Entrevistas

«El trato a dictadores no puede ser deshumano, hay que resolver con la ley»Entrevista a María del Carmen Roqueta, jueza del tribunal que condenó a militares por el robo sistemático de bebés.

maria del carmen roqueta

El encuentro de un nieto – el 119, el sexto caso de un hijo desaparecido que se reencuentra con su madre viva- recuerda al documental La parte por el todo estrenado hace pocos meses. La jueza María del Carmen Roqueta dialogó con Registro Documental sobre su participación en el juicio que condenó a Videla a 50 años de prisión por el robo sistemático de bebés. Un poco de memoria sobre el fallo del Tribunal Oral Federal 6 (TOF 6) que en 1.326 páginas condenó en 2012 a la cúpula de militares de la última dictadura cívico militar.

— ¿Por qué se demoró tanto el juicio a los militares involucrados en el robo de bebés?
— Cada vez que aparecía un chico desaparecido se abría un juicio. Se iba por casos individuales y si se demostraba que los padres no biológicos tenían alguna complicidad, entonces eran condenados, con una pena baja, pero era pena. Las Madres hicieron presentaciones judiciales desde los 80 en las cuales ya pedían por los nietitos. Cada escrito iniciaba una causa, así fue en distintos tribunales del país. En estos casos nunca se había ido por la cúpula militar, hasta que en 1997 las abuelas se presentan con sus abogados y dicen “acá hubo un plan”, con cuestiones que podían dar una sistematización por la apropiación de los chicos y ahí se empieza a trabajar. Además, durante los 90 se perdió documentación y las condiciones de trabajo mejoraron recién desde 2003. Por todos estos motivos se esperó tanto, para acumular la mayor cantidad de casos y pruebas.

— Se habla de plan, sistematización y de práctica, ¿cuál es el término correcto?
— Fue una práctica y no un plan, porque el plan fue el terrorismo de Estado y cuando empezaron a detener ilegalmente a todas las chicas embarazadas se les presentó una realidad que no estaba prevista. Ahí se dio un contexto distinto y dentro del plan armaron una práctica sistemática, cuando hablamos de sistematización es esto, todos estos hechos repetidos en los casos de robos de bebés.

— El documental La parte por el todo tiene un relato detallado sobre el trato que recibían las mujeres secuestradas que iban a parir. En una escena la periodista Miriam Lewin cuenta que los militares les pedían a las embarazadas que escribieran cartas a sus familiares para decirles que recibirían al bebé ¿Se encontraron estas cartas o algún tipo de documento similar?
— No hay documentación de este tipo, las cartas no se encontraron. Solo se recolectó prueba a través del testimonio. En la ESMA tenemos corroborado que es así como lo cuenta Miriam Lewin, varias mujeres más declararon en ese sentido. En la ESMA, fue lo más perverso de todo, les hacían escribir la carta y le compraban un ajuar para el bebé. El ex prefecto Héctor Febres trabajaba mucho con el reparto de los bebés, él era quien compraba el ajuar en un local cercano al centro de detención. Está el caso de la mamá de Victoria Donda que le pone el hilito azul, la desesperación de pensar que después de liberada la iba a encontrar. Para esas mujeres que estaban en ese estado era impensado lo que iba a suceder con su bebé.

— ¿Hasta dónde se llegó con esta perversión?
— Hay testimonios acerca de las mujeres de militares que iban a la ESMA, ponían a las chicas en fila para mirarlas para ver como colocaban a los hijos, según si tal era rubiecita, o de ojos claros… Hubo muy pocos casos en los que (hace una pausa larga) aparecieron dos mujeres muertas con el bebé, donde se ha probado que ‘se les fue la mano’ (otro silencio, más largo esta vez). No iban a quedar con vida las chicas. Estas mujeres eran torturadas y ya tenían la suerte marcada.

