Un cine a contrapeloLa 18° edición del Doc Buenos le dedicó una retrospectiva al gran director Travis Wilkerson. Aquí, un repaso por las películas que pudimos ver.

Una voz en off presenta cierta información para luego negarla. Una música estridente puede suceder a una escena de gran potencia discursiva. El suspenso ante una relación amorosa o el misterio alrededor de un asesinato pueden funcionar como motores en un relato donde la discusión política se vuelve urgente y las imágenes poetizan lo narrado. Un recorrido por la filmografía de Travis Wilkerson nos hará notar cómo el director conjuga todos estos elementos para hacer un cine comprometido con su tiempo, sin obturar relaciones con el pasado.

En primer lugar, sería relevante hablar de las fuentes de información. En El queso y los gusanos (1975), Carlo Guinzburg plantea un debate con Michel Foucault respecto a un texto suyo sobre Pierre Rivière, un hombre que a principios del siglo XIX mató a su madre, a una hermana y a un hermano. En ese estudio, Foucault analiza los lenguajes jurídicos y psiquiátricos mientras que las palabras del asesino no parecen merecer ninguna intervención. Su discurso, que según Guinzburg es un memorial escrito a petición de los jueces en el que explica cómo llegó a cometer el triple asesinato, no presenta interpretaciones por parte de Foucault. Estupefacto por la ferocidad del acto, el filósofo francés cae en una muda contemplación estetizante sin preguntarse ni siquiera por la legitimidad de la confesión. Así, Guinzburg plantea la necesidad de una microhistoria con la que intentará reconstruir las relaciones sociales y los elementos culturales que dan forma a las ideas y razonamientos de sujetos de las clases populares en su tiempo histórico.

Al menos dos películas de Travis Wilkerson parecieran operar con esta lógica guinzburguiana: An injury to one (2002) y Did you wonder who fired the gun (2017). Partiendo de fuentes oficiales, el director las contrapone con un conjunto de nueva y variada bibliografía (desde libros hasta canciones) con la que logra dar cuenta de una historia oculta. Su rigurosa investigación se aboca, durante años, a reconstruir un hecho singular del pasado para hablar sobre él desde el presente. Dialécticamente, en An injury to one, Wilkerson ahonda las aristas alrededor del asesinato de un sindicalista, Frank Little, en manos de sicarios contratados por la minera Anaconda, una empresa dedicada a la explotación de cobre en Butte, Montana. En este caso, las fuentes oficiales remiten a un periódico local cuyos propietarios eran los mismos dueños que la minera, mientras que las no oficiales revelan otros datos que procuran dar cuenta de las estructuras sociales de aquel pueblo en las primeras décadas del siglo XX. 

El director no discurre aisladamente sobre el crimen de Frank Little sino que lo sitúa en su tiempo y espacio, reconstruyendo la importancia que tuvo en su época. Apoyándose en datos concretos -más de 6000 personas escuchaban sus discursos y unas 8000 presenciaron su entierro-, Wilkerson insinúa la pregnancia de sus ideas para el pueblo de Butte. Como decíamos, el director reconstruye el pasado para decirnos algo del presente. Entonces, ¿en qué medida el caso de un sindicalista asesinado en 1917 tiene peso en la actualidad? La respuesta, quizás, la encontremos en Who killed Cock Robin? (2005), un drama ambientado en la misma ciudad que la película anterior. Aquí, el protagonista es un joven sin trabajo que debe lidiar con las consecuencias del desempleo en un pueblo donde la minera sólo dejó ruinas -ambientales, económicas y sociales- para reinvertir sus multimillonarias ganancias en territorios tercermundistas donde el costo de producción es menor. En este film, el director deja entrever un Estado completamente ausente y una sociedad sin sindicatos activos ni ningún tipo de agrupación que pueda contener las demandas del sector más postergado de la clase trabajadora. La individualización de la sociedad, con su característico ‘sálvese quien pueda’, es tal que incluso miembros de la misma clase no se perciben como iguales: “Para ser proletario hay que trabajar”, le dice su amigo, en una pelea, al protagonista. Así, mientras en An injury to one vemos cómo el sector hegemónico pudo desarticular los sindicatos a punta de pistola -y de leyes que prácticamente prohibían la asociación gremial-, en Who killed Cock Robin? observamos la ruptura de cualquier lazo de solidaridad que pueden ser entendidos como el resultado de aquellos episodios sucedidos a principios del siglo XX.

An injury to one 3

En su filmografía hay un progresivo pasaje de lo macro a lo micro. Ya sea en An injury to one como en Who killed Cock Robin?, las historias narradas son cercanas a la propia vida del realizador: por ejemplo, en ese pueblo de Montana llevó a cabo parte de sus estudios. Con el correr de la filmografía, irá otorgándole mayor espacio a lo personal y lo plasmará en pantalla, no por cuestiones narcisistas sino para posicionar su subjetividad dentro del entramado de relaciones más amplias que abarcan sus películas. De este modo, en Distinguished Flying Cross (2011) accedemos a la historia del padre del director quien fue piloto en la guerra de Vietnam; en Machine gun or typewriter (2015), el protagonista -aquí no podemos decir que se trata de Wilkerson en sí pues hay cierta indeterminación respecto al referente, al anclaje con lo real- narra en primera persona una relación amorosa en el contexto del Occupy Wall Street; y, por último, en Did you wonder who fired the gun?, Wilkerson indaga respecto al asesinato cometido por su bisabuelo sobre Bill Spann, un ciudadano afroamericano, en Alabama, al sur de Estados Unidos.

