cámara. Glass evidencia esa ambición en las huellas que la montaña va dejando en los cuerpos de los miembros del equipo a medida que progresa el ascenso. Arriba de los 4 mil metros aparecen las dificultades para dormir y respirar; el sol quema la piel, la nieve se pega al rostro y las ráfagas de viento son tan peligrosas que de no hidratarse ni cubrirse bien pueden causar congelamiento en las extremidades.

La película pasa de un reality grupal de tono deportivo a un documental dramático cuando surgen los problemas no previstos, como el de solo poder armar una carpa en vez de dos a casi 5 mil metros de altura y bajo pésimas condiciones climáticas. El clímax se vive en la decisión de Darío de ir solo tras la cumbre, situación resuelta sin impacto ni exageraciones con el testimonio de Christian Vitry, quién recrea su regreso luego de hacer cumbre y recuerda cómo puso su vida en peligro al esperarlo en soledad en un campo base.

El trabajo del director Guillermo Glass confluye en un gran esfuerzo profesional y personal. Por un lado, el registro de imágenes en condiciones extremas; por otro, el hecho de superar el duelo de un amigo y enfrentar las imágenes para reiniciar la película. Dhaulagiri, ascenso a la montaña es un reflejo de la pasión por el montañismo y la filmación, ambas experimentadas al extremo.

¿Cómo conociste a Darío y cuál fue la idea inicial de la película?

Guillermo Glass: A Darío lo conocí en 2004 y en 2006 creamos la productora. Hicimos ascensos en 2006, 2007 y 2008 al Himalaya. Armamos un posible guión que tenía que ver con una expedición argentina al Himalaya en estilo alpino. Aspirábamos a cine, pero desde una faz más deportiva, histórica y cultural para ver el entorno sociocultural del Himalaya y compararlo con los Andes. Después de la filmación en el Dhaula, la película la hicimos con Cristian Harbaruk, pero hicimos partícipes y les contamos todo a Sebastián Cura y Christian Vitry que son protagonistas.

Las imágenes de Darío escalando muestran un proceso de filmación muy difícil. Hay algunos pasajes de la película que fueron recreados, como el regreso de Vitry de la cima, ¿qué podés contar del trabajo de cámaras?

En el Himalaya estaba yo solo con la cámara. La última imagen de Darío a 7500 metros, eso es real. Teníamos una segunda cámara de back up que ellos podían usar para grabar, pero no grabaron mucho. Luego de que Darío decide irse solo del campo base 3 a la cumbre ya no registramos imágenes. Tuvimos que recrear algunas situaciones en Esquel y en Salta para completar el material que no pudimos filmar del campo base 3 a la cumbre.

En un momento del documental alguien dice que la situación en el Dhaulagiri es un desastre porque los cuatro están separados. ¿Qué fue lo que falló?

Para mí hicimos las cosas bien, estuvo todo bien pensado, la expedición, el estilo, lo que llegamos hasta donde llegamos. Lo que le pasó a Sebastián fueron congelamientos, eso tiene que ver con la fisiología de cada uno, él no hidrató bien y eso le pasó factura. Lo de Darío son decisiones personales. Christian hace cumbre y llega, y si Christian y Darío hubieran bajado era una expedición exitosa. Darío tomó la decisión de volver a salir. Creo que el error está en no haber leído en ese momento como estaba él, él no se leyó bien y no leyó bien el entorno. Eso hizo que la decisión fuera equivocada. Una decisión equivocada a esa altura se paga caro. Si se hubiese dado cuenta que no estaban las condiciones para salir hubiera bajado. Yo sentía cierta debilidad y dije hasta acá.

El hecho de haber decidido terminar la película después de varios años muestra un gran esfuerzo de tu parte, ¿cómo trabajaron la reescritura del guión?

Tardé cinco años en retomar el proyecto. Hay dos cuestiones. No podíamos ocultar lo de Darío, no nos interesaba jugar con lo que le pasó ni jugar con esa tensión. Lo planteamos de entrada: Darío desaparece. Y luego, no queríamos quedarnos con la experiencia puntual de cuatro amigos que van al Himalaya sino tratar de hacer algo más abarcativo. En el mundo la gente tiene pasiones y formas de decidir como vivir, no importa en qué, sea corriendo en auto o andando en lancha. Cada uno elige su “métier” (NdR: oficio), pero lo que hagas hacelo con pasión. Es tu forma de vivir y es lo que uno tiene que trasmitir al espectador, a tus hijos. Lo que queríamos transmitir es vivir con intensidad.

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