Soldado, como si nada hubiera sucedidoLuego de su paso por los festivales de Berlín y San Sebastián, "Soldado" se estrenó en la Competencia Argentina del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Ni voz en off, ni música extradiegética, ni entrevistas directas. Manuel Abramovich parece haber tomado notas del direct cinema para concebir Soldado, un film observacional centrado en una institución pública como lo haría Wiseman a lo largo de toda su filmografía. Los planos generales, el especial hincapié en el sonido y el uso del fuera de campo dan cuenta de acertadas decisiones que el realizador tomó para construir el film.

El protagonista de Soldado es Juan José González, un joven correntino que dista mucho del modelo prototípico del militar perfecto construido por el cine hollywoodense de los años 80. González no tiene los músculos de Rambo ni de Chuck Norris: es un muchacho de 1,70 metros y pesa menos de 60 kilos. Consultado por su interés por ingresar al ejército, el joven responde dubitativamente que lo hace por una necesidad laboral y “para darle el gusto a mi mamá”.

Las dudas de este soldado se manifiestan a lo largo del film en diferentes ocasiones. Los primeros planos sobre su rostro permiten acceder a su semblante triste, expresando su incomodidad ante la rigidez de la institución militar en la que acaba de ingresar. El relato construido por Abramovich no cierra el discurso ante las dudas del protagonista permitiendo que el espectador reflexione e indague sobre ellas.

De esta manera, el film acompaña el proceso de instrucción que el voluntario González recibe en el Regimiento de Patricios donde se desempeñará como tamborilero. Desde el saludo militar hasta la forma de hacer la cama, todo parece ser enseñado de forma mecánica: un superior primero realiza la acción y luego el educando la copia. A esta forma de enseñanza, se le suman los gritos y el uso del imperativo de los superiores a los soldados, dando cuenta de lo vetusto de esta institución que pareciera estar dedicada sólo al adiestramiento de los cuerpos mediante el acatamiento de órdenes.

Soldado - Abramovich PG

Abramovich, al respecto, presenta una gran decisión: para retratar el borramiento de los rasgos particulares del sujeto social, el director plantea escenas compuestas por un solo plano general con ángulo picado en el que resulta difícil distinguir quiénes son los soldados que entran en el cuadro. A pesar de la distancia, las diferencias son claramente visibles en ese conjunto: hay superiores y aprendices, castigadores y castigados, quienes dan órdenes y quienes las ejecutan. A través del sonido, el director permite acercarnos a los gritos de los superiores –los únicos con poder de voz en esas escenas- y, de esa manera, el plano general dista de ser una simple fotografía para dar cuenta de las relaciones que se tejen en ese conjunto amaestrado.

Lo vetusto de esta institución también es observada en Soldado con escenas y frases que ponen de manifiesto una preparación para un supuesto e inminente combate. Así, el tambor –instrumento que toca González- sería utilizado en la batalla para incentivar a las tropas porque el sonido penetraría en el torrente sanguíneo de los soldados generando estímulos en sus cuerpos. Esta explicación, que remite a una imagen decimonónica sobre el campo de batalla, es pronunciada por uno de los superiores de González que aparece fuera de campo –otro de los recursos utilizados por Abramovich-. De esta forma, sólo accedemos a la voz que imparte esa frase mientras la cámara se queda con el modo en que la recibe el protagonista.

Soldado recuerda lo mejor del cine directo con una observación sin intervención de una voz en off que guíe al espectador en cada plano, ni música extradiegética que subraye situaciones. Pero si Wiseman observaba instituciones en cierto apogeo de la modernidad, Abramovich lo hace en su ocaso. Esto permite ver las contradicciones de una sociedad posmoderna que promueve lo desestructurado y la persistencia de algunos espacios que continúan siendo rígidos como en sus inicios. Mediante planos generales, el trabajo sobre el sonido y con un protagonista nunca convencido de lo que hace, el film de Abramovich permite reflexionar sobre lo arcaico de esta institución que, basándonos en los dichos de uno de los superiores, se autodefine como exitosa “desde hace 200 años”. Como si nada hubiera sucedido…

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