La vigencia de María Luisa BembergUna mirada desde el presente sobre dos cortometrajes de María Luisa Bemberg: "El mundo de la Mujer" y "Juguetes".

Desde hace un tiempo ha resurgido desde variadas temáticas y perspectivas la visibilidad de las mujeres como sujetas activas en diferentes áreas de producción y trabajo. Parecería que el feminismo, en ciertos sectores privilegiados de la población, se puso de moda. Todxs queremos mostrar nuestros pañuelos verdes, orgullosxs de apoyar la Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Y por otro lado, un personaje ambivalente de la televisión argentina como Jorge Rial también enseña “orgulloso” su pañuelito verde atado a su mano. De repente parece que las mujeres somos trending topic y el aborto se debate en un prime time televisivo, mientras la señora escucha la TV después de lavar los platos en su casa. Discutir sobre la posible funcionalidad de que ciertos discursos circulen en ámbitos de los mass media no es objeto del presente texto. Lo que sí pretende aclarar es que si hoy llevamos orgullosas las banderas del feminismo y hasta se debaten en programa de chimentos, también se lo debemos en parte a los años de lucha de otras mujeres que nos precedieron. Entre muchas de ellas, se encuentra María Luisa Bemberg, cineasta y feminista.

Su vasta trayectoria en el mundo del cine la recuerda por películas como Señora de Nadie (1982), Camila (1984), Yo la peor de Todas (1990), pero también cabe destacar sus dos primeros cortometrajes documentales El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978), donde por primera vez incursionó en el papel de directora, aparejados también a su rol como activista en organizaciones feministas que contaron con traspiés en su trayectoria -se avecinaban años oscuros para la historia argentina- pero que dejaron huellas en la historia del movimiento. A través de su guion para la película Señora de Nadie, un grupo de mujeres se empezaron a reunir para debatir y pensar estrategias de visibilización del papel de la mujer en la sociedad, animadas por debates y textos del feminismo de la segunda ola, como El segundo Sexo de Simone de Beauvoir, Male and Female de Margaret Mead, Política Sexual de Kate MIllet, entre otros. Hacia fines de la década del ´60 nace UFA, Unión Feminista Argentina, conformada por Bemberg, Alicia Dámico, Leonor Calvera, Hilda Rais, entre otras, como grupo de concientización sobre género, que realiza acciones junto al Movimiento de Liberación Femenina que instaura en esos años el debate sobre el aborto. Entre sus actividades contaban con volanteadas y conferencias que ponían el eje acerca del rol asignado a la mujer en la sociedad, criticando fuertemente al sistema patriarcal.

Corría el año 1972 en Argentina, y en la Sociedad Rural se organiza una exposición dedicada a la mujer: “Femimundo ´72. Exposición Internacional de la mujer y su mundo”. Varios tópicos recorrían la línea general del evento, que pueden resumirse en el consumo dedicado a la imagen corporal heteronormativa de las mujeres, la temática del ahorro y el consumo y la relación madre-hijo.

Frente a semejante evento, las miembras de UFA no lo dudaron y decidieron realizar acciones concretas en relación a esta mega exposición. Además de las integrantes entregando volantes en el predio de la Rural -como se puede observar en el mismo documental- realizaron un cortometraje de 17´ donde cuestionan todo aquello que discutían previamente en los encuentros de concientización de la grupa. La directora fue la propia Bemberg que, alentada por sus compañeras, iniciaba con este corto su carrera como directora. Se dispuso a filmar con su cámara de 16 mm los stands de la feria.

El mundo de la mujer - Bemberg.fw

Si hay algo que puede observarse en los fotogramas que componen El mundo de la Mujer es una sensación sofocante de encierro. De las mismas modelos como objetos expuestos para el consumo -el plano donde en una plataforma rotatoria entre maniquíes aparece una joven posando con una peluca verde es hilarante- hasta la selección de textos que narran las voces en off de mujeres: una versión de Disney de La Cenicienta, los temibles relatos de la revista Para Tí sobre cómo debían comportarse las mujeres para mantener a su marido feliz, y las propuestas de recorrido de los organizadores de Femimundo -esta vez, una voz en off masculina-. A través de la imagen y la palabra, y en tono irónico, Bemberg nos hace parte de su ojo crítico, con el que se cuestiona problemáticas como el trabajo doméstico y el cuidado del hogar -es en estos años cuando el concepto lo personal es político comienza a circular entre los grupos feministas-, como así también la dependencia económica y el lugar que el patriarcado impone a los hombres. Lo privado destinado a lo femenino, lo público es terreno de lo masculino. A través de primeros planos, donde la imagen se detiene, nos interpela sobre estas cuestiones. Ya sea por el detalle en que una mano masculina entrega dinero a su esposa, o los rostros de las mismas espectadoras y concurrentes de la feria, en contraposición a los rostros de las promotoras y modelos que trabajaron durante el evento.

Otro punto fundamental en el corto pone en foco la estetización y los parámetros que el mundo publicitario exigía -y exige- sobre nuestros cuerpos, parámetros de disciplinamiento social que mantienen el status quo de lo culturalmente impuesto. Femimundo cambiará algo en su vida, era el eslogan de la mega exposición. El mundo de la mujer pone la cámara en esa cuestión: Femimundo no cambia nada, sigue manteniendo la lógica del sistema, no deben existir más Femimundos. El ritmo vertiginoso con sonidos orgásmicos y la voz en off distorsionada de la locutora hacia el final del corto no hacen más que acrecentar esta sensación de ahogo imperante.

