Luces y flashes por la avenida CorrientesEn "Foto estudio Luisita", Sol Miraglia y Hugo Manso se centran en tres hermanas que fotografiaron a una parte de la cultura popular y de masas de la Buenos Aires de los años 70 y 80.

Luisa Escarria ya es una mujer grande. Su vista no es la de antaño y no dedica su tiempo al oficio que practicó toda su vida junto a sus hermanas, Chela y Rosita. Sin embargo, aún mantiene un estrecho lazo con ellas, quienes llegaron de Colombia junto a su madre cuando las tres eran pequeñas. Sol Miraglia y Hugo Manso posaron su mirada en ellas para representar sus relaciones en Foto estudio Luisita.

¿Quién es Luisa y cuál es ese oficio que ya no practica? Podría decirse que fue el ojo que retrató parte de una cultura popular cimentada en los años 70 y 80. “Luisita”, tal como indicaba el nombre de su estudio fotográfico -homónimo al documental-, había heredado el negocio de su madre y junto a sus hermanas lo llevaron adelante hasta que el avance tecnológico las dejó fuera de competencia. Hacían retratos, revelaban las fotos, las coloreaban y hasta hacían montajes. Personajes como Moria Casán, Amelita Vargas, Mimí Pons, Luis Sandrini o el negro Olmedo pasaron por su lente.

Según narra la directora en una de las pocas apreciaciones que hace en off, cuando trabajaba en un casa de fotografía vio un almanaque con un collage artesanal que le llamaba la atención: “Es de Luisita, ¿no sabés quién es? Tenés que conocerla”, le dijeron. Y, “como por arte de magia”, Luisita apareció al otro día en el trabajo de la joven fotógrafa. Así comenzó una relación que pareciera exceder la producción de este documental y que tuvo sus ventajas a la hora de estructurar el relato pues permitió que la mayoría de los testimonios en el film se dieran en charlas aparentemente informales y no en entrevistas directas, evitando una reconstrucción histórica con cabezas parlantes. En esos climas relajados, Luisita evoca parte de su obra fotográfica y también recuerda lo penoso del camino recorrido en un ambiente dominado casi exclusivamente por hombres. Apoyado sobre este testimonio y priorizando las voces femeninas para la construcción del relato, el documental posiciona su conciencia de género aún cuando no juzgue la cosificación de la mujer en algunas fotografías a modelos y vedettes -quizás, exigirle eso, desde este contexto histórico, sea injusto-. 

Luisita no es conocida en ámbitos académicos o artísticos ni tuvo formación en esos espacios. Su relación con la fotografía está más ligada a una necesidad laboral, “una manera de subsitir”, un oficio que aprendió junto a su madre. Sus fotos, por lo tanto, no buscaban una trascendencia o una reflexión sobre la imagen sino que eran pensadas en función del retratado y una lógica de mercado: buscaban que el otro salga bien, “mostrar su mejor rostro”. De esta forma, aquellas fotos a vedettes o músicos populares que se presentaban en el Teatro Maipo en los años 70 y 80 eran imágenes que resultaban funcionales a los intereses de este teatro. 

No obstante, con el paso del tiempo, esas imágenes se resignificaron. De ser un mero objeto publicitario del teatro de revista pasaron a formar parte de una exposición a cargo de Miraglia en el Teatro San Martín, un espacio reconocido como la cultura. Miraglia “imprimió” las fotografías de Escarria en telas de 2 metros por 2 metros y, así, expuso un pequeño recorrido visual por una época del teatro popular de la que aún hoy quedan vestigios.

Con una estructura simple, el documental vislumbra dos recorridos: por un lado, retrata al trío de hermanas en su intimidad, en cumpleaños, paseando a sus perros o mientras una le corta las uñas a su canario; por el otro, repasa la obra fotográfica de Luisita -con la silenciosa ayuda de sus hermanas- en un proceso que va desde la apreciación de fotografías y negativos guardados cuidadosamente en sobres y cajas hasta la exposición en el Teatro San Martín. Podría decirse que estos dos trazos presentan un punto de contacto en la presencia delante de la cámara de la directora dado que la proximidad con sus protagonistas le permitió acceder a su intimidad como si la cámara fuese invisible, logrando una representación cálida y respetuosa; a su vez, es quien desempolva los archivos y motoriza la muestra en el teatro, rescatando del olvido el trabajo del estudio fotográfico de las hermanas.

Foto estudio Luisita es un documental participativo que retrata a sus protagonistas afectuosamente. A su vez, Miraglia y Manso, no eligen a fotógrafas reconocidas artísticamente sino a aquellas profesionales que, en cierto modo, dejaron huella sobre algunos rasgos de la cultura popular y de masas de la Buenos Aires de décadas pasadas. Una huella visual retratada por mujeres.

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