Entrevistas

Mocha: historia de diversidad y resistenciaA través de un registro audiovisual que da cuenta de las principales problemáticas de la comunidad trans, el documental “Mocha” (2017), repasa estas temáticas y narra la vida del Bachillerato Trans Mocha Celis.

Si recordamos la galería de próceres que generó la historia mitrista, y pensamos en aquel que nos enseñaron que fue el padre de la educación, podemos imaginar la icónica fotografía de Sarmiento que ha quedado impregnada en el imaginario colectivo. El padre de la educación, con el entrecejo fruncido y el rostro severo, nos observa en el retrato oficial. Existen espacios como el Bachillerato Trans Mocha Celis, que se alejan de la matriz socio simbólica de las épocas en que el Estado se construyó como tal. Un estado patriarcal, europeizante, binario, capitalista, arrasador de los pueblos originarios. Segregador de la otredad y la diversidad. La imagen que acompaña al bachillerato y a Mocha, el documental dirigido por Francisco Quiñones Cuartas y Rayan Hindi, es aquella figura de Sarmiento pero esta vez maquillado: los cachetes colorados, el pelo teñido de rubio y los labios pintados de un rojo furioso devuelven una visión distinta de lo que hemos construido como el padre de la educación.

Mocha Celis fue una travesti tucumana, activista, que trabajaba en la zona del Bajo Flores, asesinada por las fuerzas policiales. En Buenos Aires, un bachillerato inclusivo —pero no excluyente—, con orientación en diversidad de género, sexual y cultural lleva su nombre. Mocha no sabía leer ni escribir y pedía a sus compañeras que le leyeran pasajes de la Constitución para aprender a valer sus derechos.

El Bachillerato Popular Trans Mocha Celis abrió sus puertas en el año 2011 y apunta a una inserción desde lo educativo para la comunidad travesti y trans. Desde el 2014 en La Mocha, como nombran sus integrantes al bachillerato, se comenzó a pergeñar un documental que cuenta la historia de su formación, su perspectiva ideológica y educativa, y también hace foco en las historias de los y las estudiantes que encontraron un espacio de contención y educación dentro de sus puertas.

 

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Según comenta Francisco Quiñones Cuartas, uno de los directores del film y actual director del bachillerato, el documental surge como parte de un trabajo para la materia Metodología de la Investigación Audiovisual. “Pensando qué queríamos contar de la película, quiénes querían estar delante de cámara y quiénes detrás, se invitó al resto de la escuela a participar. Luego, los y las estudiantes fueron escribiendo el guión”, detalla. El audiovisual presenta tres líneas narrativas claras: aquellas en que los encuadres clásicos de las personas entrevistadas comentan la vida institucional del bachillerato se entreveran con las escenas del proceso de filmación de la película. El campo se completa con escenas ficcionalizadas que retoman la vida de Mocha Cellis, que a su vez son la voz colectiva de las vivencias que atraviesan las y los estudiantes: “No queríamos mostrar la cuestión lacrimógena ni victimizante, sino que, si bien los desalojos no son como se muestra en el documental, no queríamos reproducir más violencia, que es lo que hacen los medios en general con las compañeras. Esto no implica que no se reconozcan víctimas de un sistema; querían mostrar lo que sufren pero también poder salir del relato víctima y pasar a la acción concreta”, comenta el director.

A su vez, Virginia Silveyra, guionista y egresada del espacio, relata acerca de la decisión de implementar escenas ficcionadas: “Se pensó contar los derechos que están vulnerados, como el derecho a la vivienda, al trabajo, a la salud, los derechos básicos de cualquier persona. Por eso se buscó ficcionalizar esas partes para que sean más sensibles”. A través de técnicas teatrales, como el teatro del oprimido, lograron exteriorizar vivencias personales para ponerlas en pantalla; durante este proceso eligieron qué y cómo contarlas. “Que una persona trans esté en la calle no pasa desapercibido, más allá de que somos objeto de consumo, porque te rechazan de día pero de noche te consumen; es una contradicción constante sobre eso. Se decidió poder contar ciertas situaciones en primera persona, porque siempre lo que terminan contando es del trabajo que hacemos: la prostitución o el trabajo sexual”, relata Virginia.

De esta manera, las y los estudiantes, eligen contar  sus propias historias, alejándose de miradas miserabilistas a las que acostumbran los medios masivos. Y así, también, son ellos y ellas, protagonistas. “Decidir qué queremos contar, a nosotras nos sirvió mucho, sobre todo para entender los derechos que teníamos vulnerados”, dice Virginia que profundiza: “No tenemos acceso a un trabajo formal, somos expulsadas de nuestras casas cuando somos menores de edad porque decidimos iniciar una transición, no accedemos a los servicios de salud porque no están preparados para recibir a una persona trans. Queríamos plantear esas situaciones que no deberían existir y siguen existiendo. Y poder contar que La Mocha viene a traer un poco de aire a las personas que atravesamos estas problemáticas y se sienten un poco ahogadas con estas situaciones”.