— Técnicamente, ¿cómo se procedió con la comprobación de que un chico nació en un centro de detención clandestino?
—Tenemos un caso en el Pozo de Banfield que nadie había visto al bebé, todos sabían que la mujer había empezado con las contracciones y que después estaba pariendo. En ese lugar las celdas están una al lado de la otra. A esta mujer la sacan a un pasillo y la suben a una chapa. Comprobamos el nacimiento porque dos detenidos ilegalmente escuchan el llanto del chico. Esa es la prueba.
Entonces, por ejemplo, en el caso de Carlotto se sabía que se había sacado a la chica y se la llevaban a parir, posiblemente a la cárcel de Olmos o del Hospital Militar Central. Tomamos como prueba los testimonios de las mujeres que estaban con ella, luego sabemos que la devuelven al centro clandestino y que a los pocos días la sacan. En este caso se comprobó que la habían matado. Se buscan líneas concurrentes para hacer un patrón de trabajo, para poder decir que se consumó el delito, por más que en este caso siga permanente.

— ¿Cómo fue el accionar de los médicos que trasladaban a las mujeres en Campo de Mayo?
— En algunos casos eran militares que a su vez eran médicos. En Campo de Mayo hubo tres lugares de detención clandestinos claves, entre ellos, el Campito (aparece en el documental) donde los primeros partos se dieron ahí mismo con los detenidos. En el Hospital Militar de Campo de Mayo había médicos, enfermeras y parteras que eran civiles, sin rango militar. Iban una vez por semana y cubrían la guardia.
En un momento, una parturienta tiene un problema y la pasan del Campito al Hospital Militar, lugar al que también iban a parir las mujeres de los oficiales y suboficiales. Eso fue un quilombito. El director del hospital hace una reunión y dice que eso no puede suceder, entonces asignan una zona para llevar embarazadas detenidas a otro lado, a un sector del hospital que estaba destinado a epidemiología. Las mujeres que entraban desde los centros clandestinos lo hacían como NN, no se les hacía legajo de ingreso al hospital.
Una partera fue condenada, aunque con la vuelta de la democracia se presentó diciendo que no sabía nada. En ese caso, la enfermera fue condenada porque firmó el libro de partos y con esos datos se pudieron encontrar chicos.
Está el caso del médico militar Norberto Bianco que tenía un recorrido por otros centros clandestinos, él tenía una libretita donde anotaba a las mujeres que iba viendo. Esa libreta no se encontró, pero están los testimonios. (NdR: Bianco fue condenado a 13 años en otro juicio del TOF6 presidido por Roqueta).

— ¿Sintió alguna presión durante el juicio?
— Nadie me molestó, no recibí presiones. Son 23 años de trabajo, trabajé con libertad e independencia y amplitud de criterio. Sí, por supuesto, todo el mundo estaba asustado pero ninguno de los jueces, ni el suplente, tuvo problemas. La única presión que tuvimos fue la de acelerar los plazos para que no se muriera nadie. Esa fue la única presión que sentimos. Hasta que lo hablamos y quedamos en que somos jueces, que son cosas de la vida y que no se podía saber lo que iba a pasar con la vida de cada uno.

— ¿Cómo se siente hoy cuando la señalan como “la jueza que condenó a Videla”?
— Yo creo que tengo una manera de trabajar y comprometerme con la sociedad, creo que cada uno tiene una postura y una ideología. Así sea Juan o Videla yo tengo que horizontalizar, porque es la manera de cumplir el rol de juez, ofrecer el trabajo de funcionario público. No son pobres viejitos, pero yo los humanicé. El día de los alegatos tenían que presentarse a las 6 de la mañana y los levantaron a las 4. Videla se quedaba dormido y se apoyaba en Bignone. Yo le decía al defensor que no se podía dormir, porque si se caía al piso podía lastimarse y quedar grave.

Después de eso me acerco a Videla. Él se pone de pie, y le digo que se siente. Tengo el recuerdo de un pequeño diálogo que se transformó en una anécdota que a veces me discuten.

— ¿Por qué no hacemos una cosa? Váyase a dormir durante los alegatos de Bignone y le avisamos. Váyase a dormir— le dije a Videla.
— No, no. De ninguna manera, doctora. Le agradezco mucho— respondió él.

Yo lo condené a 50 años a él, pero con la ley. El trato no puede ser deshumano, hay que resolver con la ley.

 

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