El viaje que se convirtió en mitoNicolás Herzog retrata la estadía de Antoine de Saint-Exupéry en Concordia que lo habría inspirado para crear "El Principito".

Todo mito, historia o leyenda puede servir para cohesionar a los pobladores de un lugar y hacerlos sentir como parte de un todo. En el acto, predominantemente oral, de transmisión de esa historia es que un pueblo se estructura como tal. Y, quizás por esta oralidad, el mito presenta sus fisuras, contradicciones, no se comporta como un todo homogéneo.

Los pobladores de Concordia, Entre Ríos, cuentan que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en un viaje a esas tierras para crear su obra más conocida, El principito. Es que en 1930, cuando Saint-Exupéry tuvo un desperfecto en su avioneta Latecoere-Late 25, aterrizó en el pueblo entrerriano y conoció a dos pequeñas de familia francesa, Edda y Suzzane Fuchs, de 10 y 15 años, respectivamente. Los padres de las pequeñas invitaron al piloto a quedarse en el castillo San Carlos donde vivían y allí se alojó por más de un año.

Nicolás Herzog presenta las múltiples capas de sentido de esta historia en Vuelo nocturno. Como si fuese un policial donde se busca develar una verdad, el director va tras los rastros de Saint-Exupéry para esclarecer (o no) el peso que tuvo en su obra aquel viaje a Concordia y la relación que estableció con las “princesitas argentinas”. Así, Herzog incluye entrevistas a historiadores, guías de turismo, trabajadores del derruido castillo y un valioso material de archivo donde se aprecian las voces de Edda Fuchs, la poco conocida película Oasis de Danilo Lavigne y una serie de audios que le envió Saint-Exupery al director Jean Renoir para hacer un film sobre su libro Tierra de hombres.Vuelo nocturno 2

A este material de archivo sonoro, Herzog lo acompaña en imagen con una ficcionalización registrada en súper 8 y en blanco y negro. En ellas, Agustina Schemberger y Mora Solana Zorokin interpretan a Edda y Suzzane Fuchs: corren, juegan, miran a cámara como si quien las retratara fuera el propio Saint-Exupéry.

Esas miradas no son ingenuas. Es que parte del mito indica que el aviador estaba enamorado de las “princesitas”. Otorgándole una buena cuota de misterio a esta historia de amor imposible, Edda Fuchs en una entrevista que dio para un documental francés en los ’60 declaró que Saint-Exupéry, antes de despedirse, le dijo que nunca se casaría. Una especie de maldición que pareciera haber cumplido sin pesar.

La textura de esas escenas con mezcla de ficción es completada con una música, compuesta para el film por Ezequiel Luka y Gerardo Morel, que termina de representar el enigmático rastro del autor de El principito en Concordia. Si en las secuencias de entrevistas la película arroja ciertas certezas, en estas el discurso se enrarece, no tiene pretensión de ser una verdad.

A su vez, profundizando la raíz histórica, el director viaja a Francia y conoce a la familia del piloto y el castillo Saint Maurice Remens donde pasó su infancia. También presenta su estadía por la ciudad de Buenos Aires cuando se alojó en la Galería Güemes. Con fluidez, y con planos aéreos como si se tratasen de las vistas que tiene un aviador, el director nos traslada de un escenario a otro a lo largo de los 71 minutos del film.

Como hiciera en su ópera prima, Orquesta roja, Nicolás Herzog vuelve a presentar un rasgo particular de Concordia. En esta ocasión, el director se adentra en el mito de Saint-Exupéry que forma parte de la identidad del pueblo y que, a su vez, lo reproduce por medio de carnavales, visitas guiadas y hasta una obra teatral en el castillo San Carlos. Con Vuelo nocturno, Herzog no cae en la reivindicación del mito ni intenta derribarlo: lo contempla, respetuosamente, sembrando misterios, por momentos, y esclareciendo la historia, en otros.

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