Monger, turistas sexuales en Buenos AiresEl director Jeff Zorrilla revela un poco del paso de buscadores del sexo por países como Argentina a través de tres historias.

Si un viaje puede ser de placer o de trabajo, para un monger significa intenso placer o un round más de competencia sexual. Buenos Aires tiene prostitución VIP dedicada a turistas sexuales. De este tema se ocupa el director estadounidense, Jeff Zorrilla, a través de tres protagonistas: un inglés que se enamoró de una chica argentina en un privado, un veinteañero en busca de un récord sexual y un gringo que hace negocios con los turistas recién llegados.

Si en Monger entendemos quiénes son estos hombres y por qué llegan a Buenos Aires, la película observacional de Zorilla también sirve para conocer su pensamiento: “La prostitución es uno de los pocos verdaderos mercados libres que queda. Venimos, negociamos y decidimos un precio. Esa acción multiplicada en el mercado establece el precio de la mercancía”. Sin dejar dudas de sus conocimientos en economía liberal, el monger macho semental siglo veintiuno remata: “Ese tajo entre las piernas de estas chicas es una mercancía”. Entiéndanse las suaves palabras de estos turistas del sexo como las de humildes benefactores de una notable causa, la de brindar apoyo económico a mujeres pobres que entregan sus cuerpos.

La búsqueda o caza monger empieza en foros de Internet. En la red comparten sus experiencias de viaje y de esa forma generan tendencia para que otros elijan los mismos destinos. La película de Zorilla revela los contactos que los turistas sexuales hacen en Buenos Aires para acostarse con mujeres sin pérdida de tiempo y a “precios baratos”. En pantalla aparece Ramiro, un calvo cincuentón que llegó desde Texas a Argentina hace un par de décadas. Odia a Evita Perón porque para él es una comunista que destruyó a nuestro país. Curiosamente lleva a los turistas recién llegados al Cementerio de la Recoleta a visitar el mausoleo de Evita. Él es el contacto local, quién provee de celulares, casas de cambio y mujeres apenas bajan del avión.

Entre el grupo que recibe el guía turístico sexual hay un joven de barbita candado que no supera los treinta años, es Jose Reyes Sosuá o más conocido entre los mongers como “Costa Rica Joe”. Llegó del norte con un “noble objetivo”: lograr la chica cuatrocientos en su lista de experiencias sexuales. Dicho de otro modo, en su joven carrera se acostó con trescientas noventa y tantas mujeres, le faltan algunas para el cuarto centenario y decidió que Argentina era un lugar notable para alcanzar tan sacrificada meta.

En las visitas a boliches porteños y paseos de los mongers a lugares como Caminito, el documental se vuelve extenso, pero lo salvan dos decisiones del director. La primera, intervenir abriendo el micrófono para que el espectador pueda saber cómo “Costa Rica Joe” acuerda un precio con la chica que le presentan. Si la situación fue armada, no se nota. En este punto son necesarias dos aclaraciones: las mujeres piden que el cliente llame y acuerde con su contacto local, es decir, con el proxeneta o cafisho que guía el viaje. En Buenos Aires el proxenetismo está prohibido.

La segunda decisión acertada de Zorilla es la de intervenir en la historia de un inglés que buscando un poco de compañía en uno de sus viajes se enamoró de una prostituta en un privado, uno de estos lugares tan promocionados en pequeños papelitos multicolores pegados por paredes, postes de paradas de colectivos y tachos de basura. Este ex cliente (y supuesto ex monger) está luchando por la custodia del hijo que tuvo con su amor argentino. Los dos se prestan para charlar en la mesa de un bar sobre una propuesta de abortar que él le hizo a ella seis años atrás. Las preguntas de los realizadores para que sepamos esto rompen el pacto observacional del documental, pero al mismo tiempo dan cuenta que con intervención la película podría haber sido más rica en material.

Monger logra presentar el tema, abrir el debate a un tema tabú, pero aunque con los testimonios sin rostros ocultos por imágenes super 8 profundice un poco, la película se queda en la superficie. No podemos saber cómo se inician estos hombres en los viajes turísticos sexuales; sus preferencias y fantasías sexuales son un misterio pareciera que solo hablan de mujeres bonitas y preciosy no hay mención a los cuidados (o falta de ellos) a la hora de tener sexo con cientos de mujeres distintas. La trata y la pedofilia, temas que giran en torno a la prostitución, por más VIP que sea, no se abordan ni se mencionan.

Jeff Zorrilla construye a través de la observación una idea del monger que visita Buenos Aires, europeos o estadounidenses que buscan países con mujeres bonitas, cambio de moneda muy favorable y con pocos problemas para entrar en bares y clubes nocturnos donde hacer “el negocio”. Sin denunciar y tal vez sin proponérselo, el director también expone la realidad de la Ciudad de Buenos Aires que en 2016 prohibió las llamadas whiskerías, locales de baile clase A, donde las empleadas son contratadas para alternar o bailar con los concurrentes. Parece que los mongers no tienen problemas en demostrar que siguen existiendo.

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