El relato de La cenicienta que se escucha en el film da cuenta también del interés de la directora sobre otro eje que desarrolla posteriormente en su segundo corto, Juguetes (1978): la ausencia en ese entonces – y por ahora también- de una educación con perspectiva de género, haciendo hincapié en la infancia y el uso de juguetes como primer lugar de imposición de dispositivos de opresión social. Utilizando recursos similares al film anterior remarca el concepto de la construcción sociocultural de los géneros. Entrevistó a más de 70 niñas y niños en la Feria del Juguete, llevada a cabo en la Sociedad Rural en 1977. Ante la pregunta qué querés ser cuando seas grande, los niños responden profesiones que se insertan en un ámbito ligado a altos rangos jerárquicos (ingeniero, ejecutivo, capitán de barco), en cambio la mayoría de las respuestas de las niñas corresponden a profesiones que se relacionan con las tareas de cuidado: maestra, enfermera, o médica. En otras palabras, la división sexual del trabajo.

La banda de sonido nos encierra como espectadores en un versionado arroz con leche donde se exige todo lo que debe ser una mujer, entrecortado por frases de grandes literatos que apoyan esta idea de inferioridad del género femenino -frases que a Bemberg le gustaba coleccionar en una libreta-. Si bien es menos inquisidor y con un final si se quiere más esperanzador -así lo dedica la directora a su nieta Bárbara, a quien vemos corretear en el corto-  que El Mundo de la Mujer, no dejan de resonar las lecturas de aquellas feministas de los 70. No se nace mujer, llega una serlo, frase de nuestra hermosa pensadora De Beauvoir deambula a lo largo de los 10 minutos que dura el corto: somos, también, la Otredad oprimida.

Tal vez haya un atisbo de crítica hacia las masculinidades que el propio sistema patriarcal impone, quizás un deseo no tanto de Bemberg pero que con el correr de los años y con las nuevas lecturas que hoy tenemos, podemos visualizar: los niños juegan con armas y son quienes jerárquicamente lideran el mundo, mientras las nenas se quedan en casa limpiando sus cocinas y siguiendo las directivas de las recetas, pero la imagen que contrasta esta estructura feliz es un gran cementerio lleno de tumbas.

El cine documental tiene una vasta trayectoria en nuestro país, especialmente el cine documental con connotaciones políticas. Los cortos de Bemberg forman parte de esa historia: no son solo films, son acciones políticas entreveradas en un marco de agitación social, donde el feminismo no se quedó atrás, pero como siempre, la historia insiste en callar. El nombre de María Luisa Bemberg no aparece entre la lista de grandes figuras de directores que conciben la estética cinematográfica como medio para dar cuenta de algunas cuestiones políticas e ideológicas, pero sin embargo marcó una huella importante en la formación de movimientos que agitaron las conciencias y promovieron los derechos de las mujeres y se hicieron escuchar en un mundo regido por hombres. A través del cine, supieron dar un mensaje cuestionador, que problematizó situaciones que aún hoy sufrimos las mujeres. Sus cortometrajes circularon no solo por festivales internacionales, sino también en escuelas, iglesias y clubes de barrio. No hay duda que tenían en mente una bajada de línea y una intencionalidad de lo que pretendían contar. El manifiesto de UFA lo demuestra:

“La discriminación sexual y salarial, la marginación política, la patria potestad, la subordinación económica, la dependencia marital, los quehaceres domésticos no remunerados, la esclavitud de estos quehaceres no compartidos con el varón sumados a un trabajo fuera del hogar, el embarazo no deseado, la erotización comercializada de la mujer, una moral diferente para cada sexo. Estas son alguna de las notorias diferencias. Mientras subsistan es imposible que la mujer se considere y sea considerada un ser humano completo. Nos han hechos rivales. Nosotras nos descubrimos hermanas. Hacemos un llamado a todas las mujeres sin discriminación social, política, cultural o generacional para que se solidaricen con este movimiento que tiene como primer objetivo crear una conciencia NUEVA”.

Luego de un nuevo Paro Internacional de Mujeres, vuelvo a repensar la capacidad de fuerza que tiene este movimiento. Esa fuerza también se deben a grandes -aunque parezcan minúsculas- acciones, compromisos y pensamientos de aquellas que nos precedieron y forjaron su nombre y sus pensamientos a través de la lucha. El arte sabe ser un medio en el cual las prácticas estéticas que realmente saben interrelacionarse con lo político pueden dar cuenta de aquellas voces que no tienen voz en el reparto de lo sensible. Los cortos de Bemberg logran eso. Nos paramos también detrás de ella, y por medio de su cámara, vemos lo que no quieren que veamos.

Hoy somos muchas en las calles, y hasta se logró que la despenalización del aborto sea un tema de debate general, visible hasta en los programas de chimentos. ¿Oportunismo por parte de algunxs? Seguramente. ¿Lucha ganada por el movimiento feminista? Yo opino que sí. Me pregunto qué pensaría la Bemberg ante tanto movimiento y agitación, y me encanta pensarla con un pañuelito verde atado al cuello.

Juguetes - Bemberg.fw

Comentarios

comentarios