La inaprensible realidadStéphane Breton presentó su último film estrenado en Locarno, "Hijas del fuego", en la apertura del 17° Doc Buenos Aires. El director y cineasta aportó reflexiones sobre su film, el género documental y la circulación de imágenes.

Dos soldadas del ejército kurdo caminan por una zona descampada en las cercanías de una ruta. Observan que un perro intenta sacar algo enterrado. Ellas se acercan y, al ver que era el cuerpo de un soldado islámico, alejan al perro y comienzan a taparlo para que ningún otro animal se coma sus restos. Así comienza Hijas del fuego de Stéphane Breton, un film que observa la guerra desde un costado más humano, diferente a los sentidos que de ella circulan en los medios masivos de comunicación.

El film construye un relato coral siguiendo a distintas mujeres que comandan grupos en el frente de batalla. Aquí, desde el punto de vista del contenido, dos cosas llaman la atención: por un lado, ningún kurdo cuestiona la autoridad de esas mujeres, en una clara oposición al rol que le asigna la cultura islámica al género femenino. Por otro lado, estos jóvenes militares no tienen el trato típicamente rígido de los ejércitos sino uno más ameno, fraternal. “Hay que decir que son voluntarios y se alistan de por vida renunciando a todo, particularmente al amor”, destacó el director en el debate posterior a la proyección que abrió el Doc Buenos Aires. “Hay algo muy dulce en ellos y en esas mujeres. No son fanáticos, ni hay exaltación, son muy calmos y eso es lo que yo quise mostrar: esa dulzura y esa tranquilidad que existía en esa guerra tan cruel”, profundizó Breton.Hijas del fuego

En Hijas del fuego, el combate directo está fuera de campo, sólo accedemos a él a través del relato oral de una soldada. Porque, ¿cómo accedemos, si no es por el relato de otros, a las concepciones que tenemos de la guerra? De esta manera, el punto de vista y la forma de narrar de Breton actúan como una crítica al sistema de imágenes massmediático que configura las ideas que portamos de lo bélico. “Los extractos de combates que vemos en la televisión son una puesta en escena. La guerra no se filma porque, en realidad, hay muy poco para filmar: gente que tira de un lado o del otro. Lo que sabemos de la guerra es un mito”, reflexiona el antropólogo y cineasta francés.

En la conjunción entre entender las particularidades de la cultura kurda y la forma de ponerlos en pantalla es donde Hijas del fuego encuentra su valor más alto. El director deja que sus retratadas hablen y se expresen. Las largas escenas observacionales construyen el letargo entre un combate y otro mientras da cuenta del espacio eminentemente rural. La ausencia de una voz en off explicativa exige la reflexión del espectador para completar el discurso. Sin embargo, lo que podríamos creer que es una construcción naturalista se rompe con la inserción de música extradiegética que aporta misterio y nos recuerda que lo que estamos viendo no es la realidad en sí sino una película, una representación.

“Quise hacer una película para mostrar quiénes eran y no qué era lo que estaba pasando”, afirma Breton. “Detesto las entrevistas, en la vida no hay entrevistas, es algo de la televisión. Creo que la diferencia entre el documental y el reportaje es que el documental está interesado por el tiempo cosa que el reportaje no”, dice el director que luego agrega: “Otra diferencia es que el documental muestra lo que uno ve y el reportaje lo que uno no vio. Encuentro algo muy interesante en mirar cosas sin comprenderlas del todo porque esa es nuestra vida. Hay muchas cosas que uno no comprende sino en parte. Cuando uno se concentra en el tiempo de la vida y de las cosas hay necesariamente un saber que nos falta, que no tenemos. Y que lo completamos con nuestros sentimientos. Eso es lo que yo quiero hacer”.

“Entiendo que contentarnos con mirar cosas que no comprendemos puede ser desestabilizador pero creo que se pueden tomar las cosas desde otro punto de vista. Cuando eramos niños mirábamos de esa manera: uno no sabe pero siente. Creo que el documental debe mirarse un poco desde este lugar, uno no sabe del todo pero siente”, concluyó el director.

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