Crítica

Un viaje a la infanciaLas historias de dos nenas de seis años son el motor para volver a la infancia y reflexionar acerca de la sociedad y la educación en el documental de Eduardo de la Serna.

La inocencia

“Juegan Argentina contra Argentina. No,  juegan Argentina y el Barsa, así cada equipo tiene un Messi y yo soy Messi”, dice un nene de 6 años antes de jugar a la pelota con sus compañeros de colegio. La escena le hace honor al título de la película, La inocencia, trabajo del director Eduardo de la Serna que propone un viaje a primer grado para revisar la educación y la infancia de hoy, pero sin perder de vista las diferencias que se marcan desde esa etapa.

La adolescencia nos hace olvidar rápido la niñez, y aunque vuelve a través de los hijos y/o nietos,  hay momentos que quedan ocultos del mundo adulto. Eduardo de la Serna se escabulló entre recreos, aulas y juegos para dejarnos, por un rato, volver a ser el chico o la chica que fuimos en el año en que nos enseñaron a leer.

En este viaje a los recuerdos de infancia hay que ir durante un año a dos colegios: el primero es estatal, en la zona rural de Jáchal, provincia de San Juan; y el segundo, uno privado de la ciudad de Buenos Aires. Pero hay otra condición, ser compañeros de dos nenas;  Gabriela o “Gaby”, la sanjuanina y Morena  o “More”, la porteña.

More y Gaby son parecidas físicamente, ambas morochas y con muestras en la cara del paso del Ratón Pérez.  Se ríen, lloran, juegan y al hacernos amigos de ellas notamos algunas diferencias. Si jugamos con Gaby lo hacemos en la calle y corremos rodeados de perros. En cambio, con More compartimos clases de danza o natación en algún club porteño.

Diferencias que se vuelven desigualdad. Para un chico no es lo mismo pasar horas dentro de un edificio que en el campo en contacto con la naturaleza. No es igual vivir en una casa precaria y llevar el pan del colegio a no pasar por esas dificultades. Tampoco lo es poder recibir ayuda psicológica para mejorar en clase y hacerle frente a los comentarios crueles que hacer esfuerzos en solitario para lograr atender a la maestra.

Desigualdad que los chicos perciben pero que se diluyen en las similitudes. De grandes olvidamos cómo era decir todo sin buscar sacar provecho, de contar las cosas en sílabas y de cantar canciones en versitos. De hacer expediciones fantásticas por lugares apenas alejados de nuestras casas o de hacer una gran historia de un pequeño accidente. Así es la inocencia.

Registro Documental:— ¿Cuánto refleja La inocencia de vos, de tu infancia, y qué recuerdo tenés de esa etapa?
Eduardo de la Serna:— Mis hijos ya pasaron por esa  edad y siempre me gustó mucho filmarlos de chicos. Morena es huérfana y yo también, de alguna forma hay algo en esa mirada en lo que me reconozco. Fui a la escuela pública y primer grado también lo sufrí, me peleaba mucho. Me costó mucho ir a jardín y los primeros días del primer grado. Creo que fue por el hecho de ser huérfano y que tal vez necesitaba otro tipo de contención.

— ¿De dónde surgió tu interés por la infancia y la educación?
— Mis hijos motivaron mi interés por el mundo infantil y la educación. Los seguí muy de cerca en su escolaridad primaria y desde ahí observé cómo se movía la educación, las cosas positivas y las negativas. Me pareció que la infancia no es un tema que se trate mucho. Elegí esa etapa porque me pareció la más adecuada para marcar las diferencias y justo cayó en un momento en que la sociedad debate la meritocracia.

— ¿Qué diferencias notaste entre la escuela de los años de tus hijos y la actual?
— La sociedad urbana cambió y los chicos llegan híper estimulados, eso no los ayuda a relacionarse entre ellos porque se ven problemas que tienen que ver con socializar, cumplir reglas y de vincularse con otros chicos. Creo que eso se acentuó de 15 años atrás cuando mis hijos iban al colegio.

— En los chicos del colegio de la ciudad se ve un nivel alto de agresividad…
— El curso era demasiado activo e intenso. Todos los días pasaba algo, había alguna pelea o un nene que lloraba. El primer grado es traumático en general, es un cambio grande para un nene o nena.  Es cuando se empieza a tener que a acatar ciertas reglas del orden social, que a lo mejor uno se pregunta hasta dónde. Cuando veo a un nene de seis años cantando “o juremos con gloria morir”, me quedo pensando si tiene sentido que se cante eso.

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