Crítica

Todos somos KevinEn una función emotiva se estrenó "Ni un pibe menos" de Antonio Manco.

Recién salí del estreno de Ni un pibe menos del director italiano Antonio Manco: la película de Kevin, de Luciano y de todos los pibes que nos arrancan las fuerzas de seguridad.

Hablo en presente porque no deja de pasar y en primera persona porque es una responsabilidad. Al carajo las recomendaciones académicas y los manuales de estilo periodístico. A Kevin lo mataron con sólo 9 añitos, lo mató una bala perdida de un enfrentamiento entre bandas ajenas al barrio Zavaleta pero que cuentan con ese barrio como zona liberada gracias al accionar de los que manejan las fuerzas de seguridad que deciden en dónde no importa si se muere un nene y dónde sí. Hubo dos denuncias al 911 de parte de los vecinos por la cantidad de disparos que se oían y, así y todo, la gendarmería decidió que no era necesario intervenir, que no había tal suceso. ¿Para qué? ¿Qué podía ocurrir? ¿La muerte de un nene de 9 años?

Cuando llegué al Gaumont la vereda estaba abarrotada de jóvenes y no tan jóvenes. Había una Ni un pibe menos - Gaumontbrecha notable entre las edades. Faltaban cuarentones, a primera vista. Hice la fila entre compañeros y compañeras de La Poderosa que se saludaban, abrazaban, conversaban, tejían lazos de solidaridad, como los que respiré una cuadra antes cuando pasé por la Escuela Itinerante. También había sueltos como yo: algunos con el dato del estreno y otros que fueron para ver algo. Y entramos. Elegí una de las últimas filas de la sala 1, la más grande, y me senté bien al medio.

Ni un pibe menos no cuenta una historia más. No refleja sólo el sufrimiento de una familia a la que la desidia estatal, la violencia institucional y el sistema desigual en el que vivimos marcó para siempre. Cuenta la lucha de los sectores populares que se cansaron de ver repetir la misma historia y se organizaron. Lloré y me reí. Quienes me acompañaban a cada lado de la butaca también y los de atrás y los de adelante: todos. Porque el director retrata lo cruel y lo bello y al mismo tiempo da esperanzas. Dan ganas de abrazarse y, por sobre todo, dan ganas de organizarse. Porque  muestra la historia de los que se juntaron y convirtieron la bronca en lucha.

Al terminar la proyección llegaron las palabras de agradecimiento de la familia. Luego habló el director, que fue más que eso al acompañar a la familia y a la Poderosa: fue la garganta audiovisual que gritó junto al barrio. Por último, el referente de La Poderosa y padrino de Kevin, Ignacio Levy, expresó:

Cuando vinieron los del Ministerio de Seguridad a la semana de que lo habían matado a preguntar cada cuanto escuchábamos tiros, algunos dijimos día por medio; otros dijeron cada dos días y otros dijeron cada tres. Nadie respondió más de tres días. Les preguntamos ¿cuántos gendarmes y cuántos prefectos tenían heridos? Cero. ¿Cuántos enfrentamientos de las fuerzas con las bandas? Cero. ¿Cómo explican que día por medio haya un tiroteo a espaldas de sus fuerzas de seguridad? Nadie lo puede explicar. Entonces nos organizamos entre los propios vecinos para generar el Control Popular de las fuerzas de seguridad, que seguimos poniendo de pie. Y hoy lo ven a Román jugando por ahí y a mi hija que tiene un año y medio y ellos no escucharon tiros. Eso lo cambiamos nosotros, luchando, con la voluntad que nos encuentra para demostrar que lo que le pasó a Kevin, no le pasó sólo a Kevin. Kevin es todos nosotros.

Así, unidos en un mismo grito, contra la impunidad, de ayer, de hoy y de mañana, explotamos el Gaumont de aplausos. No conocía a nadie y al mismo tiempo los conocía a todos. Emocionados unos y otras, otros y unas, nos fuimos yendo con el consuelo de que la única lucha perdida es la que se abandona porque como describió Levy, Kevin no es una película, ni un esténcil, es un grito colectivo que no van a callar nunca.

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