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Como uno de sus recursos narrativos, el documental elige visualizar el making off de la película. El proceso de creación colectivo se hace tangible y accedemos a los espacios del bachillerato, donde el juego, las risas, los debates y el aprendizaje se hacen presentes, abordado desde una forma alternativa como propone su propia estructura pedagógica. Así, esta mirada, que logra dejar de lado la postura lacrimógena se puede observar en el andar mismo del proceso de filmación. Sobre esta elección, Virginia comenta: «Somos nosotras y nosotros quienes tomamos decisiones en la escuela, junto a los y las profesoras, sobre lo que queremos aprender, cuáles currículas se habilitan y cuáles no. Los bachilleratos populares son la estructura que viene a remediar esa situación de años de no poder haber terminado nuestros estudios. Podemos tomar decisiones y podemos construir a partir de nuestra propia diferencia y así la escuela también puede construirse de otra manera”.

En cuanto a los objetivos del documental, la visibilización del bachillerato y de las problemáticas  de las personas trans-travestis son algunos de los puntos fundamentales. Pero a su vez, inciden en el deseo de que el visionado funcione como aliciente para que la experiencia se replique. «Aunque el bachi esté acá en Buenos Aires, no significa que eso sea lo óptimo. El bachillerato nace acá, pero lo que aspiramos desde la escuela es que la experiencia se pueda realizar en otros lugares, como sucedió con el CETRANS en Tucumán”, afirma Rocío Pichirili, productora del film y docente. Francisco agrega: “La idea también es despertar el interés de aquellas personas que estén en el proceso de transición dentro de las aulas. Seguramente deseen hablar de sus miedos, de sus deseos, de su futuro. En la escuela, actualmente, la mirada es heterosexualizar al estudiantado, no problematizar la sexualidad, ni hablar de los cuerpos, y sobre todo no hablar del deseo. Por eso creemos que la implementación de la ESI también es clave; y dentro del bachillerato, hablamos de nuestra propia sexualidad, porque si no hablamos de nuestra propia sexualidad no podemos abordar la problemática, es imposible que no suceda. Por eso aunque podamos llegar con la película, no queremos que las pibas migren y vengan a la Mocha, queremos que haya Mochas en sus espacios”.   

Los futuros objetivos de la producción figuran como deseos posibles. Sin embargo, de las puertas para adentro, La Mocha también empieza a verse modificada por la película. El espacio tiene el reconocimiento de un marco legal y estatal pero se autosustenta. Con la avanzada neoliberal de los nuevos gobiernos, se encuentra en un estado de total desinterés por parte de la gestión. Los alcances de la  circulación de la producción audiovisual exploran lugares que no eran los esperados por la comunidad que, agradecidos, los reciben. Así, permite que se conozca la actividad y el público que se acerca a ver la película decide participar, a partir de donaciones o de acercarse con genuino interés al espacio.

A su vez, al consultar a Virginia acerca de cómo atravesó a la comunidad educativa del bachillerato el documental, afirma: «contar la historia de la escuela creo que hizo entender la importancia de un bachillerato trans-travesti. Poder contar que no creamos un ghetto, como pensaron la mayoría de las personas cuando la escuela abrió. La idea no es esa, sino que las personas trans puedan acceder a la educación”.

Pero no sólo las personas trans. También reciben a personas mayores, en situación de calle o migrantes afrodescendientes que no han podido terminar sus estudios. “La Mocha no es solamente una escuela sino que también es un espacio político, y se abraza no solamente a lxs compañeros trans sino a un montón de causas, donde justamente intentamos militarlas todas desde la forma que se pueda”, sentencia la productora.

¿En qué espacios vamos a participar y en cuáles no? Eso invita a preguntarnos Francisco cuando, recordando a Lohana Berkins, la histórica militante trans, afirma: “Lo que existe es la autodeterminación de decidir en qué espacios vamos a participar para, como decía Lohana, animarnos a construir el mundo en el que deseamos vivir y no adaptarnos al mundo que otros desean”. Por su parte, Rocío concluye: “Esa es la premisa del colegio. Siempre que la escucho a Lohana pienso en cómo el bachillerato nos lleva a pensar que el mundo lo construimos nosotros y nosotras, nada está determinado por el género. Y parece muy complejo salirse de eso, pero no lo es”.

La película logra un binomio en donde las historias narradas y la cotidianeidad del Bachillerato saben entrelazarse para mostrarnos, sin caer en tintes miserabilistas, su realidad. Trabajo, compromiso y militancia serían algunas de las palabras que nuclean la producción audiovisual. La ternura es, a su vez, hilo conductor de estas palabras y la aseveración de la importancia de seguir generando lugares de resistencia que devienen necesarios para poder alcanzar en definitiva, una realidad más justa. Porque, como comenta Virginia, actualmente sigue siendo una esperanza travesti poder acceder a la educación. El audiovisual es una hermosa invitación a adentrarnos por los pasillos del espacio educativo, como también a escuchar las voces de los y las estudiantes que allí concurren.

 

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