Una ficha pa’ mi lata y un vellón pa’l estancieroCon una apreciación sensible y personal, Luciana Radeland nos sumerge en un pequeño rincón de la Patagonia donde el pasado y el presente se diluyen, formando parte de un mismo momento.

La procesión comienza y la comparsa inaugura la temporada de esquila. Un rebaño de ovejas aglutinadas en un corral aguardan la llegada del camión que se aproxima. El ambiente sonoro invade un entorno de campo, que luego da lugar a una melodía que nos propone otro camino. La cadencia de cada tono nos abre una mirada litúrgica respecto a esta actividad. Luciana Radeland plasma un universo rural muy particular en Comparsa, cuyo nombre nos remite al grupo de hombres que esquilan las ovejas y que, al terminar el invierno, emprenden un recorrido por los campos de la zona.

La conceptualización de la comparsa, en primera instancia, se proyecta desde el movimiento interno que generan los actores sociales en el transcurrir de su trabajo, sus pausas y sus recreaciones. El punto de vista observacional, de igual manera, nos sitúa junto a ellos para empatizar y acompañar este viaje, con algunos testimonios que le ponen voz y cuerpo a sus pasados y sus presentes. La decisión creativa y narrativa de incorporar a los retratados cortándose el pelo también enriquece este universo con tintes de ritual que propone la película.

La comparsa 2

Basándose en su escenario natural, la estructura narrativa permite transitar de manera orgánica la temporalidad de cada momento. Se articulan situaciones conjuntas en donde nos involucramos con ellos y otras donde damos un paso atrás para observar su devenir, su interacción e intimidad. Así, también, transitamos situaciones en donde se prioriza lo particular de algunos de los trabajadores, que nos cuentan cómo llegaron a este trabajo y nos ofrecen una pequeña porción de su vida. Algunos de ellos aprendieron el oficio mediante cursos y luego fueron profundizando en la práctica. Como menciona uno de ellos, “en el curso no te enseñan todo, hay que trabajar para aprender”. También nos cuentan que es un trabajo delicado, que requiere concentración y conocimiento, ya que se puede lastimar al animal o a uno mismo: “La máquina es muy peligrosa, una vez a Orlando le agarró la manga de la campera y se lo llevaba, alcanzó a parar el motor porque se lo llevaba”. Entre ellos se dividen las tareas según sus experiencias o preferencias, hay mecánicos, cocineros, playeros, meseros, esquiladores, etc. Son un numeroso grupo bien organizados para llevar adelante el trabajo de la mejor manera posible. Quizás las condiciones en las que conviven durante la campaña no sean las mas adecuadas, pero la directora lo traslada a un segundo plano y prioriza otros elementos sin juzgar explícitamente estas cuestiones laborales. Nos plantea una mirada sincera y personal, en donde los juicios y prejuicios son absorbidos por una construcción audiovisual más profunda e íntima.

La película muestra un tratamiento visual muy cuidado que considera cada escenario como una atmósfera lumínica especial y esencial, así en el día como en la noche. La composición de los encuadres también forman parte de esta meticulosa disposición de los elementos en escena, constituyendo un rol fundamental en la construcción de los personajes y el universo que los rodea. Esta conjunción de recursos audiovisuales nos invita a una experiencia ajena al tiempo y al espacio cotidiano de un ciudadano promedio. De esta manera, el film nos convoca hacia un lugar para reflexionar y comprender ciertas actividades que exceden la imágenes habituales de las pantallas masivas.

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