Crítica

Las plagas de HaitíEstreno en el Gaumont de "Kombit" , una película sobre la crisis política, económica y social del país centroamericano.

documental kombit

El 78 por ciento de los habitantes de Haití, algo así como tres veces la población de la Ciudad de Buenos Aires, vive con menos de 1,5 dólar por día. La pobreza estructural no es el único problema que golpea al país caribeño, el documental Kombit, del director Anibal Garisto y con idea de Carlos Galan, pone frente a nosotros las plagas de la realidad de los haitianos.

Bajo el rayo del sol de la tarde las manos ásperas remueven el barro. El sudor corre por la frente, la espalda, por todo el cuerpo. La remera se marca con la transpiración. Los pies descalzos, embarrados hasta los tobillos. La piel negra brilla. Las cabezas volverán otra vez a cargar costales de arroz. La escena se repite en Haití por miles de hombres y mujeres en cientos de años.

“Mi madre me pagó la escuela y la universidad en Puerto Príncipe, ella cultivaba arroz”, cuenta Cebe Augustin, contador y coordinador general de una organización que trabaja para ayudar a los campesinos haitianos. Entre los ‘60 y ’70 los hombres y mujeres de Haití podían vivir de la tierra, pero en los ‘80 el dictador Jean Claude Devallieur le abrió la puerta al libre mercado. Desde entonces, Estados Unidos envía barcos llenos de arroz a Haití. El golpe de gracia fue el subsidio para esos granos. El país isleño pasó así de exportador a importador. Pobres contra pobres; los campesinos comenzaron a competir entre ellos para ofrecer el precio más bajo y poder competir con el arroz nada orgánico.

En la tierra de hermosas playas y paisajes entre el 60 y el 70 por ciento de la población no tiene trabajo, pero quienes lo tienen y no viven de la tierra son rehenes de las maquilas. En las maquilas la producción consiste en el ensamblaje manual o unitario de piezas. Yannick Ettiene, una obrera que trabaja en una de esas fábricas cuenta en el documental: “Permitieron que se instalaran con la idea de modernizar el país. No pagan impuestos, tienen mano de obra barata y pagan salarios miseria”.

De plagas económicas y políticas a humanitarias. Las misiones desplegadas por Naciones Unidas tienen el propósito oficial de ayudar a países en situación de alta conflictividad social. En el caso de Haití recibe el nombre de MINUSTAH y surgió en 2004, tras un periodo de inestabilidad que culminó con la huida del por entonces presidente, Bertrand Aristide. El reciente informe anual de la organización Human Right Watch sobre la situación de Haití da cuenta de al menos 102 denuncias de abuso o explotación sexual contra personal de la MINUSTAH desde 2007. El Consejo de Seguridad de la ONU prorrogó el mandato de la MINUSTAH hasta el 15 de octubre de 2016.

En Kombit, la cámara registra pequeños bloques blancos amontonados como si se trataran de arroz. En realidad son las carpas de 60 mil personas que aún viven en los campamentos para desplazados tras el sismo de 2010 que dejó sin vida a más de 300 mil personas. Luego de esa catástrofe surgió otro mal, otra plaga, el cólera. En 2012, un experto convocado por el Secretario General de la ONU expresó: “La fuente más probable de introducción del cólera en Haití fue de alguien afectado con la cepa de cólera de Nepal y vinculado al campamento Mirebalais de Naciones Unidas”. En 2015 los presuntos casos de esta enfermedad sumaron más de 20.500, según expresa el documento de Human Right Watch.

Los primeros habitantes de la isla recibieron durante la esclavitud y por la escasez de alimentos tierras para cultivar. Aprendieron que lo producido por uno era intercambiable por la cosecha de otro. En Haití, kombit es la palabra que usan para definir ese espíritu solidario. La película de Aníbal Garisto se titula así y es un documental necesario para tomar conciencia, para hacerse solidario con la realidad de un país pobre y devastado. No hay escenas dramáticas ni cargadas de sufrimiento, hay datos precisos, contrastables y verificables, incluso publicados por los organismos mundiales responsables de la situación del país.

Resiste, como las plagas con el arroz, el pueblo haitiano resiste, lo hace como puede, sin poder protestar, como lo dejan, con las manos para cosechar.

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