La farsa de lo realNéstor Frenkel indaga el micro mundo de premios amateurs en "Los ganadores", film que compitió en el 31° Festival de Mar del Plata.

Estamos interpelados por el éxito. En las redes sociales no proliferan fotos o estados que denoten tristeza sino más bien todo lo contrario: tenemos que ser alegres, felices, triunfadores natos. Una manera de aprender los modos de (auto)representarnos como personas exitosas está en el uso que ciertos “famosos” hacen de ese espacio virtual. Así, si una modelo agradece en una publicación la marca de ropa que la vistió, otras modelos no profesionales -quizás con un canje como único contrato- también lo hacen.

Este mismo mecanismo social parece ser el que motoriza una serie de premios amateurs que Néstor Frenkel pone en pantalla con Los ganadores. El documental, en tono de comedia, retrata todo un conjunto de premiaciones a periodistas prácticamente desconocidos pero necesitados de reconocimiento.

Al inicio del film, una voz en off locutada por Federico Figueroa se presenta como si fuese el realizador, desdoblando así la primera persona de este. Con esa locución, Frenkel explicita que llegó a este micro mundo de premios a partir del protagonista de Amateur, Jorge Mario, quien ganó tres premios Galena por su programa de radio.

Mediante entrevistas directas y observaciones generales, la película intenta despejar algunas incógnitas preliminares: qué trayectoria tienen estos premios, quiénes son los premiados, cómo son las entregas. Luego de estas indagaciones, la película se centra en uno de los ganadores de estos premios que a su vez organiza otro, los “Estampas de Buenos Aires”. Allí, la observación gana terreno para mostrarnos la extensa ceremonia de ocho horas donde se entregan 240 premios en el Club de Fomento Devoto Oeste.

Vestidos de trajes y pronunciando discursos Los ganadores Frenkel 3que ninguno de los presentes escucha, el acto remite a cualquier otra premiación institucionalizada que recordemos. Pero si algunas ceremonias enmascaran la forma de entregar los premios aquí se hace evidente: tras el enojo de algunos por no haber ganado nada, el organizador los tranquiliza diciéndoles que nadie se va de la entrega sin al menos un premio. Toda una farsa.

A pesar de ese hallazgo, algo inquieta en el documental de Frenkel. En primer término, hay relaciones de poder que no se pueden pasar por alto. Cualquier director está en un desnivel respecto a sus retratados. Así, cuando se encuadra fijamente a un personaje durante casi dos minutos con el sólo fin de perturbarlo para que el espectador se ría de esa persona que no sabe cómo escapar de la situación, el director está haciendo uso de ese poder (este plano reviste similares características a uno de Todo sobre el asado de Cohn y Duprat).

En segundo lugar, la película invita a pensar que hay premios que son una farsa como si los institucionalizados fueran verdaderos perdiéndose la chance de emparentar estas ceremonias como parte de una dialéctica del berretismo. ¿O acaso los “Martín Fierro” por tener copas y vasos de vidrio son ceremonias realmente legítimas? En este punto, parece fácil reírse de los “Estampas de Buenos Aires” sin desnaturalizar que todos los premios son portadores de una fantasía.

Salteando esas apreciaciones, se rescata una crítica de Frenkel a una sociedad que privilegia el éxito a cualquier costo. Los ganadores funciona como una comedia melancólica pues se presenta a este micro mundo como risueño aunque, en última instancia, hay más motivos para entristecerse que para alegrarse. En esta sociedad del espectáculo, pareciera no importar lo que hacemos sino el reconocimiento. Sólo hay que ganar un premio, sacarse una foto y subirla a nuestras redes sociales tal como nos indican los modelos del éxito.

Comentarios

comentarios