El 2×4 sobre la nieveLa directora de "Tango suomi", Gabriela Aparici, profundiza respecto al novedoso modo de producción de su película.

La blanca nieve rodea el entorno hasta casi borrar los límites del horizonte. Sobre ella, una dupla de bailarines se desenvuelven con destreza. El sonido no remite a ninguna canción clásica del repertorio musical argentino y el pausado ritmo de los bailarines no ayuda a descifrar el género que danzan. Sin embargo, es bien conocida para la cultura local porque se trata del tango. Pero con ciertos matices que lo diferencian: es tango finlandés.

Esa dupla de bailarines compuesta por un argentino y una finlandesa, representa una buena síntesis de la película Tango suomi de Gabriela  Aparici. El film explora esta semejanza de la cultura nórdica con la propia mediante entrevistas a exponentes del tango finlandés y el argentino. El recorrido incluye, también, archivo fotográfico para acercarse a la historia de ese tango y material sonoro para conocer sus canciones clásicas.

A su vez, Aparici muestra sus habilidades como productora (función que desempeñó en Soy Ringo, Nosotras que todavía estamos vivas, Las enfermeras de Evita) dado que el film no contó con el apoyo del INCAA y tuvo que ingeniar otras vías para financiarse. “No fue una decisión personal ir por fuera del Instituto, presentamos dos veces el proyecto y fue rechazado”, comenta Aparici.

— ¿Cómo se gestó el grupo de productores?
— CREAAR es un grupo de productoras que se formó como parte de un programa de la Fundación Exportar y la Fundación del banco ICBC para fomentar la exportación de productos argentinos al mundo. El grupo CREAAR fue el primer grupo audiovisual, el primer grupo que de alguna manera promovía servicios audiovisuales. Ahora hay tres grupos más, no solo en Buenos Aires sino que también en el interior. La idea de ese programa es dar facilidades para que uno con sus productos pueda llegar a países que de otra manera no llegaría.

— ¿Cómo lograron aplicar al programa? ¿Hubo un concurso?
— No era por concurso. Para aplicar al programa tienen que ser como mínimo seis empresas. En nuestro caso, como la fundación tuvo sede en el ICBC, ellos proveen un coordinador que conozca del negocio en cuestión para que pueda sugerir posibilidades de llegar al exterior, metodologías de acercamiento a embajadas y comercio exterior. El programa paga el coordinador por seis meses y después le tenés que pagar progresivamente durante dos años el 100% del sueldo.

— Teniendo en cuenta la situación actual del INCAA, ¿este modo de producción puede ser una alternativa? 
— Cuando nos rechazaron el proyecto en el INCAA estábamos muy avanzados con la producción así que éramos bastante concientes que la película se iba a hacer sí o sí. A mí no me gusta depender de una sola cosa, siempre me interesaron las alternativas de producción. Y las coproducciones pueden ser una vía para concretar los proyectos. Por ejemplo, en Tango Suomi, nos asociamos con una productora finlandesa que consiguió un subsidio del Instituto de Música.

— ¿Esta forma de producción puede aplicarse para nuevas películas? ¿Se necesita que sean coproducciones?
— Sí, puede financiar nuevos proyectos y no necesariamente tienen que ser coproducciones. Pero los cinco que estamos en CREAAR estamos interesados en las coproducciones porque, por ejemplo, te da la posibilidad de estrenar en otro país y uno hace películas para que el público las vea, no para que terminen en tu casa o en youtube. Me parece que con este grupo sí estamos interesados en producir otro proyecto pero siempre pensando hacia afuera como para ver las cosas de otra manera, ver temas que no sean estrictamente locales y salir de la dependencia del INCAA.420202_495865397138916_1189183122_n - copia

— Para empezar con Tango suomi, ¿sabías de la cultura tanguera de Finlandia?
— Sabía relativamente que escuchaban tangos. Pero pensaba “qué raros estos finlandeses escuchando tangos argentinos”. Y en realidad eran tangos finlandeses, propios de ellos. El primer tango finlandés es de 1927, se van a cumplir dentro de poco cien años.

— ¿Y cuándo empezaste a pensar que ahí había una posible película?
— En 2010 ya tenía la idea del documental y a los dos meses viajamos. Empezamos a filmar a medida que avanzaba la investigación. Principalmente porque teníamos una costosa barrera que eran los viajes: no tenía muchas oportunidades de ir a Finlandia, solo una en principio, entonces no podía ir allá a investigar y después volver para filmar.

— ¿Cuántas veces pudieron viajar a Finlandia?
— Dos veces. El primer viaje fue en 2010. Fuimos con un camarógrafo finlandés y un sonidista. Estuvimos diez días y grabamos en Helsinki y Tampere. Después nos volvimos y me quedaban un montón de cosas sueltas. Por ejemplo, fuimos en septiembre y no había nieve como para dar cuenta de algo distintivo de Finlandia y que marca una diferencia con la cultura argentina. Sin embargo, ese primer viaje me sirvió para investigar allá y me volví con la idea de que tenía que volver aunque no estaba segura de poder hacerse. En 2013 fue el segundo viaje cuando Pertti organizó una gira por el interior de Finlandia. Ahí viajé sola durante cuarenta días. En todas esas entrevistas hice cámara y sonido a la vez. Fue difícil pero estuvo bueno como experiencia.

— ¿Había un interés por retratar a los jóvenes?
— Sí, porque creo que hay un resurgimiento del tango en la cultura finlandesa gracias a los jóvenes. Y es un movimiento parecido al que pasó en Argentina. En ambos países, hubo un momento donde se pensaba que el tango “era cosa de viejos”. La primera vez que viajé allá me di cuenta que había pequeños movimientos de jóvenes que querían aprender a bailar tango argentino. O milongas exclusivas de tango argentino. Una de las entrevistadas, Johanna, es compositora de tango y tiene mucha influencia de Piazzola. Entonces me parecía importante comparar ese resurgimiento con lo que pasa ahora en Argentina.

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