Crítica

Un zoom sobre Puerto PirámidesLas costumbres de los habitantes de un pequeño pueblo patagónico se visibilizan en "Las calles", película dirigida por María Aparicio e ideada por Natalia Gamarro.

Con cruces entre la ficción y el documental, Las calles nos acerca a Puerto Pirámides, un pueblo de 600 habitantes que se encuentra en la Península de Valdés, Chubut. El film de María Aparicio recrea parte del proyecto escolar “Poniéndole nombre a las calles de mi pueblo” que sirvió para que se nombraran 35 calles. Sin embargo, esto es sólo una excusa para conocer a los pobladores.

— Acordate Julia que yo vine de la provincia de Buenos Aires hace años. Creo que hay otros que tienen más conocimientos de los antiguos pobladores que yo.
— Sí pero este lugar es especial. La mayoría de la gente no es de acá, pero estamos nosotros ahora, ¿no?

Las calles
Eva Bianco, en el papel de Julia, la maestra que lidera el proyecto escolar.

La actriz Eva Bianco interpreta en el papel de Julia a Eugenia Eraso, profesora de Historia Oral de la Escuela N° 7710. Junto con sus alumnos entrevista a los habitantes de Puerto Pirámides para dar a conocer el modo de vida de esta población. Así, descubrimos, entre otras cosas, que la mayoría de quienes viven allí no son oriundos del pueblo y que la actividad comercial por excelencia es la pesca artesanal con sus cuidados sobre el medio ambiente.

El trabajo de ponerle nombre a las calles de Puerto Pirámides tuvo lugar entre 2004 y 2010. Los alumnos de la película, si bien no participaron del proyecto real, son chicos que realmente viven allí. “Me pareció apropiada la mezcla entre ficción y documental para contar esta historia. Algunas cosas las teníamos guionadas pero los diálogos sólo estaban esbozados, a los chicos nunca les hicimos leer nada”, expresó Aparicio, la directora del film que también cuenta con las participaciones actorales de Mara Santucho y Gabriel Pérez.

“Yo viví cinco años en Puerto Madryn y trabajé en una taller de juego y recreación en Puerto Pirámides con esos chicos, cuando tenían 3 años. Además, son hijos de mis amigos. Hay una intimidad ahí”, detalló la productora e ideóloga de la película, Natalia Gamarro. La naturalidad ante la cámara de los no-actores se logró por esa intimidad y, también, por no estar sujetos a un guión rígido. “Las entrevistas de alguna forma son ficticias porque los chicos las están simulando. Pero a su vez son reales, no hicimos ensayos ni nada con ninguno de los chicos”, afirmó la directora.

El proyecto “Poniéndole nombre a las calles de mi pueblo” contó con la participación del historiador Osvaldo Bayer: “Él sugirió incluir nombres de los pueblos originarios. Por su cercanía con el proyecto, pudimos incluirlo en la película”, destacó Aparicio. Por su parte, Gamarro, agregó: “es también una manera de rescatar que Osvaldo tuvo un vínculo muy largo con Eugenia”.

El hecho de nombrar calles es una decisión política. Que dentro de esos nombres figuren nombres de pobladores originarios, como Sayhueque o Yanquetruz, también lo es. “Se hizo un fuerte trabajo de investigación acerca de este lugar. Es un proyecto que va hacia el origen de algunas cosas, quiénes estaban acá antes de nosotros”, reflexionó Aparicio.

Los vientos patagónicos que se afirman en la costa de Puerto Pirámides no pueden contra la calidez que proyecta la cámara de Las calles. A medida que buceamos en el micro mundo de ese pueblo, conocemos las historias de sus habitantes -ya sea de los adultos como de los chicos- y se visibilizan sus costumbres y modos de vivir.

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