Crítica

Kosteki, la crisis no fue la responsableEntrevista con la hermana del joven asesinado en 2002

mural kosteki santillan

Una sonrisa le atraviesa el rostro, algún recuerdo se asoma por la memoria de Julieta Kosteki, una mujer que ha sabido superar los golpes duros de la vida y que se animó a charlar con Registro Documental sobre la trágica muerte de su hermano Maximiliano Kosteki, un mártir de los movimientos sociales.

La historia de este joven con poco tiempo de militancia se convirtió en una leyenda para las diferentes agrupaciones. “Nadie de la familia sabía que mi hermano estaba en la manifestación en el Puente Pueyrredón (aquel día se movilizaron la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón y el Movimiento Teresa Rodriguez). Nunca nos imaginamos que militaba, no teníamos ningún familiar en ningún movimiento y Maxi nunca mostró un actitud de rebeldía o algo por el estilo que se asocie a la vida de un piquetero. La marcha en la que él muere, era su tercera movilización”, contó Julieta Kosteki.

La vida de Maximiliano se vio envuelta por el arte y un aire de destino anunciado por él mismo. Le gustaba mucho dibujar, dejó varias obras de arte, tuvo una banda de rock, escribió poesías y hasta hizo de modelo. En su primera marcha en La Plata Maxi se sentó en un monumento y dibujó un ángel con pelo largo y un palo en la mano. Días después de su muerte, su hermana y su mamá descubrieron el parecido entre el ángel dibujado y él. Entre sus cosas también encontraron un poema que había escrito en enero del 2002, donde hablaba de un laberinto y de sentir como la sangre le hervía por la persecución de unos perros, una especie de metáfora premonitoria sobre la persecusión en los pasillos de la ex estación Avellaneda.

Por el crímen de Kosteki, la familia no recibió ninguna indemnización ni ayuda por parte del Estado. En la causa, el ex comisario Alfredo Fanchiotti y el cabo primero Alejandro Gabriel Acosta continúan pagando por el asesinato, pero Julieta, sin consuelo y con mucho dolor, discrepa aún hoy con la sentencia: “Para mí los 25 años de prisión que le dieron, son pocos. Deberían pudrirse en la cárcel. Pero no con los privilegios que tienen. Ellos al principio de su condena salían a visitar a su familia, para nosotros fue una situación horrible, sentíamos una impotencia muy grande”.

Julieta recuerda las presiones y amenazas que sufrieron sus familiares: “La policía no quería que nosotros habláramos con los medios. A mi hermana menor le quemaron la casa, la perseguían todo el tiempo, teníamos mucho miedo porque no sabíamos que nos podía pasar, a ella la amenazaron y la seguían cuando llevaba a sus hijos al colegio”. En esta época, además de condenar a más responsables, su reclamo también apunta a los dirigentes del movimiento que su hermano apoyaba. Para ella, los egos de protagonismo y las fotos deberían quedar de lado y ser su familia quien encabece las marchas en memoria de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

El poco consuelo Julieta lo encuentra en la memoria y acción colectiva: “Para mí la muerte de Maxi fue la que impulsó a la gente a salir a la calle y pedir justicia, a mi hermano lo confundieron con Darío y lo mataron. Asesinaron a un inocente, eso fue lo que movilizó al pueblo, al punto tal que le cambiaron el nombre a la estación, para que no fuera un caso más del montón. Entonces, para mí lo que queda es eso, la actitud de luchar por lo que uno siente”

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