Entrevistas

El escenario desdobladoEntrevista con Julieta Rocco, realizadora de "La Organización Negra (Ejercicio Documental)".

Florecía la democracia en Argentina y un grupo de jóvenes ponían en jaque las normas del teatro convencional. La Organización Negra (LON) daba sus primeros pasos haciendo obras en el microcentro porteño y daría el gran salto con la inauguración de Cemento. Mediante entrevistas a sus miembros, personas que se vieron influenciadas por la obra de LON y un material de archivo en sintonía con esos relatos, Julieta Rocco reconstruye la historia del grupo en La Organización Negra (ejercicio documental).

Luego de un proceso que demandó seis años, el film logró estrenarse en salas. En ese tiempo, Rocco tuvo que cambiar el equipo de trabajo, afrontar los cambios tecnológicos y ser madre. Además, debía afrontar los costos de producción: «Los mismos integrantes de LON cuando los entrevistaba me decían que no podía terminarlo así, que trate de conseguir financiación. Pero estas formas autogestivas de realización hacen que el producto sea más genuino», afirma la directora.

Justamente la forma de financiarse es uno de los tópicos que revisa el film aunque no el único. En sus 70 minutos de extensión, Rocco intenta captar varios elementos que hacen a La Negra. «No quería aburrir narrando cronológicamente la historia, aunque a su vez esa línea era necesaria para recorrer las obras», señala la realizadora.

— Hay una impronta artística en el documental. ¿Querías emular, en cierto sentido poético, la estética de LON?
— Sí, en cierta manera me interesaba trabajar con el video arte, el analógico, trabajar con el material encontrado. Además, empecé a jugar con textos de ellos. La palabra no está en sus obras pero sí aparece en muchos textos escritos –como los fanzines-. Quería jugar con la superposición de imágenes, el recorte, todo lo que tenía el video arte de los ’80. LON me permitía mucho eso con los textos y las imágenes. Entonces puede ser que sea como una fan de La Negra que ha hecho una obra a partir de su obra.

— Hay un tratamiento especial sobre la imagen. ¿Cuál era la búsqueda en ese sentido?
— Buscaba empatar la calidad del material de archivo con el de las entrevistas. Mucho del archivo que rescatamos había tenido una perdida de calidad. Algunas grabaciones eran caseras, otras tenían un formato de cierta calidad –UORC, el primer espectáculo de LON, está filmado en 16mm- pero igual la mayoría tenían cierta pérdida. Quería que ese archivo se sintiese contenido por el resto del documental, que no se pierda por su calidad, porque lo importante era que pueda transmitir la fuerza de las obras. Además, ese juego con los recursos del video arte me permitía contener y ayudar a que los materiales de archivo estuvieran en igualdad de condiciones.

— En sonido también se ve un trabajo especial…
— Tuve la gran fortuna de que La Organización Negra hacía algo muy vanguardista al hacer música inédita para sus perfomances. El músico Gaby Kerpel me dio las pistas originales de todas las obras. Era perfecto para poner en clima el documental. Y Tomás Nochteff, músico de Dios y Mueran humanos, me cedió un disco que él había grabado cuando empezaban los ’90 que tenía mucha impronta industrial. Con toda esa música acompañé la historia.

— ¿También te interesaba recrear el principio de Cemento en la película?
— Totalmente. Creo que en ese momento no es sólo La Organización Negra. Chabán es fundamental para que sucedan el 80 por ciento de las movidas culturales que sucedían en esos años, más allá de todo lo que podamos hablar ahora de él. Yo quería poner, de alguna manera, la figura del Chabán que me parece más valorable, el momento en que funda Cemento. Y también me interesaba mostrar que realmente LON abre con Cemento.

— Algo que pasó en Cemento es que un grupo como LON podía compartir escena con una banda de música como Sumo…
— Sí, y además pertenecen a la misma movida porque ellos mismos no sólo comparten lo artístico sino que también el tiempo. Después de sus actuaciones, se iban con Sumo o Los redondos a tomar un whisky a un bar. En ese momento había ciertos focos como el Paracultural, Cemento o Einstein que eran como movidas literalmente porque iban a uno, salían, iban a otro. Esa cofradía de artistas que podían compartir horizontalmente escenas era algo lindo que quería rescatar. Cemento tenía esa cosa diferente de ser un teatro, una discoteca, era todo una misma cosa. Chabán tenía ese concepto.

— ¿Qué lectura hacés del contexto que posibilitó la emergencia de LON?
— Con la llegada de la democracia viene la posibilidad de disfrutar la alegría, empieza a haber mucha experimentación con el humor, el absurdo, aparecen otras cuestiones como la homosexualidad y el travestismo. Había todo un destape social. Sin embargo, ellos dicen que no eran concientes de lo que hicieron porque dicen que no es que querían hablar deliberadamente de algo que había pasado en el país antes. Fueron muy hijos de su tiempo en el sentido de que eran jóvenes estudiantes en un tiempo de censuras: no se podía salir a la calle a hacer una performance. En un punto fue algo intuitivo e inconciente de parte de ellos traer cosas que habían pasado en la dictadura. Según ellos no tenían conciencia sobre eso porque no tenían información sobre lo que había pasado en la dictadura. Todavía era muy temprano: UORC es de principios del ’84. Su mensaje era más universal, tenía que ver con la alienación social, con la cadena de producción capitalista.

— ¿No buscaban hablar de los tiempos dictatoriales con sus obras?
— Si lo hicieron, no fueron concientes. Cuando me decían eso en las entrevistas un poco me enojaba pero con el tiempo entendí que cuando uno es hijo de su época no tiene la distancia para procesar lo que acontece porque lo que pasa lo vive. En la entrevista que le hago a Manuel, me dice: ‘nosotros éramos un grupo de experimentación que lo que queríamos era vivir la verdad’. Esa frase, que parecía demasiado abstracta, me hizo entender lo que me pasaba. Al ver sus obras, yo veía un mensaje político y social fuertísimo pero me di cuenta de que cuando uno está adentro, haciendo, vive la verdad. Al ser hijo del momento, al estar adentro, no se puede ser analítico. No se puede teorizar. Se trata de vivir lo que está pasando. Lo mismo con la obra del Obelisco. El que la hizo me dijo: ’me parecía una violación a la ciudad porque era como que se estaban trepando a la pija de la ciudad’. Ellos no se daban cuenta que en ese momento tomar la ciudad, usarla, no era fácil. Estaban en conexión con su tiempo.

— ¿Y qué pasa cuando se separan? ¿Por qué creés que no hay otro grupo que rompa tantas normas como ellos?
—  Son hijos de su tiempo también cuando se separan. Con el menemismo, los mensajes eran más light, más pasteurizados. No había un deseo por transmitir un mensaje más profundo. Ellos se encontraron con un vacío en el que no se pudieron sostener. Las escisiones que hubo, si bien conservaron sus recursos estéticos y su lenguaje, tuvieron mensajes un poco más alegres y luminosos. Como sucede con todas las vanguardias, se van naturalizando sus prácticas: se va haciendo natural ver obras en la calle, performances en lugares que no son teatrales, las danzas aéreas se van haciendo más masivas. Hay muchos elementos con los que ellos se hicieron vanguardia que hoy están naturalizados.

*Entrevista realizada con la colaboración de Juan Manuel Piñeiro.

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