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«Hacer una película es perderse en el camino»En el marco del 16° Doc Buenos Aires, Ignacio Agüero repasó algunas de sus películas y dio su mirada acerca del cine.

Está sentado, de brazos cruzados. Sus ojos se achinan y una de sus manos se posa en la barbilla cuando le hacen una pregunta. Los gestos que conocemos del director chileno Ignacio Agüero por sus películas se hacen presentes en la cálida charla que dio en el espacio de la UNTREF en el Centro Cultural Borges.

Con su voz que roza el susurro, Agüero armó el clima propicio para reflexionar sobre temas más filosóficos –qué es el cine, la realidad, el documental- que sólo sobre su producción cinematográfica. Aunque, claro, su obra fue uno de los temas tratados. En diálogo con los presentes, Agüero repasó Como me da la gana, Cien años esperando el tren, El diario de Agustín y, su reciente estreno, Como me da la gana 2.

Una de sus películas más conocidas es El diario de Agustín, un documental sobre la empresa periodística El Mercurio y su dueño, Agustín Edwards Eastman. La película, estrenada en 2008, fue censurada en Chile pero lejos de quedar en el ostracismo el film cobró mayor relevancia. Respecto a las repercusiones posteriores al estreno, Agüero recuerda: “En El Mercurio estaban muy asustados por el estreno de la película, pensaban que se iba a venir una campaña en su contra. Y de ninguna manera sucedió”, dice Agüero que, entre risas, ironiza: “Esto demuestra que las películas no sirven para nada”.

Según Agüero, el cine no se define sólo por su carácter temático. “Existe la corriente de películas para decir algo: ‘yo pienso esto, entonces voy a hacer una película para que la gente tenga estas ideas’. Creo que estas formas de películas son, de algún modo, anticinematrográficas porque obsturizan las posibilidades que tiene la imagen. Son traidoras a lo que considero cine, le dan la espalda a este”, opina el realizador.

Así, Agüero resalta la importancia del proceso de producción de las películas. “Lo fascinante de hacer una película, al menos desde mi punto de vista, es ir perdiéndose en el camino. Uno parte con un mapa pero a medida que uno avanza va descubriendo nuevos caminos. Lo interesante del proceso es perderse y volver. Y en el documental, o en películas donde uno tiene la posibilidad de filmar durante mucho tiempo, eso es posible”, argumenta el realizador.

Perderse y volver. En Como me de la gana, Agüero se entromete en rodajes y hace una serie de preguntas a los directores chilenos que están grabando sus películas en plena dictadura pinochetista. De esa manera, vertebra la película mediante charlas guiadas por preguntas simples: ¿por qué los directores hacen esas películas que están filmando? ¿Qué público piensan que tendrán esas películas? «Eran dudas que yo tenía, me preguntaba qué sentido tenía hacer películas en ese país, con ese contexto. Y me sentí muy tranquilo cuando pude hacer una película con esas dudas», confiesa el director que también coordina el Magister en Cine Documental en la Universidad de Chile.

En su última película, Como me da la gana 2, Agüero vuelve a interpelar a realizadores pero no se queda sólo allí. También retoma el taller de Alicia Vega que abordó en Cien años esperando un tren. En esta ocasión, Agüero se pregunta: ¿qué es lo cinematográfico? «Son preguntas que uno no espera tener una respuesta», sentencia el realizador.

 

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