Una película verídicaTomás Lipgot retrata al artista brasilero en "Moacir III", un film que mezcla documental y ficción.

Vestido de traje blanco, una peluca que disimula su calvicie y con un ramo de flores en la mano, Moacir camina por la calle Florida en el centro porteño. Su voz en off habla sobre sus deseos de casarse algún día, mientras en imagen una muchacha –“no vamos a decir chica”- espera en la puerta de un banco. El director Tomás Lipgot recibe las sugerencias de Moacir que indica cómo invitará a su enamorada a participar de su película. De esta manera, el artista brasilero hace su presentación en Moacir III, la tercera película que lo tiene como protagonista estelar.Moacir III b

Como hiciera en Fortalezas y Moacir, Lipgot pone en el centro de la escena al artista brasilero que recibió el alta en el Hospital Neuropsiquiátrico Borda pero, a diferencia de estas películas, la propuesta estética marca la diferencia. Alejado del registro observacional que dominara la forma de Fortalezas y, en menor medida, de Moacir, en esta ocasión el director propone un juego donde el cantante elabora junto a él una “película verídica”. Así, Moacir III presenta escenas detrás de cámara de una película que lo tiene como protagonista y otras donde actúan lo que guionan. Sin embargo, no todo es tan claro: ¿El “making of” es definitivamente lo real frente a la actuación representada en la ficción? ¿Cómo saber cuándo no es puesta en escena?

El vínculo entre Moacir y Lipgot se vislumbra en ensayos, charlas en bares o castings a personajes que tendría su película. Todo ese “making of” es capturado de forma más amateur dando una sensación de autenticidad, mostrando cámaras y micrófonos, que marcan una distancia estética con las escenas “actuadas”. A su vez, en esas ficciones, Moacir III exhibe una diversidad de texturas visuales y sonoras que van desde un colorido casamiento hasta un oscuro ritual que simboliza la muerte del personaje.

— ¿Cómo trabajaron la mezcla entre documental y ficción?
— Trabajamos con tres niveles: en el primer nivel, la imagen es precaria, yo soy el camarógrafo y son las escenas que hablamos Moacir y yo en el bar. Podría decirse que eso es lo más documental de todo. En el segundo nivel, aparece la mezcla entre ficción y documental, la imagen está un poco más cuidada y ahí es cuando aparecen las dos cámaras. En el tercer nivel son las escenas de ficción con un trabajo más prolijo en cuanto a la fotografía, la iluminación, el sonido. Esa era la idea en cuanto a concepto.

 — ¿Cómo fue el proceso para pasar de una película observacional como Fortalezas a Moacir III donde sos el co-protagonista?
— Fue algo natural. Es cierto que en Fortalezas estábamos inspirados en las películas de Weisman, por ejemplo, porque creíamos que era la forma más adecuada de filmar en esos lugares. Pero también creo que cada proyecto tiene sus necesidades. Mi vínculo con Moacir se fue afianzando, por eso es que fui apareciendo yo. No es algo que me encante pero era lo que pedía este proyecto.

— En la película, hay una charla entre Moacir y vos respecto a una escena ficcionalizada que se cancela. ¿Fue difícil desdoblarlo como persona y personaje?
— Esa escena es lo troncal en cuanto a la narrativa de la película. Pasa algo ahí, en el aspecto formal, donde la realidad y la ficción no se distinguen bien. Y un poco es lo que sucede en la estructura psíquica de Moacir que presenta una dificultad para ver un ‘como si’. Igual, es algo que nos pasa a todos, no solo a Moacir; todos tenemos períodos de transición transneuróticos. Son confusiones muy humanas. En esa escena pasa una tónica que me interesaba mucho, esa mezcla que no permite saber con certeza qué es real y qué no.

— Si en Moacir observamos cómo se produce su disco, en Moacir III vemos el proceso de producción de su película. ¿Cómo fue que definiste esta idea?
— Hacer una película es mucho más complejo, eso lo hacía diferente ya. Y además me interesaba una escena en Moacir donde había un ventilador que hacía mucho ruido y él decía que lo muestre primero para dar a entender de dónde viene el ruido. Ahí vi que tenía dotes para la puesta en escena y para mandar -aunque esto se nota en todo momento cuando produce sus canciones con Pángaro-. Entonces generamos esta idea donde Moacir sea el que me encarga las escenas a mí.

— ¿Tenés un esbozo de guión para saber lo que vas a filmar?
— Sí, lo que tengo son proyectos que son los que presento al INCAA. No son guiones sino ideas, hipótesis. Esos papeles después los abandono pero el otro día me puse a leer lo que presenté y muchas de las cosas que escribí se fueron cumpliendo. Son como partes del proceso. En el documental el guión es como el planteamiento de una hipótesis no algo rígido escrito escena por escena.

— ¿Entonces partís de ideas para construir la línea narrativa?
— Claro. Para mí la narrativa es fundamental en las películas y trato de cuidarla. Si te fijás, tiene muchas cosas clásicas: está dividida en tres actos, tenemos un personaje que hace el camino del héroe, un conflicto central, personajes primarios y secundarios. No tengo la técnica del guión de ficción pero no es que hago cualquier cosa.Moacir III - Noelia

— ¿Y para las escenas de ficción?
— Ahí sí tengo guiones cortitos. Las escenas del teatro, la del borracho, el casamiento. Había algo interesante ahí porque todos los personajes se aprendían la letra salvo Moacir. Él improvisaba. Sabía lo que tenía que hacer pero todo lo improvisaba. Y demostró ser un gran actor, con dotes muy histriónicos.

— ¿Cómo grabaron la canción del final?
— Acá grabamos sólo la voz de Moacir, con Ruy que hacía como una base. Y cuando viajamos a Brasil hicieron toda la música. Por eso creo que está mucho mejor la música de esta que de la película anterior porque está hecha por brasileños, no por porteños, se nota para mí. Y la mezcla se hizo a todo trapo acá en una sala con sonido 5.1.

 

 

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