Crítica

Una pequeña y hermosa anarquíaEntre tradiciones, ritos y chupetines Martín Falci nos propone observar la liberación de ciertos estímulos de la inocencia, frente a la ausencia del mundo adulto.

Con caras de ansiedad e incertidumbre los niños se despiden de sus padres y suben a los colectivos en busca de aquella aventura de campamento. Los cánticos eufóricos y la exacerbación se hacen sentir en el viaje. Un grupo de 500 estudiantes varones del colegio Gymnasium en Tucumán, como todos los años, realiza el campamento de fin de año. Esta institución a lo largo de toda su historia, desde su fundación en 1948, permaneció exclusiva para varones hasta el año 2017 donde se resolvió la incorporación de la modalidad mixta.

Esta tradición del campamento anual conlleva la tutoría por parte de los alumnos apenas mayores, hacia los más pequeños para convivir diez días en medio de la naturaleza. Todo esto enmarcado en una impronta de ritualizar la transición de la niñez a la madurez pero con una concepción de ideales de hombría que, quizás, formen parte del siglo anterior. Este trasfondo que se evidencia forma parte de una de las aristas del concepto observacional que nos propone La hermandad, película dirigida por Martín Falci.

Al igual que los estudiantes protagonistas de 10 años, los espectadores vivimos y sentimos nuestra primera aventura con ellos.  El director decide anclar el punto de vista allí, donde los cuerpos son más permeables y sensibles a las circunstancias que se presentan.  Esta inocencia que se evidencia y se subraya es uno de los tópicos que se encuentran presentes a lo largo de todo el relato que, con mucha frescura y sinceridad, logra registrar la cámara. Pero este logro no hubiera sido posible sin el trabajo previo, la construcción de vínculos, la selección de ciertos perfiles de chicos y la experiencia de Falci de haber vivido como estudiante los campamentos previos.

Entre golpes, pinturas, barro y chupetines, participamos de diversas actividades tanto en el día como en la noche. El relato atraviesa una serie de estadios que nos invita a encontrarnos frente a diferentes sensaciones y reflexiones. Desde momentos de humor y simpatía, hasta compasión e incertidumbre. La firme decisión de no tomar partida frente a las ambigüedades que se manifiestan enriquecen el relato, otorgando una paleta de grises sobre el comportamiento humano masculino.

El tratamiento de la película, tanto estético como narrativo, evidencia una impronta observacional en la que lo documental y lo ficcional se diluyen. El acercamiento a los personajes sin perder su espontaneidad y la continuidad del movimiento interno observando los vínculos entre ellos permiten una coherencia interna en el relato, propia de una construcción ficcional. A su vez, la banda sonora forma parte de esta decisión estética que acompaña las sensaciones y emociones que nos presenta el relato, en su musicalidad, sus ritmos y en sus “silencios”.

La película cierra armónicamente el concepto de “la hermandad” que propone el título, haciendo hincapié en el carácter humano y la construcción de vínculos entre pares. Como así también despliega otras aristas, para continuar profundizando ciertos aspectos sociales que se encuentran latentes pero que se invisibilizan culturalmenla te.

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