De lo macro a lo micro y de nuevo a lo macro. Cada una de estas películas que presentan algún reenvío con la historia del propio realizador exhiben un entramado de relaciones que la exceden. El crimen cometido por su bisabuelo sirve para hablar del racismo en los pueblos sureños donde, aún en la actualidad, persisten organizaciones que defienden la supremacía blanca. Una vez más, Wilkerson indaga el pasado y termina argumentando algo del presente. Aquel odio racial que posibilitó el encubrimiento de todo rastro de culpabilidad del verdadero autor del crimen, ahora, en el presente sigue latente. ¿Cómo no pensar en el triunfo de Trump cuando observamos el poder que aún tienen estas organizaciones? Incluso la propia familia del cineasta, según se advierte en el último film, se encuentra dividida entre quienes creen la historia oficial y quienes presentan dudas o la desmienten.

Did you wonder who fired the gun

Pero volvamos al tema de las fuentes. Tanto en An injury to one como en Did you wonder who fired the gun?, Wilkerson hace una lectura a contrapelo de archivos ficcionales. En el primer caso, retoma una novela (Red harvest de Dashiell Hammet) mientras que en el segundo se centra en una película (To kill a Mockingbird de Robert Mulligan, basada en la novela de Harper Lee). En ambos, el autor sugiere interpretaciones. En An injury to one, Wilkerson destierra la idea de la pura creación ficcional de esa obra que presenta claras equivalencias con el caso de Frank Little, argumentando que Hammet fue asignado a Butte cuando trabajaba para la agencia de detectives Pinkerton. Tiempo después, afirma el realizador, una amiga de Hammet admitió que le habían ofrecido 5000 dólares para matar a Little. Ante esos datos, ¿cómo no leer la novela Red harvest como parte de la historia social de Butte?

Por su parte, en Did you wonder who fired the gun?, Wilkerson aventura una interpretación ideológica sobre To kill a Mockingbird. El personaje principal, Atticus Finch, un abogado que defiende a un negro acusado de violación en un pueblo del sur de Estados Unidos, parece un santo secular al que nada lo inmuta. Tomando una distancia crítica, el director propone contar la historia de su bisabuelo quien no sería, justamente, el defensor de un negro sino su atacante; y el tono no sería la de una simple compasión hacia el otro sino la del enojo ante la injusticia.

Grandes entramados sociales, relaciones interpersonales y una interpelación directa con el público. Wilkerson parece no dejar a nadie afuera en esta comunicación que entabla con sus películas. El narrador de Machine gun or typewriter intenta, en la diégesis, establecer un diálogo con su amada pero también funciona como un monólogo del autor a sus espectadores. De esta manera, advirtiendo la presencia del destinatario, sus películas no son puramente reflexivas sino que intentan movilizar (políticamente) a ese otro. El cine de Wilkerson incita a pasar de la teoría a la praxis.

Accelerated underdevelopment

Investigación histórica y lectura del presente. El director no sólo rastrea en bibliotecas (o filmotecas) las huellas del pasado. También contrae una búsqueda por las materialidades del espacio en el presente: sonidos e imágenes que, en el aquí y ahora, nos transportan a aquel tiempo. En Did you wonder who fired the gun?, posa su cámara en un cementerio donde estaría enterrado Bill Spann. En este espacio, mientras la cámara observa las lápidas, la voz over de Wilkerson reflexiona dialécticamente: “Dos familias en Alabama. Una blanca, la otra negra. Una es la del asesino, la otra la del asesinado. Una está enterrada en una lápida sin nombre y la otra la filma para una película”. En Machine gun or typewriter, también se detiene en un cementerio para pensar las materialidades que expresan las diferencias de clase. Hay un malestar en la cultura estadounidense y el director hace foco en ello. Parafraseando uno de los enunciados del corto Fragments of disolution (2012), estas desigualdades nos hablan de la decadencia de un imperio que devora sus propios intestinos.

El peso de la voz narradora es otro punto para destacar. Con cierta cadencia, la voz de Wilkerson parece respetar una musicalidad que invita, por momentos, a seguir el hilo del relato y, en otros, provocar tensión. Los silencios y suspiros también aportan un condimento dramático a la manera de los grandes narradores radiales. Este diseño sonoro se conjuga armónicamente con la música creada para las películas. En An injury to one, mientras la voz cuenta la historia del pueblo de Butte y su modelo económico basado en la explotación minera, la música va in crescendo a medida que la narración avanza. Wilkerson parece haber hecho carne una vieja lección de uno de sus referentes, Santiago Álvarez: “Dame dos fotos, una canción y una moviola. Te daré una película”, decía el director cubano.  

Esa frase, asimismo, ilustra sus austeros modos de producción. Travis Wilkerson es un realizador integral: investiga, guiona, produce, filma, aporta su voz y monta los materiales. Con recursos escasos y honestidad intelectual pueden hacerse grandes películas. Un cineasta político que no descuida las formas. Un cineasta ejemplar.

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