El silencio también tiene contradiccionesAndrea Schellemberg indaga sobre la formación de los futuros oficiales del ejército argentino en "Palabras pendientes".

En una lección oral, dos profesores le preguntan a un alumno qué es un exterminio. Los planos cortos captan la tensión de los tres personajes de la escena: por un lado, los profesores que esperan la respuesta con cierta preocupación; por el otro, el estudiante que balbucea y pasea una mano por su cara. Los profesores, en su intento por ayudarlo, reformulan la pregunta: “A ver, ¿qué es lo que pretendo con un exterminio?”. La respuesta llega de inmediato pero encenderá todas las alarmas: “Imponer respeto…”.

Para comprender el cuadro total falta algo esencial: el contexto. La escena ocurre en el Colegio Militar y ese estudiante, el día de mañana, será un oficial del ejército. La directora, Andrea Schellemberg, detiene su mirada sobre las singulares clases de ese instituto en Palabras pendientes para desentrañar cómo se imparten los contenidos relacionados con derechos humanos en esas aulas.

Conviene, en este punto, hacer un poco de historia y remontarse al año 2008 cuando el Ministerio de Defensa cambió el programa de estudio en los Institutos Militares para intentar transformar su construcción cultural e ideológica. En ese marco, comienzan a dictarse contenidos relacionados a los derechos humanos en el Colegio Militar. Allí, en agosto de 2010, Schellemberg, con la compañía de Diego Gachassín en cámara (director de Habitación disponible Los cuerpos dóciles), comenzó a registrar las clases de Derecho Internacional Humanitario e Historia Militar Argentina y entrevistó a estudiantes, profesores y al, por entonces, director del Colegio Militar, Bari del Valle Sosa.

A pesar de la reforma, el silencio en algunas aulas perdura y las contradicciones respecto a los crímenes cometidos por la última dictadura militar no tardan en llegar. En una entrevista al profesor de Historia Militar, Jorge Vigo, la directora intercede para preguntarle por qué no habla de aquellos crímenes en sus clases cuando el programa de su materia lo invita a hacerlo. Vigo, en una respuesta que dura alrededor de dos minutos –aunque con algunos cortes-, responde: “si bien está claro que estuvo mal, sigue siendo un tema poco claro”. Más allá de la literal contradicción, lo que resulta claro en el rodeo discursivo del profesor es que el tema molesta y que prefiere el silencio antes que exponer a sus alumnos lo sentenciado en los juicios de lesa humanidad y, así, interpelar a los futuros oficiales del ejército para que no cometan las mismas atrocidades.

En la clase de Derecho Internacional Humanitario, por su parte, los debates parecen tener mayor espacio siendo uno de sus temas la desaparición forzada de personas. Al respecto, el profesor Ricardo Irigoin argumenta sobre las responsabilidades del Estado amparándose en los tratados internacionales con garantía constitucional. Allí, un estudiante expresa una duda –que, a su vez, cuenta con la sonrisa cómplice de una compañera que pareciera avalar la pregunta-:

Palabras pendientes 3— En el caso de un golpe de Estado donde se suprimen las garantías constitucionales, ¿cómo funcionan los tratados de Derechos Humanos?

— Los tratados expresamente nos dicen que rigen en tiempos de paz y de guerra. No se admiten violaciones a los derechos humanos ni siquiera en tiempos de guerra. Si hay una situación en donde no existe un gobierno constitucional, eso no significa que no haya que respetar los derechos humanos.

El análisis, luego de diálogos como este, puede abarcar múltiples incógnitas: ¿Por qué pregunta por el caso específico de un gobierno que accede por medio de un golpe? ¿Hay una necesidad de hablar sobre lo ocurrido? ¿Qué significan esas leyes y tratados para un futuro militar argentino? En estas escenas observacionales, la película encuentra su material más potente proponiéndole al espectador un espacio de reflexión -a diferencia del uso que hace de la voz en off- y donde los retratados exponen sus creencias con mayor soltura.

Por otro lado, la utilización de la entrevista directa permite encontrar nuevas contradicciones, ya sea en sus propios dichos como también en el momento de contraponerlos con escenas observacionales. De esta manera, un cadete puede mostrar un discurso humanitario a cámara pero sólo hallar silencio al momento de hablar de violaciones a los derechos humanos en un examen.

Los 70 minutos de Palabras pendientes no dejan de ser una sorpresa. El sólo hecho de poder ingresar, aunque sea a través de la pantalla, a esa institución y escuchar a sus protagonistas la hace interesante. Los cambios ideológicos de una institución sin duda son largos y la reforma de un programa curricular puede ayudar pero hay tensiones y luchas internas que dificultan su transformación, más aún si desde los poderes actuales se sancionan fallos como el 2×1 a genocidas o se mira para otro lado ante una desaparición forzada como la de Santiago Maldonado.

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