El viejo, el puerto y el marEl paisaje de la costa de Chubut y la pesca de langostinos. Una exploración de las diferentes historias y voces de la gran familia del puerto de Rawson.

En la inmensidad del mar de la Patagonia, en la soledad de un barco un puñado de marineros y su capitán tiran de sogas, redes y cadenas. El premio, la red llena de langostinos. “Están un poco mejor que ayer, más limpios”, dicen. De regreso al puerto, el botín se convierte en un negocio que beneficia a toda una cadena de actores, desde las grandes empresas hasta los “patea puertos”.

El director Gastón Klingenfeld se embarcó en el “Pica I” y en un documental que muestra la belleza de Puerto Rawson. Historias de una familia de pescadores, marineros y mujeres que ya no quieren acercarse al mar. Y el Legado del mar que se transmite de generación en generación.

— La película tiene un comienzo con un montaje rítmico muy atractivo, ¿es realmente así el puerto?
— Filmamos en dos puertos, Puerto Camarones y Puerto Rawson, en este último filmamos casi toda la película. La temporada del langostino dura tres meses y no para ni de día ni de noche, es 7 por 24. Los días en que no se ve actividad son aquellos en que el clima no lo permite, pero hay tanta presión comercial que muchos igual arriesgan a salir al mar.

— No se ven imágenes con el mar embravecido, ¿qué pasa en esos días?
— No me embarqué en esas condiciones y en el caso de la familia Iglesias, ellos pueden tomar ciertas decisiones porque son dueños del barco. Juan dice que el puerto cambió, baja línea de que todo tiempo pasado fue mejor. La exportación y los empresarios que compraron los barcos e industrializaron el puerto obligan a salir en condiciones climatológicas que no son aptas para pescar. Así es que sobrevienen naufragios y pérdidas humanas.

— De esas pérdidas hablan las mujeres, ¿cómo lograste ese contacto con ellas?
— No pensaba en hablar con ellas porque no se las ve en el puerto. Había visto una o dos marineras laburar a la par con hombres, pero después no pude hablar. Un día pateando el muelle me encontré con una mujer, madre de un chico que sufrió un naufragio y está desaparecido en el mar. Ahí el documental tuvo un vuelco, un giro hacia el costado más humano.

— Esas historias dividen el documental en dos partes, ¿ lo pensaste así?
— La idea era hacer el retrato de un puerto, con un relato coral con distintos personajes que cuenten el puerto en un momento y tiempo determinado. Ese retrato coral está en la primera parte, quizás un poco forzado. Haciendo autocrítica siento que la película se parte en dos, con un viaje más podría haber hecho una transición más suave o un relato con una estructura más clásica: presentar un tema, desarrollarlo y cerrarlo bien. El presupuesto no permitió hacer otro viaje y pensamos en hacer lo mejor con el material que filmamos.

— ¿Podría haber sido un documental de personaje, uno sobre Juan Iglesias?
— Tenía una película planteada con un personaje que después se jubiló, después apareció la familia Iglesias para poder contar estas historias. Juan es un tipo medio gitano, por eso la alusión a la música klezmer y a la música balcánica. Vive frente al puerto y de una forma que le abre la puerta de su casa a todo el mundo. Mi intención fue dosificarlo para que no quede como el lobo de mar pintoresco. No hay más lobo de mar que él. Hay una anécdota que no está en el documental. En la casa de Juan se reunió su familia para pasar la Navidad, ellos estaban sentados en la mesa y los lobos marinos adentro, al lado de los perros. Juan tiene los lobos marinos domesticados.

— Hay otros personajes, “patea puertos” que viven de la venta del langostino en la ruta, ¿cómo se da esa situación?
— El puerto genera un movimiento económico gigante. Todo el volumen de pesca está oficializado, se saca con guinches a las camiones en la boca del muelle para cargar cajones. Pero a la vez hay langostino que se cae. Hay muchos kilos sueltos. Hay un acuerdo tácito entre los dueños de los barcos y los “carancheros”, una vez hecha la descarga suben a cubierta y cargan los restos en un baldecito. A los dueños les sirve para limpiar el barco y que no les quede pescado podrido. Vienen personajes que en su vida tocaron agua salada. Patean el muelle y hasta conseguir trabajo van con el baldecito para ganar unos pesos.

legado del mar camara— Hay planos con mucha estética visual, hay planos largos y planos detalle con la cámara ubicada en lugares muy pensados, ¿cómo fue ese trabajo?
— Fue una gran tarea en conjunto con Nicolás Richart, el director de fotografía, con quien trabajo hace cuatro años. Nicolás tiene un ojo prodigio para encuadrar. En mi caso, estoy ligado al documental y al docu-reality, pasé por “Policías en acción” y por varios formatos de cámara muy cruda. Me gusta ver el objeto crudo y poder mostrar belleza. Para mi un langostino, verlo en su esencia dentro de todo el cardumen arriba de un barco o cuando se lo corta en la mesa, para mi, eso es bello, o también es tratar de mostrar el langostino de forma bella, con una linda luz del atardecer.

— ¿Qué devolución tuviste de la gente que vio la película en el sur del país?
— Nosotros estrenamos la película en Rawson a finales de marzo. Para la familia Iglesias fue emocionante verse en una pantalla. La primera imagen que vieron de su barco la vieron llorando. Un barco que tiene sesenta y pico de años y que hoy sigue trabajando. Fue fuerte para ellos y para la familia del puerto.

Hasta ahora la película tuvo cuatro funciones a las que fueron más de 600 personas, para un cine de una localidad como Rawson es muchísima gente. Algunos comentarios me impactaron. Una señora mayor que no está vinculada al puerto me dijo ‘no lo puedo creer, vivo hace 40 años en este lugar y no sabía que esto pasaba acá’. Eso me impresionó, la idea de despertarles inquietud acerca de algo que pasa a cinco minutos de sus casas.

— Además de la actividad frenética del puerto y de sus personajes se ve el pasaje de oficios entre generaciones…
— Quise mostrar cómo es que el legado del mar se da en todo aspecto. A la noche está el señor que está fileteando pescado al lado de la ruta junto a su hijo de 7-8  años. Si bien les toca filetear, ves al padre y al hijo haciendo lo mismo. Son oficios que se van legando donde te toque. El que no tiene el interés o la posibilidad de moverse, queda en ese linaje familiar. Lo dicen Leo y Juan Iglesias, en especial Juan que dice ‘ yo nací en un puerto, astronauta no iba a ser’.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Website