Crítica

Los derechos del bailarínJulia Martinez Heimann y Konstantina Bousmpoura registran el proceso de formación de la primera Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Desde sus inicios hasta las luchas y desafíos actuales.

Peones rurales, médicos, periodistas, bailarines. Todos tienen algo en común: son trabajadores. Quizás, en un primer momento, esa palabra la relacionamos con un conjunto de sentidos estereotipados que borran su particularidad. Por lo tanto, no viene mal pensar dos veces lo que el término ‘trabajador’ significa.

Este reparo lo acentúan Julia Martinez Heimann y Konstantina Bousmpoura en su documental Trabajadores de la danza. El film registra las luchas de bailarines que culminaron con la primera Compañía Nacional de Danza Contemporánea (CNDC). «Uno de los objetivos principales del documental es mostrar justamente que el bailarín es un trabajador a quien le corresponden sus derechos laborales. Y de esta manera plantear empíricamente la superación de la dicotomía clásica entre arte y trabajo», plantea Julia Martinez Heimann.

Pero no es lo único que ofrece el documental de esta dupla. También, se vislumbran los debates internos respecto a la forma de organización del trabajo. La CNDC ha optado por una dirigencia que tienda a la horizontalidad en la toma de decisiones para dejar de lado las tradicionales posturas verticalistas. A su vez, ofrece un panorama sobre la lucha de esta comunidad artística respecto a la Ley Nacional de Danza.

— ¿Por qué decidieron hacer un documental sobre ellos? ¿Conocían a algún integrante de la Compañía o los motivó alguna noticia sobre la lucha por la Ley Nacional de Danza?
— Porque nos identificamos con su lucha. Nosotras nos acercamos en el año 2009, cuando estaban en el comienzo de su proyecto. Ahí conocimos a Bettina, Ernesto y Victoria quienes fueron la primera dirección colegiada de la Compañía. En primera instancia los bailarines nos invitaron a observar sus ensayos y asambleas y nos dieron material de archivo sobre sus obras y las acciones colectivas que ya se habían llevado a cabo. Cuando les planteamos hacer un documental hablamos en conjunto sobre la importancia de tener un registro histórico de la formación de la primera CNDC y acordamos las ideas principales. Para nosotras fue un proceso muy gratificante en el que consideramos que el vínculo con los integrantes de la CNDC se fue construyendo día a día.

— ¿Cómo estructuraron el relato? ¿Hubo una línea temática para guiar el proceso de formación de la Compañía?
— La formación de la Compañía fue un proceso dinámico con diversas etapas, y nuestro relato se fue estructurando sobre esa trayectoria. La idea principal era hacer un trabajo enfocado en la Compañía, en lo que ellos hacían y decían y no en lo que los otros decían sobre ellos. Podríamos decir que la forma de organización colectiva y los vaivenes en la búsqueda de esa estructura, así como la cuestión de derechos de los trabajadores de la cultura, son líneas temáticas que atraviesan todo el documental.

— La palabra ‘trabajador’ no se asocia inmediatamente con bailarín y eso lo plantean cuando les preguntan si se sienten trabajadores del Estado. Si bien se ve que contesta uno, ¿creen que esa respuesta es representativa de toda la compañía o los más jóvenes, que no atravesaron esa lucha, no lo sienten de la misma manera?
— En la entrevista grupal donde les preguntamos si se sienten trabajadores del Estado hubo varias respuestas. Lo que nosotras pudimos captar a lo largo de nuestra investigación es que la toma de conciencia del bailarín como trabajador no necesariamente conlleva una identificación con ser trabajador del Estado. De hecho hemos tratado en nuestro documental la dificultad que afrontan los bailarines a la hora de defender su autonomía artística en el marco del Estado. Por otro lado, no consideramos que las diferentes opiniones y niveles de identificación con la idea del bailarín como trabajador tienen que ver con una cuestión etaria, sino más bien con las experiencias personales, bagajes teóricos, lugares de formación y expectativas laborales.WD 1

— ¿Qué ideas tenían sobre la dirección horizontal antes de la realización del documental y con qué ideas sobre esa horizontalidad se quedaron? ¿Ustedes tienen un modo de trabajo así?
— La dirección horizontal como organización estructural siempre nos había llamado la atención y aparecía como posibilidad planteada desde la base y las teorías de la democracia participativa. La discusión misma en torno a las formas de organización y dirección, y más aún basadas en este caso en la propia experiencia de un grupo en tiempo presente, nos pareció desde el inicio sumamente enriquecedora.

— ¿Ustedes tienen un modo de trabajo así?
— Nosotras, como equipo, desde que nos conocemos, siempre compartimos ideas, decisiones y trabajos. Y ambas, en nuestros respectivos países, hemos seguido de cerca otros modelos de autogestión y toma de decisiones colectiva. Haciendo el documental confirmamos que la acción colectiva es un camino para conquistar y la horizontalidad una práctica compleja que requiere constancia y una fuerte capacidad de replanteamiento. Y que es efectiva siempre y cuando se sostenga el pilar democrático a la hora de tomar decisiones. Por otro lado, al acompañar al grupo en este camino, observamos que en ocasiones los liderazgos o espacios de conducción suelen ser portadores de valoraciones negativas a priori, y que es bueno que esta situación sea analizada y tenida en cuenta. Porque de lo contrario pueden complejizarse demasiado algunos procesos por la necesidad de respetar ideas pre-existentes, en lugar de atender a las propias necesidades y experiencias del colectivo.

— Las tensiones entre la nueva camada y la original, ¿se notaban desde el primer momento que entraron o fue algo que apareció en el rodaje?
— La Compañía empezó con seis integrantes, que además fueron los fundadores. En 2014 que atravesamos la segunda etapa de rodaje la Compañía había crecido notablemente y contaba con un elenco de 20 bailarines. Las tensiones que aparecieron a lo largo del rodaje consideramos que son parte de cualquier proceso dinámico y complejo que aspira a integrar voces heterogéneas en su constitución como tal.

— ¿En qué situación se encuentra la lucha por la Ley Nacional de Danza?TDLD_06
— La Ley Nacional de Danza fue presentada en 2014 pero no fue tratada, por lo que perdió estado parlamentario a fines de 2015. El Movimiento por la Ley Nacional de Danza siguió trabajando en cada región del país, en lo que se llamó “Jornadas Federales, construyendo políticas para el desarrollo de la danza “ con el fin de acordar la bases de necesidades para todos los trabajadores de la danza. El proyecto de ley volvió a presentarse en el parlamento y hoy se encuentra en agenda de tratamiento en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. También en 2016 se creó la Asociación Argentina de Trabajadores de la Danza, organización gremial y espacio fundamental en esta lucha, que tiene hoy en día cerca de 80.000 afiliados.

— ¿La compañía sufrió algún revés con el cambio de gestión a nivel nacional?
— No por el momento. De hecho, a 8 años de haber sido creada, tiene una planta de 36 trabajadores (entre bailarines, asistentes coreográficos, técnicos y administrativos) que funcionan bajo una dirección elegida por concurso. Y hoy en día están realizando giras, un trabajo social bastante intenso, seminarios abiertos a la comunidad, entre otras muchas cosas. Incluso, a pesar de estar bajo una Dirección Artística, hay muchos temas sobre los cuales los integrantes de la Compañía continúan debatiendo y tomando decisiones. Y como compañía continúa pensando y debatiendo sobre los modos de organización y de gestión colectiva de la cultura.

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