La lupa sobre el golpe que no fueEl director Sergio Wolf presenta un thriller político para narrar uno de los episodios más tensos de la de democracia argentina, la Semana Santa de 1987.

Una imagen difusa del hombre de bigotes y traje gris que hizo una promesa frente a la Plaza de Mayo repleta. El padre de la democracia, Raúl Alfonsín. Aunque esas sean una imagen y una definición que presenta el documental, la película del director, crítico y ensayista Sergio Wolf no se centra en la figura del presidente que inauguró el período más largo de democracia en nuestro país. Esto no es un golpe es una crónica detallada -y no exenta de polémica- sobre los cuatro días agitados de una Semana Santa que hizo caminar a la Argentina por un vía crucis hasta escuchar un Felices Pascuas que abrió interrogantes sobre el gobierno alfonsinista y el juzgamiento de militares.

En la película, el director Sergio Wolf (Yo no sé qué me han hecho tus ojosEl color que cayo del cielo, Viviré con tu recuerdo) se presenta como un testigo de la época con preguntas que tuvieron su origen en el segundo discurso de Raúl Alfonsín, aquel que brindó luego de su reunión con los carapintadas. Desde esa perspectiva desdobla su trabajo: por un lado, en el rol de entrevistador, donde choca con sus propias dudas y las versiones opuestas de los testigos de época; por otro, como narrador, avanza en los hechos a la vez que imprime marcas ideológicas.

Las entrevistas establecen dos bandos bien definidos, los funcionarios del gobierno alfonsinista y los ex militares carapintadas. Wolf expone y deja en claro que el relato construido por los entrevistados es subjetivo, cada quien cuenta los acontecimientos a su medida y piacere. Sucede especialmente con la figura del excarapintada Aldo Rico, quién construyó un personaje cómico para los sets de televisión que -pese al tono de la película- saca a relucir frente a cada pregunta y re pregunta.

Esto no es un golpe presenta un relato pormenorizado de los hechos sucedidos del jueves 16 al domingo 19 de abril de 1987, pero con algunos llamados de atención. La profundidad de la investigación se advierte en el relato de los funcionarios que se armaron para proteger al presidente en caso de un ataque a la Casa de Gobierno y en el hallazgo del material audiovisual en el que el ex presidente Alfonsín da cuenta a un par de medios acerca de los puntos abordados en la reunión con Aldo Rico. Sin embargo, la ideología expuesta en la narración evidencia algunos problemas en el análisis.

plaza alfonsin carapintadas

En el primer discurso de Alfonsín aquel domingo de Pascuas, Wolf concentra la atención sobre los cantitos de la muchedumbre que concurrió a Plaza de Mayo a apoyar al presidente y a la democracia. En este punto, el director relata que fue “la izquierda” la que le apuntó al mandatario con “esto pasa por el Punto Final” y que luego, el resto de los presentes respondieron con “¡Alfonsín! ¡Alfonsín! ¡Alfonsín!”. El detalle de los cantos, como si la Plaza se hubiera convertido en una cancha de fútbol con dos hinchadas de cada lado, es una observación interesante pero problemática. ¿De qué izquierda habla el director? ¿Cómo se componía esa izquierda? ¿Todos los que luego cantaron ‘¡Alfonsín!’ estaban a favor de la Ley de Punto Final?

En línea con lo anterior, en una secuencia de placas final, el documental sintetiza las consecuencias del pseudo golpe y la situación actual de los protagonistas, como el caso del mayor Ernesto Barreiro, el militar que activó la estrategia carapintada en Córdoba y que fue condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad recién en 2016. En esos textos, al abordar las actuaciones de los distintos gobiernos democráticos, se instala la polémica. Los ex mandatarios Alfonsín y Menem son sujetos de oraciones, uno como padre de la democracia y otro como responsable de los indultos. Sin embargo, el director señala la caída de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final sin responsables de tamañas decisiones. Pareciera que la Corte Suprema de Justicia y los gobiernos kirchneristas no califican como sujetos. No es menor el detalle, y más allá de la posición válida del director, omitir es también reescribir la historia. ¿Habrá sido por el cambio de época?

El documental con tono de thriller político realza a la vez que critica la figura de Raúl Alfonsín, se presenta con una estética noble, entrevistas prolijas y planos secuencias por los mismos lugares del presente que el material de archivo se ocupa de revivir del ayer. La película formará parte del material valioso del recuerdo de Semana Santa de 1987, pero las imprecisiones pensadas en clave política lo ponen bajo la necesidad de criticarlo en profundidad y más allá de los aspectos técnicos audiovisuales. Valgan estos llamados de atención a un documental interesante y dinámico que posiblemente llegará a las escuelas.

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