Esculpir en el cerroCon los recursos propios del cine, "La nostalgia del centauro" retrata a una pareja que vive en los cerros tucumanos y, a partir de allí, trae al debate lo gauchesco y la cultura nacional.


En algún lugar de los cerros tucumanos, bajo un cielo completamente estrellado imposible de ver en cualquier gran ciudad, viven Juan Armando Soria y Alba Rosa Díaz. Sobre ellos se centra Nicolás Torchinsky para hacer La nostalgia del centauro, un documental con una pensada puesta en escena que brinda retazos no sólo sobre la relación entre los protagonistas sino también sobre la cultura gauchesca.

El sonido de una respiración fuerte, casi como un ronquido, se mezcla con la imagen de un caballo negro. Apenas iluminado por las estrellas, la luna y el fuego, el gaucho Soria hace su presentación recitando unas coplas. Las leñas crepitean mientras los grillos y las luciérnagas completan el espacio. Pero, donde hubo fuego, cenizas quedan. Ya de mañana, el monte está cubierto por una neblina. La espesura hace difícil divisar que por allí camina alguien. Ella es Alba, la esposa de Juan, quien avanzará hasta las consumadas brasas y las removerá delicadamente. La relación entre ellos parece distante y así lo notará la imagen de la película, separándolos en cada plano. Con pocos elementos, Torchinsky diagrama en las primeras escenas un conjunto de cuestiones que luego desarrollará. “No pienso en términos rigurosos de documental y ficción. Para mí, un buen documental tiene algo de ficción y una buena ficción algo de documental. De alguna manera, me pareció como muy natural el encuentro entre materiales”, advierte el director.

Juan Soria encarna una tradición gauchesca en vías de extinción. “Ya no tengo con quién pechear”, lamenta al recordar que muchos de los compañeros de vida con quienes solía pasar el tiempo ya no están. Esta tradición, sin embargo, forma parte de la identidad nacional forjada en el siglo XIX con la creación del Estado-nación argentino y se mantiene viva en actos oficiales y un conjunto de rituales, como el asado, donde la figura del gaucho retorna pero resignificada. Torchinsky pareciera sugerir, por medio de imágenes y sonidos, una dialéctica entre el gaucho Soria y el prototípico imaginado: mientras el primero sería el último representante vivo de lo gauchesco, el segundo pareciera ser un ícono frío, atemporal, creado a partir de imágenes dóciles de la revista Billiken. El sonido de moscas sobre la carne de un asado nos remite a la descomposición de una tradición de la que sólo quedan algunos signos pero alejados de su raíz histórica. En otra escena, el prototipo del gaucho desfila en un acto oficial montado a caballo y portando banderas argentinas e insignias de la Iglesia Católica. Esta vuelta de lo gauchesco parece impostada. Hay algo inquietante y Torchinsky nos lo hace saber a partir del sonido de unos caballos relinchando. ¿Representarían una queja de estos al tener que formar parte de la farsa? “El diseño de sonido era lo que permitía el cruce de materiales. Nosotros nos imaginábamos cómo íbamos a hacer para ligar tanto escenas como materiales y, en ese cruce, creo que se da la vida de la película”, analiza el autor.

Respecto a los recursos audiovisuales de la película, uno que parece predominar es el de la puesta en escena. “En la filmación tomamos decisiones muy claras, como ese momento donde están marcando a las cabritas. Yo sabía que quería determinado tipo de plano para que los personajes que están alrededor fueran como espectros”, detalla Torchinsky. Así, en imagen, vemos la espalda del gaucho mientras los protagonistas de la acción permanecen fuera de campo evitando una escena que explicaría cómo se hace esa práctica.  

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El caballo tiene un lugar fundamental en la cultura gauchesca y el film lo advierte con una frase de Atahualpa Yupanqui: “Dicen que un hombre de a pié es sólo la mitad de un gaucho”. Juan y Alba, en las únicas entrevistas que darán para la película, dan cuenta de la importancia que tiene para el primero este animal. “Plata que tenía, plata que gastaba en comprar caballos”, dice la mujer. El caballo sería, para Juan, su objeto del deseo. Ese sueño, que marca uno de los hilos del relato del film, funciona también como el recuerdo de un tiempo pasado que no volverá. Una secuencia onírica representará el encuentro entre ellos.

Caballos, la bruma sobre un paisaje rural, la palabra nostalgia en el título. Todas estas parecieran ser referencias al cine de Andrei Tarkovski. La duración de los planos también podría interpretarse desde las ideas del director soviético quien creía que lo propiamente artístico del cine era el tiempo dentro de los planos, encargado de marcar el ritmo de la dramaturgia. Y así Torchinsky, como dirían las coplas de Soria, lo va mensurando.

Como decíamos, hay dos breves entrevistas en la película, una por cada protagonista. “Funcionan como parte del proceso de desidealización de los personajes y, a la vez, para darles la oportunidad de hablar”, afirma el director. En ellas observamos otro rasgo de la cultura gauchesca: el machismo. Por un lado, Alba recuerda que, en el pasado, Juan se iba durante meses, dejándola sola y, en ocasiones, sin nada para comer. Juan, por su parte, comienza recordando sus años de soltero para después afirmar: “Tuve que decidir mi situación. Agarré a esa señora que ven al lado mío y le regalé mi apellido”. Allí, el director, marcando cierta distancia, le pregunta qué le dio su mujer: “Algunos hijos y la atención: la ropa, la comida”, responde. Rasgos de una tradición que creemos extinta pero que perduran en nuestra cultura actual, quizás bajo discursos no tan directos.

La función poética predomina, claramente, sobre las otras. El director crea metáforas a partir de imágenes y sonidos, dejando abiertas sus interpretaciones y sin clausurar el sentido. La nostalgia del centauro no es una película con fines didácticos que presente ideas acabadas sobre lo que realmente es un gaucho ni sobre cómo es fehacientemente la relación entre dos ancianos que han convivido casi toda su vida. Sin embargo, el film de Torchinsky invita a reflexionar sobre esos aspectos desde nuestro presente, abriendo preguntas con recursos cinematográficos.

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