Utopía y polvoEn "El club de los 50", Sergio Costantino realiza un rockumental en el que narra el presente de seis músicos que, sin ser masivamente conocidos, logran vivir de su arte.

En el consagrado altar del rock nacional pueden encontrarse nombres reconocidos para cualquiera como Pappo, el Indio Solari, Spinetta, Charly García, y un largo etcétera. ¿Pero quiénes acompañaron a esos músicos? Sergio Costantino en El club de los 50 hace foco en esos artistas que actuaron en el mismo escenario que los grandes protagonistas del rock nacional pero que, para el público general, no tienen el mismo reconocimiento.

En este documental, Costantino repone en el centro de la escena a seis músicos con una importante trayectoria: Willy Crook (saxofonista en los primeros discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), Claudia Puyó (cantante de blues que grabó con Fito Páez, Fabiana Cantilo, Joaquín Sabina), Gustavo “el Vasco” Basterrica (guitarrista en La máquina de hacer pájaros y Los Abuelos de la Nada), Ica Novo (músico y poeta, autor de “El serenatero de bombos”), Tito Losavio (guitarrista del dúo con Hilda Lizarazu) y Marcelo “Cuino” Scornik (autor de “Estadio Azteca” y “El Salmón”). Aunque en ciertos diálogos los personajes hablan un código para los conocedores de la escena rockera, la película configura un espectador ideal general, amante de la música. De esa manera, al mismo tiempo que se trata de personajes con cierto peso, los presenta con intertítulos de modo que nadie quede afuera.

Willy

Willy Crook, uno de los protagonistas de “El club de los 50”.

Los seis protagonistas pasaron largamente la fatídica edad del rock de los 27 años. Eludiendo la reconstrucción de un relato sobre un pasado glorioso a través de archivos que lo respalden, el director prefiere que sean los protagonistas quienes cuenten su historia en un blanco y negro que podría confundirse con una mirada nostálgica respecto al pasado que evocan. Sin embargo, la película se recuesta en su tiempo presente con shows en lugares disímiles como bares íntimos -Mamita Bar- o el Congreso Nacional. En este sentido, subyace una pregunta en el film: ¿Qué hacen actualmente aquellos músicos que han tocado en estadios llenos junto a grandes figuras del rock hace veinte años? Y, al mismo tiempo, una pregunta por el paso del tiempo: ¿Cómo es la vida de un rockero de más de 50 cuando las energías no son las mismas que en la juventud?

Las extensas jornadas de rodaje y la cercanía del director con sus retratados permitieron que estos se muestren con naturalidad ante la cámara. Así, prestan su testimonio sobre las décadas del ’70 y ’80, el consumo de drogas –algo, quizás, tabú para la escena del rock-, la influencia de las compañías discográficas y el estado actual de la música. Esos diálogos que guían la película son captados en entrevistas, a veces más formales, otras a modo de charla de bar, también en estudios de grabación y camarines, lo que brinda fluidez al relato.

Mientras en términos narrativos la película se estructura en cinco capítulos para organizar los discursos de los entrevistados, en términos visuales presenta dos particularidades que se suman al blanco y negro mencionado: por un lado, la realización de mini-videoclips con los protagonistas en acción en donde se desdobla o multiplica la imagen del músico y, por otro, los dibujos símil carboncilla. Con estas secuencias, sumadas al registro de ensayos y shows, se equilibra la palabra de los entrevistados con una trama que da a conocer el virtuosismo de estos músicos.

Mientras en Buen día, día e Imágenes paganas, Costantino registraba la historia de personajes históricos del rock nacional como Miguel Abuelo y Federico Mouras, respectivamente, en El club de los 50 el director cambia el eje para retratar a un conjunto de artistas que el mercado musical sitúa en sus márgenes. El presente de estos seis protagonistas ya no es el de otrora con giras internacionales y shows masivos pero aún viven de la música. Parafraseando al líder de Los abuelos de la nada, Willy Crook ilustra el juego: “Esto es rock, es lujo y miseria”.

 

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