Lugano I y II, “el barrio del año 2000”Apelando a la observación y al material de archivo, "Implantación" contrapone el momento inaugural del barrio Lugano I-II y su actualidad multicultural.

Un periodista de televisión habla en la inauguración del complejo habitacional Lugano I y II a principios de la década del 70. Expresa ilusiones respecto a un futuro mejor con viviendas dignas y confortables. También lo hace un folleto que se entregaba a los primeros habitantes del barrio en el que se les prometía vivir en “el barrio del año 2000”. En estos discursos aparece una figura recurrente: la idea de progreso expresada en ilusiones a futuro. “Parecería que necesitaban situar el barrio en el futuro para que la gente tenga ganas de vivir en él en el presente”, acota Fermín Acosta, uno de los tres directores de Implantación.

En la actualidad, esa idea de progreso como algo unitario es cada vez más discutida. Si entendemos que “la” historia no es una sola y para siempre, lo mismo podría decirse de “el” progreso: no existe un fin último de la humanidad, un proyecto final en el que todos estamos por entero de acuerdo. Por lo tanto, si la historia no es una sola, habría que dar cuenta del entramado de relaciones complejas y contradictorias que la forman. Así, el trío de directores compuesto por Lucía Salas, Sol Bolloqui y el mencionado Acosta presentan con Implantación las diversas expresiones que hacen al barrio Lugano I-II en el presente.

Además del acto inaugural del barrio y de los folletos entregados a vecinos, otro de los materiales de archivo que retoma la película está compuesto por croquis arquitectónicos de la etapa previa Implantacion 2de su construcción. En ellos puede observarse cómo imaginaban a los futuros habitantes del barrio los arquitectos y funcionarios del Instituto de la Vivienda: adultos con algunos niños, donde los únicos rasgos de cultura estaban en las ropas, peinados y autos que usaban pero no presentaban rasgos faciales y prácticamente era nula la interacción humana.

A la falta de expresividad cultural de esos croquis, Implantación planta la cámara para registrar diferentes espacios que la reponen: desde una ceremonia religiosa hasta padres pintando un club, del hip-hop a la cumbia, del skate al fútbol. Así, la película se apoya en dos grandes recursos que le sirven para distinguir sus dos temporalidades: mientras el material de archivo nos remonta a los orígenes del complejo habitacional, el modo observacional rescata la multiculturalidad del momento actual.

Registro Documental:— ¿Cuáles fueron las primeras ideas para hacer Implantación?
Fermín Acosta:— Hubo varias. Nuestra idea era trabajar sobre los monoblocks en general, con su estructura anclada en el sur de Buenos Aires, pero nos dimos cuenta que hay muchísimos y que son todos diferentes, cada uno tiene sus lógicas habitacionales. Entonces fuimos depurando, nos quedamos primero con cinco, después con tres, y finalmente, cuando empezamos a ir, vimos que con Lugano sólo ya teníamos un universo enorme. En la idea inicial, queríamos hacer una cosa mucho más extraña, poetizada. Pero nos dimos cuenta que eso era imposible porque nosotros mismos estábamos estructurando una mirada antes de llegar. Fue todo un proceso de construcción que duró dos años y medio hasta que terminamos en lo que se ve.

— ¿Cómo fue el proceso para naturalizar la cámara y lograr la observación?
— Las personas que aparecen en la película lo hacen porque logramos establecer un vínculo. No es que hicimos un casting con gente de Lugano. Fue una deriva: capaz estábamos filmando en un pasillo, se nos acercaba alguien y nos invitaba a filmar a su casa. O estábamos afuera y nos gritaban desde una ventana. Plantar la cámara en estos lugares tiene algo especial porque te sentís un poco observado, inmediatamente se acercan a preguntarte de qué canal venís. Y con los chicos, más allá de cualquier preconcepto que se pueda tener, estaban muy habituados con la cámara. Entonces se logra esa naturalidad que se ve en la escena del pasillo donde juegan.

— ¿Cómo accedieron al material de archivo?
— El material de archivo lo tomamos del Instituto de la Vivienda que tenía un montón de cosas y terminó quedando lo más ilustrado, como los croquis de cómo imaginaban el barrio antes de edificarlo. También conseguimos ese librito que le daban a las personas cuando se mudaban a Lugano. Ahí notábamos la idea de refundar una zona históricamente relegada al desarrollo como es el sur de Buenos Aires. Pero también había contradicciones porque el complejo habitacional tiene lógicas del espacio que se autoabastece. Le Courbisier, el arquitecto racionalista por excelencia, postulaba un manifiesto moderno de la vivienda en el que Lugano funciona como su heredero. Por ejemplo, en Lugano no hay planta baja ni vereda porque se quería desmontar la lógica de la manzana o la vivienda tradicional.

— La película se centra, tanto en lo observacional como en los archivos arquitectónicos, en los espacios comunes de Lugano. ¿Por qué?
— Varios motivos. Primero, es difícil filmar dentro de los departamentos porque su estructura dificulta el tiro de cámara. Por otro lado, las situaciones y el afecto de las personas que fuimos conociendo hizo que nos quedáramos mucho en el club. Y una cuestión que sí tuvimos en cuenta fue que privilegiamos no filmar espacios vacíos: no queríamos una postal vacía, pasando el tiempo, no queríamos tiempo muerto en la película.

— En su cortometraje anterior filmaron en Piedrabuena, ahora en Lugano I y II. Hay un gesto político en ir a filmar esos barrios…
— Por supuesto. Pero también es un gesto político que repercute en una ética. Porque no quisimos hacer una película extravagante, pretenciosa, sino algo más honesto. Pensamos más la película con la gente del barrio. Queríamos un ejercicio donde se construya algo común con los retratados. Y también buscamos registrar al barrio de forma opaca. Uno termina de ver la película y no es que se va con una idea concreta de lo que es Lugano. El barrio son esas personas, viviendo ahí, en ese momento.

— En su gestación, el proyecto de la película participó en el Doc Montevideo. ¿Cómo fue esa experiencia?
— Muy buena. El esapcio de escritura documental que da Marta Andreu es excelente, sabe muchísimo. Ahí hubo un punto de inflexión con la película porque nosotros fuimos con una idea y Andreu te la da vuelta, pero en un buen sentido. Te desarma la película, te ayuda a entender qué película tenés, sus posibilidades, te da referencias. Estás cuatro horas con ella hablando de tu proyecto y te hace todo un esquema, donde también retoma cuestiones filosóficas y literarias que a nosotros nos ayudaron muchísimo.

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