Memorias del futuro"Ata tu arado a una estrella" es, en principio, un homenaje a la figura del emblemático Fernando Birri. Pero Carmen Guarini también invita a pensar sobre la vigencia de las utopías, un concepto sobre el que reflexionaba constantemente el director.

La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Fernando Birri

 

[por Juan M. del Rio y Emiliano Desouches]

Un auto llega a la casa de Fernando Birri y, con él, nosotros los espectadores. Pero así como llegamos, nos retiramos. Rápidamente, Birri cierra las puertas de su casa, bromea ante la cámara que lo sigue y emprendemos un viaje hacia Bolivia donde, junto a un campesino, se pregunta por la definición del término utopía. En pocos minutos, Carmen Guarini logra trazar las líneas generales de lo que será Ata tu arado a una estrella.

La voz over de la directora nos advierte que esta secuencia inicial correspondía a las primeras imágenes que filmó en uno de los regresos de Fernando Birri a la Argentina. Guarini, que seguía a este director en el rodaje de Che: ¿muerte de la utopía? (1997), había titulado su proyecto como Compañero Birri. Diario de una filmación. Ese material (re)encontrado le permitió a Guarini comenzar un trabajo de montaje con lo registrado hace veinte años, donde se observan las reflexiones del artista santefecino tanto en la cotidianidad de su hogar como durante el proceso de producción de su película.

La primera parte de Ata tu arado a una estrella construye la imagen de Birri como un ser afectuoso, que entabla relaciones amenas con los seres que tiene a su alrededor, ya sea junto a sus amigos en Santa Fe o a personas reconocidas como Ernesto Sábato, Eduardo Galeano o León Ferrari. A su vez, Birri despliega toda su faceta artística, inventando situaciones y juegos, y haciendo guiños a Guarini, reconociendo la presencia de la cámara. 

Esa calidez también se observa a la hora de hacer entrevistas en las comunidades donde se inserta. “No buscamos provocar, no me interesa eso”, define, cuando le explica a su equipo de producción las preguntas que guiarán el documental en el que trabajan. En un contexto de cierta homogeneización mundial luego de la caída del muro de Berlín, con un capitalismo que emergía como la única alternativa posible de organización social, en Che: ¿muerte de la utopía?, Birri invitaba a reflexionar a partir de dos preguntas que parecían desfasadas: “¿Quién era el Che?” y “¿qué son las utopías?”.

El método de este director se basaba en la encuesta social y en una exploración de campo donde se buscaba crear una relación humana con la comunidad a retratar. “El método puede llamarse, como lo hace Birri, de aproximaciones sucesivas a la realidad: encuentros, entrevistas, fotodocumentales, guiones varios, libro definitivo, mesa de discusión”, señalan María Aimaretti, Lorena Bordigoni y Javier Campo en La Escuela Documental de Santa Fe: un ciempiés que camina. De esta manera, en el film de Guarini, podemos observar la cordialidad de Birri para conversar con los campesinos de La Higuera, donde asesinaron al Che Guevara, y su forma de acercarse a esta comunidad. 

En aquel pueblo, el cura de la iglesia grafica qué es para él la utopía a través de un dicho: “Amarra tu arado a una estrella”. Esta figura metafórica, que da nombre al documental de Guarini, también marca el quiebre en el relato de este. A partir de allí, ya no se presentará la imagen del Birri de los noventa sino que la directora irá tras las huellas de su figura fantasmal. Así, Guarini viaja a Roma, al Centro Experimental de Cinematografía donde Birri estudió entre 1950 y 1953, y encuentra la carta que envió para que lo admitan en la carrera, donde expresa su admiración por el neorrealismo italiano. También se embarca hacia Cuba, donde Birri fundó y dirigió la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Esta, junto a la Escuela Documental de Santa Fe, son sus mayores obras, según destaca el propio director. 

Ata tu arado a una estrella 3

Lo que por momentos es un homenaje sobre la figura de Fernando Birri, en otros es una aproximación al concepto que atravesó su obra. La pregunta por lo utópico parece rondar ahora en la mente de Guarini e intenta abordarla siguiendo la estela de Birri. No resulta azaroso que sea justo la última palabra en ser emitida en el film y que el título remita a una metáfora que intenta ilustrar su sentido. ¿Ya no hay proyecto ni futuro? ¿Pensamos en que la transformación social es posible? ¿Cómo? ¿Qué alternativas se plantean en el mundo actual? Estas preguntas no intentan ser contestadas sino que funcionan para motorizar una reflexión sobre el mundo en el que vivimos. 

Aquella búsqueda tras los rastros del director de Los inundados cierra con una secuencia que da cuenta de una serie de encuentros en su hogar. Ya no tiene la energía de hace veinte años, lo vemos con el paso cansino, apoyándose con un bastón y sin pelo en su cabellera. La referencia fantasmal vuelve por duplicado. Por un lado, el viejo Birri juega con un muñeco que porta la típica imagen espectral. Aquí lo vemos desplegando, como un mago, un gran truco: primero actúa, como si estuviera senil, haciendo que confunde los nombres, para luego sorprender al mostrar algo que ocultaba. Por otro lado, el propio Fernando se autodefine de esa manera haciendo uso, nuevamente, de su creatividad y de sus grandes dotes como narrador: “Yo soy una fantasmagoría, ustedes me están inventando”, dice, entre sonrisas, aunque vislumbrando su final. En estos encuentros entre la directora y su retratado, se deja entrever cierta distancia expresada, visualmente, por un escritorio que los separa. A su vez, en los testimonios, Birri se despega de algunas preguntas que le formula Guarini, haciendo gala de la lucidez y coherencia de su pensamiento, siendo capaz de afirmar ideas que sostuvo, al menos, veinte años atrás.

Las imágenes que el propio Birri filma con una cámara GoPro que le da la cineasta-antropóloga son montadas con unos sonidos que generan una atmósfera de extrañeza, como reforzando la idea de que aquello que vemos está siendo captado por un fantasma. Cabe recordar que la película se estrenó antes del fallecimiento del director por lo que, quizás, no se quiso generar el efecto que en la actualidad tiene, es decir, el de ver a través de alguien que ya no está. Se configura, así, como la mirada de una lejanía.

Carmen Guarini logra un film ensayístico donde conjuga diferentes recursos con la intención de hacernos reflexionar respecto a un concepto clave en la obra de Birri, en un contexto de desesperanza creciente, donde  el pensar acerca de la transformación del mundo que habitamos pareciera presentar cada vez menos espacios. Pero no todo es razocinio en este film: al acercarnos al Birri humano, con sus guiños y trucos, se nos invita a soñar. Larga vida a la utopía del ojo y de la oreja de Fernando Birri.

 

 

 

 

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