El encierro desde otro ladoEl equipo de producción de "Interiores" propone la realización de un taller de Musicoterapia en la cárcel de Magdalena para observar lo que allí sucede.

Dos mujeres, una de ellas con una barba maquillada, interpretan “Olvídame y pega la vuelta” de los Pimpinela. Las participantes de este taller de Musicoterapia ríen junto al dúo de cantantes y, por un momento, se olvidan que están dentro de una cárcel. La escena corresponde a Interiores, la tercera película de Fito Pochat que comenzó su carrera cinematográfica ‘de grande’, a los 35 años.

Al comienzo del film, una serie de intertítulos anuncian que el equipo de producción del documental propone desarrollar este taller de Musicoterapia en la cárcel de mujeres de Magdalena. De esta manera, Interiores vislumbra su carácter participativo retratando algo que, de no existir el documental, no tendría lugar. Sin embargo, ese inicio donde se destaca lo participativo irá cediéndole terreno a la observación para centrarse en las charlas que se desenvuelven en el taller.Interiores

La cámara de Pochat, entonces, se detiene a observar esas sesiones de Musicoterapia donde nueve mujeres privadas de su libertad se dan cita una vez por semana con Patricia, la terapeuta, en reuniones cargadas de emotividad. Allí, se prepara el terreno para construir vínculos intensos mediante un trabajo que incluye ejercicios actorales, instrumentos musicales, cantos y, sobre todo, mucho diálogo.

Resulta interesante que, siendo el territorio del documental una institución carcelaria, el espacio del film no replique las típicas imágenes (y sonidos) que se tienen de ella. Salvo escenas fugaces donde aparecen dos guardias abriendo rejas que clausuran pasillos o el plano general que encuadra el penal, casi la totalidad del film se desarrolla en un espacio que remite más a un aula de escuela que a una penal. De esta forma, Pochat propone una construcción discursiva sin caer en la denuncia miserabilista de ‘lo que sucede dentro de las cárceles’ optando por poner en pantalla otro escenario. A su vez, el registro observacional desafía al espectador para que constantemente reflexione respecto a las experiencias cargadas de violencia que cargan en su memoria las protagonistas.

El espectador escucha los relatos del maltrato sufrido por Jazmín, Yanina y Perla, los deseos de ver a la madre de Florencia y los consejos de Silvia. En ocasiones, la voluntad por olvidar un pasado tormentoso no puede contra la necesidad de contar lo que les sucedió. Entre ese decir y no decir, Yanina gana terreno en pantalla contando sus duras historias pero sin bajar la sonrisa, una expresión que prefiere a la del llanto. Sin embargo, no todas sus narraciones son amargas: también cuenta que conoció a un chico mediante cartas o que tuvo un encuentro en la que logró sentirse como Pamela David, despertando su risa, la de sus compañeras y, claro, la de los espectadores.

Durante sus 69 minutos, Interiores prioriza a sus nueve protagonistas dejando fuera de campo a los realizadores y la terapeuta a quienes vemos (o sentimos) sólo en el comienzo. En esos minutos iniciales, que funcionan como las primeras reuniones de este grupo, se presentan tanto las participantes, como los camarógrafos y la terapeuta. De esta manera, el film exhibe el contrato ético del documental, donde lo registrado cuenta con el aval de los personajes.

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