Entrevistas

Tras las pistas de la memoria (y del olvido)En "El (im)posible olvido", Andrés Habegger indaga su historia personal, atravesada por la desaparición de su padre, a la vez que plantea incógnitas sobre qué es la memoria.

Una diapositiva devuelve la imagen de un niño y su padre. Dos micros se asoman en el fondo; un árbol y un edificio más distante terminan de componer el paisaje. Una mano saca esa diapositiva y así comienza la búsqueda. ¿En qué lugar habrán capturado ese momento? ¿Habrá algo de ese paisaje hoy en día? Andrés Habegger emprende un viaje hacia México, Brasil y la provincia de Mendoza para rastrear su historia con los pocos registros que extienden su memoria.

El padre de Andrés desapareció en Brasil en 1978, en el marco del Plan Cóndor, cuando tenía apenas 9 años. No tiene recuerdos de él, sólo lo que otros le cuentan y algunos objetos que marcan su historia -fotos, diapositivas, grabaciones, diarios que escribió el propio Andrés antes de la desaparición de su padre-. Cuestionando los límites de la memoria y el olvido, Habegger construye su historia personal en El (im)posible olvido.

El proceso de producción de la película demandó casi seis años. «La idea de origen era algo más conceptual. Me interesaba ver cómo funcionan los mecanismos del olvido y la imposibilidad de la memoria absoluta. Era un proyecto más literario que cinematográfico», recuerda Habegger sobre los inicios del film. Con el transcurso del tiempo, el director se debatía cómo hacer de esos conceptos una película: «Me empecé a enfrentar con mis propios olvidos y desarchivé cosas que tenía guardadas durante muchos años. Así reencontré mis diarios infantiles».

— ¿Y con esos diarios empezás a darle forma a la película?
— Claro. Me reencuentro con los diarios -no estaban perdidos, los tenía guardados en una caja como material de archivo-  y por primera vez los leo desde un lugar diferente. Antes los había leído y me resultaban folklóricos. Pero ahora los veía con otra postura: ¿quién es el que escribió esto? ¿Fui yo? Ahí, me pasaron dos cosas: primero, la sorpresa por no acordarme de nada. Después, tenía que enfrentarme con mis propios olvidos. En ese momento empiezo a dar un vuelco y me pregunto: ¿de qué quiero hablar? ¿De Los olvidos o de Mis olvidos?

— ¿Cómo resolviste el hecho de tener que protagonizar la película?
— Si yo quería hablar de lo que quería hablar, tenía que estar presente. Ese proceso me tomó como tres años. Nunca había hecho un documental en primera persona, siempre me resultó hermoso y salvador estar del otro lado de la cámara, me encanta ser observador y dirigir el rodaje. Cuando me di cuenta que quería hablar de algo que profundamente me pasaba a mí, empecé a plantearme que tenía que estar frente a la cámara.

— ¿Y cómo funciona el olvido en la película?
— Parto de una pregunta: si reconocemos que uno olvida, ¿dónde se alojan los olvidos? ¿En qué parte de la memoria o del cuerpo están? A partir de ahí, planteo el juego entre la memoria y el olvido. En el momento en que empecé el proyecto tenía mucho como referencia una película de Chris Marker que también hace un ejercicio conceptual sobre la memoria y el olvido y que tiene un par de frases que a mí siempre me sirvieron como disparador. Por ejemplo, Marker dice: “No entiendo la gente que no saca fotografías ni filma para recordar porque muchas veces esas imágenes son mi memoria y, en la mayoría de los casos, la sustituyen”. Entonces, la película empezó como un ensayo sobre el olvido. Justamente porque yo había realizado bastantes trabajos que tenían que ver con la memoria y me interesaba la contrapartida: ¿qué pasa con eso que no es memoria?

— ¿Por qué creés necesario mostrar la materialidad de los archivos?
— Con el proceso de la película, creía valioso rescatar la importancia del registro. Porque hay muchas cosas que no son mi memoria pero la sustituyen: el diario, las cartas, las fotografías, las grabaciones. Todas esas cosas, que uno no recuerda -o no tiene en la memoria-, nos dicen que tales eventos sucedieron. Así, ese material empezó a tener valor. Esos registros son mi memoria, a partir de ellos puedo reconstruir ciertas cosas que sucedieron. Además, si el diario fue mi registro cuando tenía 9 años de algo que olvidé, ¿por qué no hacer lo mismo ahora? ¿Por qué esta película no puede ser el registro de algo que quizás cuando tenga 80 años no recuerde? Encontré un paralelismo con el cine como registro: no con la idea de que las cosas no se pierdan sino con la idea de que quede constancia.

— ¿Hay una preocupación por exhibir el soporte fílmico?
— Me gustaba dar cuenta del soporte físico porque cinematográficamente te da la posibilidad de utilizarlo como recurso y porque también es una manera de visibilizar los dispositivos de la construcción de la película. Por eso casi todo el material de archivo aparece intervenido, agarrado, sacado, no se muestran en pantalla completa. Eso me interesaba, no por capricho, sino que es una manera de decir que estoy construyendo una película, una memoria.

— Cinematográficamente, ¿qué te aportaba filmar en super 8?el-im-posible-olvido
— Para mi era muy importante filmar en super 8 para que no se supiera, por momentos, si era un archivo de época o algo contemporáneo. La mayoría del super 8 que está en El (im)posible olvido son imágenes que tranquilamente podría haber tomado yo si en esos momentos -cuando era niño- hubiese tenido una cámara. Es como la fabulación de la memoria. Además, me gustaba el super 8 como textura de los 70 pero con un contenido contemporáneo.

— Y cuando ibas a los lugares que las fotos indicabas que visitaste de niño, ¿pensabas que el hecho de ir iba a despertar algo en la memoria?
— Había una expectativa. Vuelvo al lugar de la foto, ¿pasará algo? No como algo que suceda mágicamente, sino que pensaba quizás encontrarme con algún elemento que me haga despertar un recuerdo. Pero no sucedió. Lo que sí es interesante como dispositivo de construcción de memoria es que no recuperé un recuerdo de los años 70, pero recuperé uno nuevo, del 2014, que tiene que ver con el de mi pasado.

— Habiendo abordado nuevamente la temática de la memoria, ¿podés llegar a alguna concepción sobre lo que significa?
— Lo interesante para mí de la memoria es que tiene mucho de fábula. No en el sentido de ser algo íntegramente imaginario, sino porque es una construcción que se va haciendo a partir de lo que otros nos van contando. Nuestras madres nos muestran fotos y nos cuentan mil veces la misma anécdota entonces ya no sabés si lo que recordás es lo que vivenciaste o ese relato que te contaron mil veces. 

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