Entrevistas

A caballo y bandoneónEntrevista con Tomás Lebrero, protagonista y uno de los directores de "No va llegar".

Cuando Tomás Lebrero contaba en su Dolores natal que emprendería un viaje al norte del país recibía la misma respuesta: «No va llegar». Pareciera que esas réplicas eran exageradas ante un simple viaje a Salta. Sin embargo, ni las reacciones eran desacertadas ni el viaje era simple: el músico quería viajar mediante Bombón, Madariaga y Mansilla, es decir, un caballo, una yegua y un potro.

Lebrero hizo oídos sordos a esas respuestas y decidió seguir su instinto de libertad. Así, comenzó la travesía acompañado de su guitarra, su bandoneón y unas pocas pertenencias más. De esta manera, se inició un proceso que culminaría con una película estrenada en el BAFICI a sala llena.

No va llegar, documental que cuenta con una dirección de fotografía excelente, resulta entretenido de principio a fin. En el camino Lebrero se irá cruzando con distintas personas que darán forma a una aventura casi única. Quizás la decisión más acertada del jinete es la de viajar alejado de las principales rutas, “todo por camino de tierra”, en busca de músicos en cada pueblo que visita y encontrando personajes entrañables que transforman el recorrido en una verdadera aventura.

— ¿Cómo surgió la idea de hacer un documental sobre el viaje?

— La idea mía en realidad era hacer un viaje a caballo y Ciro me dijo “estás muy personaje, hagamos algo”. Después se sumó Cristian, y los tres juntamos fuerza por unos seis meses preparando todos los detalles como los caminos que iba a seguir mirando mapas, o cosas tan elementales como aprender a hacer nudos para ensillar los caballos que no tenía idea.

— ¿Cuánto duró el viaje?

— Yo viajaba a caballo sólo, y me crucé con los chicos en distintos lugares que son las imágenes que se ven en el documental. Pero aproximadamente 8 meses en total tardó el viaje, lo que pasa es que en algún momento yo dejaba los caballos y volvía. Pero el viaje, digamos, dura hasta ahora porque yo dejé los caballos en Salta pero voy cada dos meses a visitarlos, los fui moviendo. Todo el proceso nos llevó casi 3 años.

— ¿Para vos cuál es la escena que mejor representa el documental?

— A mí me gusta mucho la escena en la que estamos haciendo una música psicodélica con los niños que están bailando, porque la película intenta en algunos aspectos levantar las banderas de la no madurez. Siempre destacamos el lugar menor en los pueblos, la imagen del borrachín, el outsider siempre fueron para nosotros la gente que nos intentó retratar más que mostrar un viaje a caballo solemne o músicos de folklores grandiosos.

— ¿Qué estrategia emplearon para que las personas con las que se cruzaron en los pueblos se mostraran tan naturales frente a la cámara?

— El hecho de que yo estuviese viajando en serio, el estar con la gente y poder llegar a establecer un vínculo, eso fue real. Yo convivía con la gente y después se sumaban los chicos a filmar. Ellos también trataban de adaptarse , no era un set de filmación, era algo natural.

 

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