Libres o muertos, una carta de papá IvánEl documental "Papá Iván" forma parte de una de las películas más representativas del cine lationamericano. En primera persona María Inés Roqué , cineasta e hija de un desaparecido, cuenta su historia y el vínculo con su padre.

Maria Inés Roqué realizó su película con un presupuesto de estudiante y la presentó como trabajo de final de la carrera de Comunicación. Su motivación fue la carta que le escribió su padre en agosto de 1972, justo cuatro días después de la masacre de Trelew y pensando en que pronto moriría. Combinando el relato en primera persona, la historia familiar y la revelación de la vida de uno de los conductores de la agrupación Montoneros, Roqué le dio forma al documental Papa Iván.

La voz en off suena con una tonada que no parece ser argentina. María Inés cuenta que nació en Córdoba pero creció en México, donde llegó con su abuela y su hermano de tres años en 1977. Enciende la cámara y emprende ese recorrido que desde chica hace entre la oscuridad del no saber y la luz difusa de los relatos que ilumina el camino. Lee la carta con la que se encontró a los dieciséis años. En su infancia, se relacionó así con su papá, a través de las cartas con dibujitos que se escribían. Tu papá fue un héroe, le dicen; su voz refleja esa frase con incomodidad.

De la vida familiar en Córdoba habla Azucena Rodríguez, su mamá. El testimonio es sensible, cargado de emociones y silencios. Sus padres compartían ideología, pero no los métodos, los separaba una palabra: violencia. La dictadura y la decisión de luchar tomando las armas. Se rompe una falacia filtrada década tras década: “no se cuenta por qué murieron ni lo que hacían”; se quiebran esos enunciados de voces foráneas en espacios de Memoria, también por locales luego repetidos y amplificados por grupos cómplices con poder de medios.

Julio Iván Roqué fue profesor universitario y rector de instituto secundario antes de formar parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Córdoba, antes de que esa agrupación cordobesa se integrara y él pasara a ser parte de la conducción de Montoneros. El tiempo y su causa lo cubrieron con una capa de heroísmo. La directora resquebraja poco a poco esa cobertura sobre la piel y los huesos de Lino, Mateo y Martín, apodos que le dieron en la clandestinidad a Iván.

De Córdoba a un poco más allá de la Ciudad de Buenos Aires, el epílogo en Haedo. Los años de María Inés pasan bajo su vista como los fondos de casas que muestra desde el tren con su cámara. Su voz se clava en el pecho, por las preguntas que se plantea. En tono reflexivo, plantea sus dudas internas frente al dolor y la contradicción de ser una hija sin padre y de tener un héroe como padre. “¿Quién era él? ¿Por qué? ¿Él se cuestionó?”.

Allí la hija y directora hilvana recuerdos de otros, de los conocedores de los días del hombre revolucionario. Las voces se complementan y se transforman en testimonios que la ayudan a mirar y seguir camino. Los detalles de la clandestinidad, nombres, episodios, lugares y ese momento, el último de su papá contado por un hombre al que varios testigos no dudan en señalar como el entregador. Ella lo enfrenta con su cámara, preguntas y repreguntas.

La película nació como idea de tumba. No lo es, pero ya no hay lugar ni fuerza para cargar con más. Todo el camino, con sus estaciones, árboles y casas queda a la vista, o casi, porque ella, María Inés, siente que en ese camino entre su vida y la de su padre aún quedarán túneles por donde pasar.

 

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