Crítica

Cultura del miedo, medios de comunicación y ataques de pánicoErnesto Ardito presenta, en su nuevo documental, una reflexión sobre el avance de los trastornos de ansiedad en la sociedad actual.

Charles Darwin sintió durante muchos años palpitaciones en el corazón. Le diagnosticaron erróneamente mal de Chagas, envenenamiento y enfermedades tropicales. Sin cura para su enfermedad, el científico se encerró en una casa porque sentía que su mal sea acrecentaba. Pasaron 150 años hasta que especialistas de una universidad en Iowa, Estados Unidos, determinaron que posiblemente Darwin haya sufrido un desorden mental con crisis de pánico. El dato, sobre el padre de la teoría evolucionista, lo aporta el director Ernesto Ardito en su película Ataque de pánico.

Temblores, ahogo, sudoración, palpitaciones, opresión en el cuerpo, náuseas, mareos, escalofríos , sofocaciones y despersonalización. La alarma se enciende una y otra vez. El peligro no es real pero los síntomas están. La crisis dura entre diez y viente minutos y ocurre en lugares inesperados. “La muerte no viene pero si su helada presencia”, dice la voz pausada del director que guía el camino a través de las incógnitas del ataque de pánico.

Pero la voz de Ardito no está sola, otras voces que podrían ser la de cualquier amigo o familiar Ataque de Panico 2nuestro cuentan en primera persona experiencias y contextos en que se lo sufre. El director —que también sufrió de ataques de pánico— demuestra así que el peso de lo que se dice puede ser superior al de lo que se ve. Las fotos y videos se presentan ilustrativos, aunque no menos inocentes en la tarea de afianzar conceptos e ideas en el espectador.

En su ensayo documental, Ardito conecta los ataques de pánico individuales con el pánico infundido desde el poder capitalista. Postula que la sociedad actual está dominada por la cultura del miedo, un producto que se canaliza a través de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación para causar pánico, según el director, a “escala de un totalitarismo global”. El miedo, dice, es infundido desde el poder para manipular a la sociedad actual y así obtener beneficios económicos y políticos.

Bajo esa premisa, los medios de comunicación no serían mediadores de la realidad, serían medios del miedo, es decir, mediadores de ataques de pánicos entre los hechos y la sociedad. En este punto, la película atiende sólo el lado de la producción de mensajes y descarta el modo en que las audiencias lo consumen. Si bien los medios de comunicación -desde noticieros hasta  películas, con diferente grado de alcance- son constructores de realidades, su eficacia no es tan lineal como se cree.

Por otro lado, el documental se apoya en destacados especialistas en psicología para explicar que un ataque de pánico se pone en marcha el sistema de alarma que nos pone a la defensiva frente a una amenaza o peligro. Pero en un ataque de pánico, ese miedo no es real, es aparente y surge a partir de la combinación de los factores genético, social y biológico. De esos tres factores habla en la película y desde la perspectiva cognitivo conductual Daniel Bogiaizian, doctor en psicología y Presidente de la Asociación Argentina de Trastornos por Ansiedad (AATA).

Si bien Ataque de pánico presenta un análisis desde la psicología por momentos trata la relación entre medios de comunicación y audiencias. En ese aspecto tal vez hubiese sido más conveniente recurrir a otras ciencias como la sociología o la comunicación. De todos modos, el documental expone y obliga a reflexionar sobre el modo dramático y exagerado que los medios utilizan para comunicar episodios violentos, tragedias y catástrofes en la sociedad de consumo y a observar que no se legisla sobre el tema. Y nos recuerda estar alertas, pero sin llegar al pánico inmovilizante, frente a las medidas de quienes gobiernan.

 

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